Año: 6, Septiembre 1964 No. 88

Nuevamente la libertad económica –y no la planificación demuestra su éxito en elevar las condiciones de vida de pueblos. Q uizá no pueda encontrarse mejor ejemplo que Hong Kong; un lugar muy pobre en recursos, sin tradición industrial, muy pobre en producción agrícola, y de pequeña extensión. A la par, la China Comunista, un país con sendos recursos de toda índole, la misma gente con diferentes leyes: las unas para garantizar y liberar la iniciativa e inventiva del hombre individual, las otras para controlar al hombre en sus actividades productivas según técnicos planes quinquenales, etc. De un lado, ni siquiera gastan tiempo en calcular su producto nacional bruto, del otro lado, lo «planifican». De un lado, no tienen estadísticas bancarias, del otro lado, el Estado se convirtió en el único banquero. De un lado, la balanza de pagos no se calcula a pesar de que la balanza comercial es cada día más adversa; del otro lado, el nivel de reservas es un problema que merece la atención de cientos de «técnicos». Es un ejemplo digno de observarse, de estudiarse, y de emularse hasta donde sea práctico, refutando de hecho, el dicho «de la historia aprendemos que no aprendemos de la historia». Algunas personas explican la situación afirmando que el caso de Hong Kong es muy especial y diferente porque a la China y al Occidente les conviene que se mantenga libre. Pero ello explica únicamente por qué Hong Kong es libre. Hong Kong es libre por razones políticas y es próspero porque es libre. (Podría perfectamente ser libre, políticamente, y contar con un sistema económico de gobierno socialista o de planificación económica como otros lugares estratégicamente localizados, pero no necesariamente prósperos). La situación estratégica y política de Hong Kong no constituye explicación de su progreso económico. Todo lo contrario, es quizá a pesar de ello, que su sistema de libre economía ha podido lograr progresar, aumentando el nivel de vida, no sólo de su creciente población nativa, sino del significativo aumento de población por inmigración.

HONG KONG

Tomado con permiso de: The Morgan Guaranty Survey Traducción: CEES

Enclavado en una pequeña grieta de la cortina de bambú de China Roja hay un próspero bastión de iniciativa privada. Es la colonia de la Corona inglesa de Hong Kong «una encrucijada del Lejano Oriente» para los amantes de las películas documentales de viajes, y un centro de comercio y finanzas para los hombres de negocios internacionales.

Su localización hizo desde temprano a Hong Kong un canal principal de comercio entre China y el mundo occidental. La tradición de mantener las regulaciones gubernamentales a un mínimo le ha hecho un paraíso preferido del capital, un centro animado de transacciones financieras y un activo y versátil mercado de intercambio internacional. Durante la última década, más o menos, la Colonia ha agregado nuevos e importantes ingredientes a su complejo económico. Ha surgido un complejo de activa industria ligera, que produce desde textiles hasta radios de transistores. El turismo ha tomado una nueva dimensión ayudado por visitas regulares de descanso del personal de la Flota Asiática norteamericana. Y espoleada en parte por la nueva diversificación, ha surgido una fiebre de construcción sin paralelo.

Con el nuevo complejo se ha producido una erupción en desarrollo económico. En Hong Kong no se ha hecho una estimación total del producto nacional bruto, pero hay amplias indicaciones de que las cosas van muy bien. El comercio exterior ha aumentado considerablemente, y las exportaciones e importaciones han aumentado alrededor del 34% en los últimos tres años. Las 398 millas cuadradas de la Colonia (no mucho más grande que el área de la ciudad de Nueva York) están salpicadas con nuevas construcciones, hoteles, casas de apartamentos, escuelas, etc. Y la economía ha logrado acoger a un millón de refugiados de la China Comunista desde el año de 1949. Todo esto ha surgido en un ambiente de «laissez faire» que contrasta notablemente con la fórmula de acción gubernamental con la que muchas naciones del mundo tratan de obtener el desarrollo económico.

El comercio exterior en Hong Kong es prácticamente libre: los derechos de importación impuestos para obtener ingresos, no para restringir el movimiento de artículos se aplican sólo a cinco grupos de productos: licores, tabaco, aceites de hidrocarburos, bebidas carbonadas y alcohol metílico.

