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Año: 3, Agosto 1961 No. 27
Contrastes económicos del Asia
Por Roger A. Freeman
Director de Investigaciones del Instituto para Estudios sobre Federalismo del Claremont Mens College, Claremont, California.
Los países que disfrutan de economías relativamente libres se desarrollan con rapidez.
Al Norteamericano que viaje por el Este y el Sur de Asia le llama la atención el contraste entre Japón, Malaya, Tailandia, y Hong Kong, los cuales realizan grandes avances en el mejoramiento de su nivel de vida; y la India, Indonesia y Birmania, que parecen incapaces de abandonar la categoría de países pobres.
Así sucede que los países mencionados primero persiguen una política de libre empresa, mientras que los últimos tienen sus economías planeadas e industrias principales bajo la propiedad o control gubernamental.
La disponibilidad de recursos naturales se considera comúnmente como el factor determinante de la riqueza de un país; ellos aportan, sin duda, una influencia poderosa, pero esto no justifica la diferencia entre las condiciones de prosperidad de Malaya y la crisis permanente que mantiene a Indonesia rivalizando con la India por ocupar el más bajo nivel en la escala económica.
Malaya e Indonesia son ricas en los mismos recursos caucho, estaño y petróleo. Ambas tienen una tierra fértil, lluvia abundante, y un buen clima para las cosechas. ¿Por qué están aumentando la producción de goma y las exportaciones de Malaya, y disminuyendo las de Indonesia, por qué es estable y fácilmente intercambiable la moneda de Malaya mientras que la oficial de Indonesia puede ser cambiada a la cuarta parte de su valor en el mercado libre, por qué atrae Malaya crecientes inversiones extranjeras del capital privado e Indonesia no ¿Pudiera ser porque Malaya practica el libre intercambio y permite a la iniciativa privada operar sin trabas, mientras que Indonesia nacionaliza más y más industrias, coloca las compañías bajo el control del gobierno y dispone planes de 4 y 8 años uno tras otro, que resulta incapaz de llevar a cabo? Pueden existir otros factores, pero no son tan evidentes como el contraste en los objetivos de las políticas económicas gubernamentales: Un estado socialista en Indonesia, un estado de libre empresa en Malaya. Un contraste similar, si bien menos drástico, existe entre Tailandia y Birmania.
El contraste entre el Japón y la India es aún más marcado.
Si la falta de recursos naturales condena a un país a la miseria, el Japón de libre empresa sería el país más miserable del mundo. Casi no tiene mineral de hierro, carbón, petróleo ni gas; y tiene muy pocos de los otros materiales esenciales en la industria moderna. Más de una tercera parte de sus industrias y plantas urbanas fueron destruidas durante la guerra. Pero cuando uno camina hoy a través de Tokio, Osaka o Nagasaki, puede ver multitudes de personas bien vestidas, calles congestionadas de automóviles, un volumen fantástico de construcciones y de tiendas por departamentos y de especialidades, con exhibiciones y estantes llenos de gran variedad de atractivas mercancías. Las tiendas del mundo entero mantienen existencias de los artículos y mercaderías Japonesas y las cotizaciones Japonesas para subastas son temidas por sus competidores en todas partes. En general, la renta nacional y la producción del Japón se multiplicó en más del doble en los últimos diez años, y parecen estar en vías de duplicarse nuevamente en la década de 1960.
Mientras tanto la India, con un planeamiento centralizado, ha crecido a una velocidad inferior a la tercera parte del crecimiento del Japón y su pueblo, según palabras de su Comisionado General de Asuntos Económicos, aún está «sub-nutrido, subvestido, sub-educado, y sub-atendido médicamente». Los ingresos per cápita y el consumo personal en la India se encuentran entre los más bajos del mundo.
INICIO DE LA CRISIS EN LA INDIA
La India es mucho más rica en recursos naturales que el Japón, pero es mucho menos desarrollada. Así era hace 10 años y así era hace 30 años. Pero era diferente hace un siglo, cuando la India tenía, al menos, los rudimentos de las comunicaciones y el comercio modernos, y la influencia de los países occidentales, mientras el Japón no había sido tocado por la civilización industrial y se mantenía en pleno sistema feudal. Desde entonces, el Japón alcanzó y sobrepasó a la India y a otros países del Asia por la iniciativa de sus hombres de empresa y la laboriosidad de su pueblo.
La economía del Japón cayó bajo la influencia del gobierno después del incidente de Manchuria en 1931, y estuvo controlada por el gobierno desde el comienzo de la guerra Chino-Japonesa en 1937 a través de la Segunda Guerra Mundial y los años de ocupación. Desde que los Japoneses asumieron de nuevo el control de su país, se han eliminado o reducido grandemente las restricciones sobre los negocios, y la industria del Japón se encuentra ahora entre las más libres del mundo. Mientras la industria era nacionalizada por todas partes, el Japón dividió el monopolio de la electricidad en nueve compañías de servicio público de propiedad privada.
Esto paralizó la inflación rápidamente al terminar la ocupación y no privó al Japón de experimentar, entre todos los países importantes, el crecimiento más rápido de la producción nacional.