Con la excepción de la plata, que está restringida por reglas del Commonwealth británico, las monedas pueden ser transferidas sin obstáculos; existe un mercado «libre» y un mercado «oficial». En el mercado libre, la salida y entrada de capital no es controlada; el establecimiento de nuevos negocios es fomentado; los inversionistas extranjeros pueden exportar sus utilidades y su capital a voluntad. El impuesto a empresas lucrativas sobre utilidades obtenidas en la Colonia es de 12.5% y las utilidades obtenidas en el exterior están exentas de impuesto aun cuando se importan a la Colonia.

LLEGÓ LA INDUSTRIALIZACIÓN

Para lograr su especial clase de maravilloso desarrollo económico de posguerra, Hong Kong convirtió la adversidad el ingreso de los refugiados de China Comunista-, en ventaja. Durante los dos años de 1949 y 50, la oleada de refugiados agregó a la población una persona por cada dos que ya habían, un ingreso de 750,000 personas.1Para complicar el problema, la actividad tradicional de Hong Kong, de servir como una antesala de comercio de y hacia China continental, fue reducida severamente. Los países del mundo libre pusieron un embargo en los embarques de artículos estratégicos a China continental poco tiempo después de que los comunistas chinos entraron a la guerra de Corea.

Pero el flujo de emigrantes trajo también el andamiaje para la nueva era económica de Hong Kong. Algunos de los que vinieron eran industriales de experiencia, otros lograron conseguir algún capital de China. Otros habían ordenado maquinaria para ser entregada en Shangai y lograron interceptaría y desviarla hasta Hong Kong. Muchos eran obreros especializados. Aplicando su capital, equipo y conocimientos, los refugiados establecieron una variedad de nuevas industrias que lograron levantar a Hong Kong al nivel actual. Había 2,500 factorías en operación en 1954; hacia el fin de 1962 había 7,300.

La industria textil es con mucho la más grande. El año pasado empleó 42% de la fuerza laboral y produjo más de la mitad (alrededor de 300 millones de dólares) de las manufacturas exportadas de Hong Kong. Otras líneas incluyen plásticos, madera de tres capas, radios de transistores, alfombras, trastos de acero inoxidable, ventiladores eléctricos, relojes, acondicionadores de aire, cámaras, binoculares, etc. La construcción de maquinaria iniciada para suplir a la Colonia del equipo necesario para sus propias manufacturas se ha expandido a un substancial negocio de exportación. La maquinaria construida en Hong Kong se vende en 70 países.

Los promotores en la Colonia han demostrado considerable ingenio en convertir circunstancias locales en lucrativas operaciones de negocios. La modernización del aeropuerto empezada en 1956 para acomodar las necesidades del nuevo tráfico internacional de jets inició el desarrollo de la industria de mantenimiento de aviones que hoy día revisa y repara cuerpos y motores de aviones, tanto civiles como militares, de 38 países. El fondo de la magnífica Bahía de Hong Kong proporcionó materia prima para una nueva industria. Dinámicas empresas de rescate de barcos empezaron a sacar buques hundidos durante la guerra, los cortaron y con esa chatarra fabricaron productos de acero. La industria de los barcos encallados se convirtió en una importante actividad: hoy día se importan barcos semidestruidos para demolerlos y producir alambre, cable y barras de acero, en cantidad suficiente para suplir una parte considerable de las necesidades de la industria de la construcción y algo para exportación. El desarrollo económico ha producido una fiebre de construcción. Ciudades satélites que incluyen áreas residenciales, comerciales e industriales han surgido en los nuevos territorios: un bloque de tierra firme e islas adyacentes de 365 millas cuadradas anexado a la Colonia bajo un acuerdo de arriendo por 99 años firmado entre China y Gran Bretaña en 1898. En la ciudad capital de Victoria, en la isla de Hong Kong, el distrito comercial está siendo redesarrollado con planes ya diseñados para mejorar las facilidades portuarias y nuevos edificios públicos y comerciales. La nueva terminal del aeropuerto, abierta el año pasado en la tierra firme, va a ser expandida. Una terminal para barcos de pasajeros se empieza a construir y docenas de hoteles terminados el año pasado y algunos en construcción este año doblarán la capacidad hotelera de la Colonia.

La rapidez de la construcción ha necesitado un programa de reclamación de tierra. En el abarrotado Hong Kong es más fácil hacer sitios para construcción que encontrarlos. Las colinas son niveladas para proveer sitios adecuados para construcción y la tierra removida de las mismas es echada en las pequeñas bahías para aumentar las áreas de construcción.

FONDO PARA DESARROLLO

El acelerado ritmo del desarrollo económico de Hong Kong ha traído grandes necesidades de capital; en general la demanda ha sido bien satisfecha con el sistema bancario de la Colonia. La expansión en la industria manufacturera ha sido financiada prontamente por los bancos, que han adelantado capital de trabajo, proporcionado créditos a mediano y largo plazo, y algunas inversiones permanentes. Los bancos han dado de sí sobre créditos y han entrado en el aspecto de inversión, porque aún está por desarrollarse el mercado de capitales. Inversionistas individuales en Hong Kong tienen una preferencia marcada por la liquidez y han invertido la mayor parte de sus fondos en depósitos bancarios. En total hay más de 90 «bancos» en Hong Kong, incluyendo sucursales de ocho bancos de China continental, que aparentemente compiten unos con otros desdeñando las doctrinas socialistas. El gran total aumenta enormemente con una variedad de traficantes en oro, compañías financieras de ventas, casas aseguradoras, etc., que no serían clasificadas como bancos, según la definición norteamericana. Aún así, el panorama de la actividad bancaria convencional es impresionante tomando en cuenta el tamaño de la Colonia. Hong Kong no compila estadísticas bancarias extensas; pero para fines de 1961 las cifras disponibles demostraban que los 59 bancos más grandes en la Colonia tenían depósitos totales equivalentes a 600 millones de dólares, 44% en depósitos monetarios, 36% en depósitos a plazo y 20% en depósitos de ahorro. Las tres categorías de depósitos han mostrado un agudo pero firme incremento. De 1955 a 1961 los depósitos monetarios aumentaron en 73%, los depósitos a plazo más de 8 veces y los depósitos de ahorro alrededor de 5 veces. El aumento de los depósitos no vino por accidente. Los bancos más grandes de Hong Kong han aumentado rápidamente su sistema de sucursales y agencias y tienen actualmente en operación un total de 225 oficinas, o sea aproximadamente una por cada 15,500 habitantes. Esto se acerca a las cifras de Nueva York, donde hay una oficina bancaria por cada 11,600 residentes de los cinco cantones de la misma (o uno por cada 7,900 si se incluyen bancos de ahorro y asociaciones de ahorro y crédito). Los bancos han licitado agresivamente por los fondos de los depositantes: intereses en depósitos monetarios llegan al 2%, depósitos de ahorro al 3% y de plazo producen desde 5%.

Esta activa escena bancaria no ha estado por completo libre de problemas. A mediados de 1961 uno de los grandes bancos de capital local sufrió una crisis de liquidez y tuvo que ser ayudado con préstamos de otros bancos. La dificultad provino de una elevada proporción de préstamos a largo plazo y de inversiones poco líquidas. El incidente sirvió como una advertencia; como consecuencia directa un oficial del Banco de Inglaterra fue invitado a estudiar el sistema bancario de Hong Kong y hacer recomendaciones para su reforma.

REGLAS PARA LOS BANCOS

El estudio sirvió para redactar un código bancario nuevo que entrará en efecto el próximo año y que por primera vez colocará a los bancos de Hong Kong bajo cierto control regulatorio. En general, los bancos deberán mantener una tasa de liquidez de 25% en relación a sus obligaciones y a lo largo de los años tendrán que formar un «colchón» de reservas. Además, una serie de límites a los montos de crédito han sido establecidos y de aquí en adelante los bancos tendrán que mantener sus libros abiertos para ser examinados por un comisionado bancario.

Las nuevas regulaciones están diseñadas exclusivamente para protección de los depositantes. No hay nada en el código que sugiera que el Gobierno de Hong Kong planea usar la política monetaria como una medida de controlar la economía. Muchos de los banqueros de Hong Kong parecen sentir que los controles constituyen un alejamiento del tradicional laissez faire2; la introducción de alguna suave disciplina reforzará con el tiempo la posición de Hong Kong como centro financiero del Lejano Oriente.