La reforma fiscal, dirigida por expertos Americanos durante el período de ocupación, disponía impuestos sobre la renta mayores para el individuo y las corporaciones, centralización fiscal, y la concesión de subvenciones por el gobierno nacional. Muchas de estas reformas fueron derogadas cuando las autoridades militares Americanas (y sus expertos) se fueron. Se redujeron los impuestos sobre la renta, y se elevó la participación de las comunidades locales en el cobro de los impuestos. Nuevas reducciones en el impuesto sobre la renta y otras concesiones están siendo puestas en vigor para estimular las inversiones industriales privadas. El Japón tenía algunos planes de recursos voluntarios, pero carecía de planes de cinco años de propiedad gubernamental y de ayuda extranjera.
La India siguió un curso distinto. Alzó los impuestos y dispuso nuevos impuestos para financiar los planes de cinco años. Además de apretar los impuestos sobre la renta (con escalas hasta de un 85%), adoptó un impuesto sobre ganancias del capital en 1956 y un impuesto sobre desembolsos y otro sobre la riqueza anual neta, de tipo gradual, en 1957. Aún los impuestos más elevados no pudieron llenar los requisitos del segundo plan de cinco años, se activó la imprenta, y siguió la inflación. La rupia se vende en el extranjero a 15 c. que es un 30% por debajo de su valor oficial de 21 c. El tercer plan de cinco años exigía impuestos aún más altos y una vasta ayuda de los gobiernos extranjeros.
Algunas de las grandes industrias de la India, como el algodón y otros textiles, el azúcar, el cemento, los embarques, etc., fueron levantadas antes de la guerra y podrán seguir en manos privadas por algún tiempo. Pero aún las firmas de propiedad privada son reguladas y controladas estrictamente en lo que respecta a la asignación de materiales, aumento del capital, crédito, producción, expansión o reemplazos. Fuentes potenciales del sector privado están siendo dirigidas gradualmente hacia el sector público a través de medios como la nacionalización de la industria del seguro de vida, los altos impuestos, y la acción reguladora.
El señor A. D. Shrof, jefe del «Free Enterprise Forum» de Bombay, escribió en «The Times of India»: «La continua e incesante propaganda (por funcionarios del gobierno) contra el pecado de omisión y comisión del Sector Privado, está produciendo una impresión ante la ausencia de cualquier intento de contener esa propaganda que todo el país ha aceptado tácitamente una política que al final conducirá a la completa eliminación del Sector Privado». Con la mayor parte de la industria privada sabiendo que está viviendo un tiempo prestado, ¿es sorprendente que los mercados capitales sean inadecuados, y que los ahorros se estén amontonando en joyas y oro, o sacados del país como contrabando?
La producción industrial de la India ha aumentado substancialmente en los últimos diez años, pero algunos renglones están siendo frenados por dirección controlada. La instalación de telares mecánicos, por ejemplo, está prohibida, y sólo se permiten telares manuales. La mayor parte de los esfuerzos del gobierno ha sido dirigida a incrementar ciertas industrias estratégicas, y una proporción declinante de los planes de cinco años se ha encaminado al fortalecimiento de la agricultura, aunque la necesidad más urgente de la India es una subida rápida en los suministros de alimentos y fibras.
Crecimiento y capital
El señor B. K. Nehru, Comisionado General de Asuntos Económicos de la India, manifestó a principios de este año que «en la India sólo falta un factor para su crecimiento, y éste es el capital». El tercer plan de cinco años requiere una ayuda de los gobiernos extranjeros ascendente a $1 billón anual.
Surge la pregunta de cómo pudieron los países occidentales levantar sus plantas industriales sin ayuda extranjera. ¿Cómo rompieron el tan llamado «círculo vicioso» de que la pobreza engendra pobreza? Es bien sabido que el capital se hizo con la sangre, el sudor, y las lágrimas de sus ciudadanos, quienes pospusieron una forma mejor de vida y el alcance de mejoras sociales hasta poder costearlos. El capital privado extranjero también prestó su ayuda a la industrialización del país, pero éste es lento en invertir en aquellos países que proclaman que la socialización eventual es su meta.
El conocimiento de que las naciones desarrolladas avancen más rápidamente que las subdesarrolladas nos sugiere que las fuerzas que produjeron su anterior industrialización están activas todavía. No puede deberse a la diferencia de recursos naturales, porque el término «sub-desarrollado» implica en sí la posibilidad de que existan los recursos naturales pero que han sido utilizados inadecuadamente. Es más probable que la diferencia surja de las actitudes hacia el trabajo, el ahorro, la inversión, la iniciativa individual, la relación entre el esfuerzo y el éxito, y la vida enérgica contra la vida contemplativa.
Las diferencias entre estas actitudes se refleja en el bienestar relativo de algunos Hindúes. Entre los Parsees de la India no existen mendigos ni pordioseros, y hay muy pocos entre los seis millones y medio de Sikhs. Los Hindúes se desenvuelven bien en otros países asiáticos y especialmete en Africa del Este y del Sur, donde dominan algunas ramas del comercio y de los negocios. Por su dedicación al trabajo y éxito en el mismo, los Hindúes son odiados por los nativos de Uganda, Kenya, y toda la costa Este del Africa. Por lo tanto, lo que falta en la India y en otros países sub-desarollados no es la habilidad innata, sino el tipo de actitud que convirtió a las naciones Occidentales en líderes de la civilización industrial.
Y debemos llegar a la conclusión que éste es el punto crucial del asunto en Asia. Las ganancias se consideran como algo intrínsecamente dañino en aquellos países que permanecen atrasados. Pero es evidente que en las partes de Asia en que las ganancias son más altas, es mucho más rápido el crecimiento económico.