Pero si el papel de la Colonia como un centro monetario va a ser ampliado significativamente, su mercado de capitales debe desarrollarse. A pesar de la afluencia de dinero, no ha habido una oferta apreciable de papeles de inversión para proporcionar los cimientos de un mercado público de capitales. No es tampoco Hong Kong un mercado activo para divisas extranjeras; las oportunidades locales han sido grandes y con impuestos sobre utilidades de sólo 12% ha sido muy difícil encontrar ganancias netas más altas en el extranjero. Mientras tanto, la corriente de fondos del exterior continúa en aumento. Se estima que más de 500 millones al año entran buscando acomodo, muchos provenientes de chinos que viven en Asia sudoriental. Más aún, el aumento en la industria y en el turismo empiezan a estimular inversiones directas desde el extranjero, especialmente de Estados Unidos. El departamento de comercio estima que la inversión total norteamericana en la Colonia hacia 1962 era de 70 millones de dólares. Cerca de 300 compañías norteamericanas están representadas allí. El principal inversionista extranjero en Hong Kong es, desde luego, el Reino Unido. Japón también está aumentando sus intereses en años recientes.

NO HAY PROBLEMA DE PAGOS

Hong Kong no mantiene información completa de su balanza de pagos. Pero los banqueros en la Colonia están convencidos que su posición internacional es saludable, tomando como síntoma principal la estabilidad y firmeza del dólar de Hong Kong en el tan competitivo mercado libre. Hoy, como desde hace una década, la unidad local se mantiene cerca de su paridad de 17.5 centavos norteamericanos (H. K. $5.7 = U.S. $1).

La balanza del comercio de mercaderías de la Colonia es tradicionalmente adversa. El valor de las importaciones, 1.2 billones de dólares, es alrededor de un tercio más que el valor de sus exportaciones. La Colonia tiene que comprar la mayor parte de sus artículos necesarios en el extranjero. La población, estimada el año pasado en 3.5 millones (95% chinos), no es suficientemente grande para soportar una línea completa de manufacturas domésticas. Ni tampoco tiene el pequeño territorio muchas materias primas; la mayor parte de los productos básicos, por ejemplo algodón, metales, son importadas. Y con la escasez de tierra laborable, alrededor de 80% de las necesidades alimenticias tienen que ser también importadas del exterior. La importación de estos artículos esenciales ha aumentado a una tasa anual de más o menos el 10% durante los cuatro últimos años. El principal abastecedor es China continental, que a pesar de ser ella gran importadora de alimentos, vende a Hong Kong una gran parte de lo necesario para la dieta de la Colonia. En años recientes, los chinos rojos han suplido casi la quinta parte de las importaciones de todas clases de la Colonia. El siguiente gran importador es Japón, y Estados Unidos y el Reino Unido disputan el tercer puesto. Se estima que Hong Kong paga por una tercera parte de sus importaciones con el producto de transacciones «invisibles». Mucho de este ingreso proviene de servicios comerciales especialmente financiamiento y seguros. Recientemente el turismo se ha desarrollado en un importante productor de moneda extranjera. Los viajeros vienen tanto para comprar como por placer. Las «impresionantes gangas y servicios» ofrecidas por los sastres y modistos de Hong Kong, junto con el lujo y las atenciones brindadas por los hoteles de la Colonia, han contribuido a hacer de una visita a Hong Kong el punto principal de una gira al Lejano Oriente. Hace dos años, 221,000 turistas dejaron 120 millones de dólares; el turismo es el segundo productor de moneda extranjera de la Colonia.

El aumento de las exportaciones no ha mantenido su crecimiento a la misma velocidad que las importaciones: las ventas extranjeras de to­dos los artículos las transbordadas y las manufacturadas aumentaron alrededor del 34% en los tres años del 59 al 62, mientras que las importaciones registraron un 35% de aumento. El aumento en las exportaciones ha sido casi por completo en articulos hechos en Hong Kong. El comercio de «artículos de paso», antes importante pilar de la economía de la Colonia, se ha mantenido estático en un nivel de alrededor de 180 millones al año, mientras que la exportación de manufactura local ha aumentado de 400 millones en 1959, a 582 millones de dólares el año pasado. Con las importaciones aumentando aún más rápido, el déficit comercial ha aumentado de 273 millones en 1959, a 400 millones de dólares el año pasado.

Y así Hong Kong debe continuar aumentando sus exportaciones para que la economía total tan dependiente de las importaciones se mantenga en desarrollo. Conscientes de esto, los dirigentes de los negocios en la Colonia están preocupados sobre lo que ellos consideran serias dificultades en la estructura y el sistema de comercio exterior. Fundamentalmente, están preocupados por la enorme dependencia en el mercado americano y en el Reino Unido, que juntos compran casi la mitad de las manufacturas exportadas de Hong Kong.

En Estados Unidos, que el año pasado tomó el 26% del total, los textiles encuentran restricciones cuantitativas. Al principio del año pasado, bajo un acuerdo entonces en vigor, el gobierno estadounidense pidió al de Hong Kong que ejerciera un poco de «comedimiento» en la exportación de varias categorías de textiles.

Desde entonces, un acuerdo de cinco años que regula el comercio mundial de los textiles de algodón ha sido firmado entre 19 países, incluyendo Estados Unidos y Hong Kong. En él se reafirma el derecho de los países importadores amenazados con descalabros de mercado, de pedir a los países exportadores moderación en sus exportaciones. Este arreglo entró en efecto hace un año en octubre, y Estados Unidos nuevamente pidió moderación. Esta acción ha tenido el efecto de poner topes en las ventas a Estados Unidos de unas 30 categorías de textiles producidos en Hong Kong.

La posición dominante de los textiles en la lista de productos se ve como un handicap por sí misma desde el momento que casi todas las naciones compradoras practican algún grado de protección contra las importaciones. Pero hasta el momento, por lo menos, la línea de textiles ha sido lo suficientemente productiva para evitar que los promotores transfieran sus capitales a otras actividades menos seguras, a pesar de que se reconoce generalmente la necesidad en la Colonia de lograr una base más diversificada de manufacturas.

Gran Bretaña, que concede derechos favorables de importación a los productos manufacturados en Hong Kong dentro del sistema preferencial de la comunidad británica de naciones, compró el año pasado el 22% de las exportaciones de la Colonia. El temor de lo que sucedería a este comercio si el Reino Unido fuera admitido dentro del mercado común europeo, no desapareció por el hecho de la rotura de las negociaciones de Bruselas a principios de este año. Aparte de los temores del mercado común, hay también temor de que la disminución de los beneficios de Gran Bretaña para con los mercados de la Comunidad Británica, fuercen eventualmente una abolición de la preferencia en los derechos de importación.

Qué hacer acerca de esas posibilidades poco halagüeñas es el tema de un estudio publicado este año por un grupo no oficial llamado Partido de Trabajo de Hong Kong sobre el mercado común. Empresarios, trabajadores, prensa, gobierno colonial y los gobiernos de Gran Bretaña y cuatro de los países del mercado común estuvieron representados. El Partido de Trabajo revisó medidas que Hong Kong puede tomar para expander sus ventas en todo el mercado europeo.

El grupo recomendó que los manufactureros de Hong Kong estudien los sistemas de los compradores europeos más profundamente, y también que traten de anticipar las posibles restricciones que se pueden poner a sus artículos. Las cuotas son más temidas aparentemente que las tarifas a cualquier nivel actual o propuesto en el mercado común. Interesante es que el Partido de Trabajo propuso que Hong Kong eventualmente pueda considerar pedir una asociación con la Comunidad Económica Europea. Mientras tanto, recomendó que la Colonia divulgue y promueva la utilidad potencial que representa para los países europeos industrializados, poniendo énfasis en las facilidades de comercio con China continental.

ENCONTRANDO CULPA

Con considerable sinceridad, el Partido de Trabajo volvió su atención hacia otra amenaza a las exportaciones, como algunas prácticas comerciales de poca visión de algunos de los productores de Hong Kong. Por ejemplo, el reporte criticó la tendencia de algunos manufactureros de inundar mercados extranjeros. También mencionó la tendencia a imitar productos de reputación. Muy unidos a comentarios como los anteriores es el conocimiento de que la acogida a la mercadería de Hong Kong ha sufrido en los mercados mundiales por la presencia de artículos de imitación inundando los canales de exportación con nombres comerciales parecidos a marcas muy conocidas (ejemplo: una compañía desconocida de la Colonia ha exportado una pasta de dientes marca Coalgate).

Sentimientos para controlar esas prácticas dañinas están desarrollándose en la comunidad mercantil. La federación de las industrias de Hong Kong, de antiguo interesada en mejorar la calidad de las exportaciones, ha empezado a hacer pruebas a los productos textiles para normas de aceptación. La aplicación de sanciones morales es probable que se torne más vigorosa ante la evidencia que los mercados estables extranjeros pueden ser cultivados sólo sobre una base de órdenes repetidas y clientes satisfechos. Para aumentar las exportaciones, el gobierno ha despachado misiones comerciales al extranjero. Bajo este programa, los misioneros comerciales han buscado obtener órdenes grandes de los países ricos del mercado común que ahora sólo llenan el 7% de las exportaciones- y también han estado recorriendo países de Africa y del Medio Oriente que tienen uso para gran variedad de artículos de consumo de bajo precio.

Una mejoría a largo plazo en las exportaciones requeriría, probablemente, además de mayor cantidad de agentes comerciales, mayor diversificación de productos. Hong Kong no tiene el capital, la tecnología, la tierra, ni la base económica sobre la cual desarrollar industria pesada o complicada. Pero tiene una creciente fuerza laboral en su predominante joven población.

El mejor camino parece, consecuentemente, una mayor expansión de industrialiviana que utilice mano de obra intensamente.

¿DEBERÍA EL GOBIERNO INTERVENIR?

Lo difícil de los problemas relacionados con la expansión comercial, además una sensación de intranquilidad de que la «imagen» de la industria de Hong Kong necesita ser «retocada», ha impulsado a algunos hombres de negocios en la Colonia a pedir que el gobierno tome una acción más directa en el control de la economía. Los que abogan por este curso de acción visualizan un arreglo, en el cual funcionarios gubernamentales ayudarían a organizar un sistema de diversificación industrial ordenado y un programa de control de calidad.

Una intervención de este tipo significaría apartarse drásticamente de la actitud tradicional del gobierno de la Colonia hacia la empresa privada. En otras áreas, sin embargo, el gobierno se ha apartado ya significativamente del pasado. Esto lo hizo en un afán de resolver los problemas sociales creados por el influjo de refugiados que empezó en 1949. Los problemas eran graves. Por cada inmigrante que vino con medios, muchísimos más vinieron sin nada. Invadían cualquier terreno donde podían poner los pies. En las colinas de la isla de Victoria y en los alrededores de la ciudad peninsular de Kowloon construyeron barracas de lámina de aluminio, madera, cartón y pedazos de costales viejos. En algunos lugares estaban «aglomerados» a más de 2,000 por acre, sin ninguna facilidad sanitaria ni cañerías de agua.

Al principio, renuente a salirse de su acostumbrada política de «manos afuera», el gobierno colonial finalmente asumió lo que tuvo la franqueza de llamar «su extraño nuevo papel de financiero, constructor y terrateniente». Después de que en 1953 y 1954 fueron destruidas por incendios las barracas de más de 75,000 invasores, el gobierno tomó cartas en el asunto, limpió y niveló los terrenos donde ocurrieron los incendios y empezó a construir edificios de apartamentos de 6 ó 7 pisos, cada uno con capacidad aproximada para hospedar a 2,000 personas con una renta muy baja.

A fines del año pasado cerca de medio millón de personas ha sido hospedado en las construcciones de este proyecto. Tal vez un número aproximadamente igual está todavía sin alojamiento adecuado, pero el gobierno espera tener suficientes unidades construidas para acomodarlos a todos en unos cuatro o cinco años. Oficialmente, la frontera ha sido sellada contra nueva inmigración, porque Hong Kong siente que ha llegado el límite de su capacidad de absorción. Los que entran ilegalmente son enviados de regreso cuando se logra capturarlos; aun así, el año pasado la inmigración neta se calcula que llegó a más de 200,000 personas.

Habiendo tomado la iniciativa en la construcción de vivienda para el pueblo, el gobierno ha profundizado más su intervención en otras actividades de tipo social, en especial, educación y programas para salud y tratamientos médicos. También se ha propuesto resolver el problema crónico de deficiencia de agua potable, que es hoy tan grave que solamente pueden abrirse los grifos cada cuatro días y algunas industrias que utilizan mucha agua han tenido que restringir sus operaciones. Un ambicioso programa de 10 años para construir diques, represas y túneles fue iniciado en 1960.

La participación en obras públicas ha sido financiada casi enteramente de los ingresos ordinarios, los cuales fueron aumentados del equivalente de 51 millones en 1951, a 186 millones de dólares en 1962,sin ningún aumento significativo en las tasas impositivas.

Un elemento importante en el aumento de los ingresos ha sido la renta del monopolio de tierra del gobierno (todo pertenece a la Corona y contratos de arrendamiento son subastados públicamente a precios que se han elevado mucho en los últimos años).

Siempre ha habido un superávit presupuestal en todos los últimos diez años fiscales, excepto uno, y la deuda pública total equivalía a 16 millones de dólares al final del año fiscal 1962. Alguna ayuda del exterior se recibió para hacerle frente al enorme gasto de atender a los refugiados durante la última docena de años, en forma de préstamos y contribuciones: alrededor de 18 millones del Reino Unido desde 1949; más o menos 50 millones de EE.UU.3, principalmente en productos alimenticios excedentes; y regalos en cantidades indeterminadas de organizaciones privadas de socorro.

LA SOMBRA ROJA

La tremenda actividad diaria de los negocios y el mercadeo de servicios han dado a la ansiedad muy poco chance de mostrarse en Hong Kong, pero la sombra de la China Roja, al norte, oscurece continuamente la contemplación del futuro de la Colonia. Pekín, hasta la fecha, ha evitado cuidadosamente tomar ninguna actitud amenazadora; en realidad, se ha inclinado más a hacer el papel de buen vecino. Por ejemplo, regularmente dispone proporcionar agua de una de sus presas a la Colonia, que siempre está escasa del vital elemento. Los comunistas tienen razones de peso para evitar fricción. Las facilidades de la Colonia no son menos útiles para ellos que para el mundo libre. Los comunistas aprecian mucho la moneda sólida que ellos obtienen de sus exportaciones a la Colonia. Ellos reciben con gusto los paquetes de alimento y el dinero que envían los chinos de Hong Kong a sus parientes del norte de la frontera. También, cualquier demostración de agresividad hacia la colonia inglesa podría colocar a la China Roja en una posición hostil con la gran potencia occidental que ha reconocido al gobierno de Pekín.

El futuro a largo plazo de Hong Kong está oscurecido por incertidumbres territoriales. Gran Bretaña es dueña de menos del 10% del área de la Colonia, la isla de Hong Kong y la península de Kowloon, en la punta de la tierra firme. El arrendamiento del resto del terreno, comprendiendo los Nuevos Territorios, donde las nuevas ciudades satélites están situadas, expira en 1997.

Un plazo de 34 años, sin embargo, parece cómodamente remoto. Ciertamente no es un factor deprimente del optimismo que flota en la atmósfera diaria de Hong Kong. A medida que el tiempo sigue su marcha, a no ser que algún nuevo arreglo sea logrado para extender el plazo u otra clase de convenio, posiblemente habrá una intensificación de la actual renuencia a entrar en compromisos a largo plazo, especialmente en lo que a los Nuevos Territorios se refiere. Pero, para la gente práctica de Hong Kong, acostumbrada a actuar fríamente y mantenerse movible, el año 1997 es un problema que tendrá que esperar su turno.


1 Equivalente a que en Guatemala entrasen 300,000 personas con sus familias en busca de trabajo

2 Estrictamente hablando, no es un alejamiento, puesto que precisamente la protección de los bienes de las personas ha sido siempre reconocida por las teorías de laissez faire como la única justificación del gobierno. Nunca han sido anacrónicos losdefensores de la libertad, puesto que reconocen que ella no puede existir sin un gobierno fuerte y eficiente limitado a su legítima esfera.

3 Guatemala había recibido, hasta fines de 1963, 178 millones de dólares.