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Año: 9, Enero 1967 No. 141
AMÉRICA LATINA
MITOS Y REALIDADES
G. A. COSTANZO1
VOY A REFERIRME a loa mitos y realidades de América Latina. Los mitos que me preocupan son las falsas doctrinas relativas a las dificultades latinoamericanas y a la forma de tratarlas. Mi exposición enfoca nuestra política latinoamericana, la cual tomó un cariz peligroso después del viaje de Nixon, hace siete años. y estuvo a punto de propiciar la creación de un sistema de economía socialista en América Latina.
Los dramáticos acontecimientos que rodearon el viaje de Nixon por América Latina dieron inusitada relevancia a esa parte del continente. Lo ocurrido allí nos dejó consternados, y con nuestro habitual celo misionero nos apresuramos a decir que las responsabilidad era nuestra y que teníamos la culpa de todo. Habíamos dejado abandonada a América Latina mientras nos dedicábamos a evitar que el comunismo devorase a Europa y Japón. Nuestros diplomáticos habían prodigado abrazos a los dictadores en casos en que, conforme a las reglas de etiqueta, era suficiente un frío apretón de manos. Algunos de los aquí presentes fueron acusados de haber confraternizado con la oligarquía y de haber desacreditado a la empresa privada. Tan desacreditada estaba ésta, en efecto, que la política del gobierno de EE.UU. consistió en quitar importancia a toda referencia a la «empresa privada» en Punta del Este. Se decía que la expresión «empresa privada» tenía un sentido peyorativo en América Latina. Éramos unos fracasados; no habíamos podido llegar a comprender las aspiraciones de los pueblos latinoamericanos.
Era preciso empezar de nuevo, y la CEPAL se hizo cargo de llenar el vacío, pues contaba con una política preparada de antemano y basada en una elegante filosofía.
La CEPAL ,contra la Libre Empresa
Casi todos los presentes saben lo que es la CEPAL. Se trata de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas, con sede en Santiago de Chile. Cuenta con un presupuesto anual de 2 millones de dólares (compuesto en gran parte por los aportes del contribuyente de EE.UU. por intermedio de la ONU) y con un personal que llega más o menos a 300 personas, habiendo conducido con éxito su campaña contra la libre empresa en toda América Latina. Contrasta con esa entidad el CICYP (Consejo Interamericano de Comercio y Producción), que representa el sector privado en todo el hemisferio occidental; pero el presupuesto de que dispone es apenas de 84,000 dólares para fomentar la libre empresa y contrarrestar los ataques de la CEPAL. Se ha tratado, pues, de una lucha sumamente desigual.
La CEPAL ha tenido éxito y continúa aún influyendo en el pensamiento y las normas de la economía de América Latina. Gracias al artilugio que entraña la gratuita ayuda técnica y económica a diversas naciones latinoamericanas, se halla en situación privilegiada para diseminar su doctrina. Los economistas que la integran gozan del acceso directo a los principales funcionarios gubernativos y, por intermedio de las universidades, a los intelectuales y a la juventud de esos países. Ha influido poderosamente en los resultados de las conferencias de economía interamericana al preparar los documentos que han servido de base a dichas reuniones.
La búsqueda de una nueva política dio por resultado el Acuerdo de Bogotá en 1960 y, finalmente, el Acuerdo de Montevideo en Punta del Este en 1961. Ambos documentos, exceptuando ciertas expresiones astutamente formuladas e intercaladas aquí y allá, reflejan fundamentalmente las ideas y la filosofía de la CEPAL.
Deseo en esta oportunidad explicar con ciertos detalles la filosofía y política económica de la CEPAL. Con todo, debería tenerse en cuenta que, pese a la significación y trascendencia de la política de la CEPAL, sólo responde a un enfoque superficial y borroso, similar a tantos otros que se acostumbran en Norteamérica, respecto a las dificultades que asedian a nuestros vecinos meridionales.
Soluciones Radicales e Inmediatas
En pocas palabras, la posición básica de la CEPAL es la siguiente: los problemas económicos de América Latina están arraigados profundamente y reflejan el fracaso del sistema económico vigente, que requiere cambios radicales. El problema es crítico y reclama una solución inmediata. La CEPAL sostiene, basándose en las más fragmentarias y dudosas estadísticas, que la población de esos países cuenta con una renta de 120 dólares al año y que tomarían 70 años para llegar a duplicarla, si se mantuviese la actual tasa de incremento demográfico y de ingresos nacionales.
¿Cuáles son las causas de esta lamentable situación? Existen dos:
1 La desigual distribución de la renta. De nuevo fundándose en estadísticas primitivas, la CEPAL estima que el 50% de los latinoamericanos apenas consume un 20% del total de la producción disponible, mientras que en el otro extremo de la balanza, el 30% del producto total lo consume el 5% de la población.
2 Al igual que los demás países subdesarrollados, los de América Latina son víctimas del vigente sistema de comercio internacional que les impone crecientes gastos para pagar lo que importan e ingresos decrecientes como pago por sus exportaciones.
¿Qué solución cabe frente a esta situación? Redistribuir la renta, tanto interna como externa.
La CEPAL recomienda que los gobiernos realicen reformas agrícolas y tributarias para gravar en medida suficiente la renta de ese 5% de privilegiados y poder así financiar el desarrollo económico. Téngase presente que resulta imposible confiar en que este 5% invierta sus rentas en la financiación del crecimiento de América Latina, por lo que el Estado debe asumir tal responsabilidad.
«La idea, difícil de desarraigar, de que el desarrollo se realiza en forma espontánea, sin un esfuerzo racional y deliberado para conseguirlo, ha probado ser una ilusión... Hace un siglo que nuestras economías se encuentran ligadas a la economía internacional y la mitad de la población vegeta aún...».
Esta cita, como las otras que se mencionan en este discurso, han sido tomadas de la obra de Prebisch, «Hacia una Dinámica del Desarrollo Latinoamericano».
Desde el punto de vista internacional, la solución es igualmente simple: la redistribución de la renta... «La corrección del deterioro de la relación de precios del intercambio en los países periféricos se presenta como un vasto problema de redistribución internacional del ingreso, como una medida impuesta no sólo por la equidad, sino por un gran designio político: cooperar con los países en desarrollo a que corrijan su debilidad congénita».
¿Cómo se lograría esta redistribución de la renta? Para la CEPAL es cosa fácil, ya que en 1954 propuso a Estados Unidos y a otras naciones industriales que gravasen la importación de mercancías provenientes de América Latina y de otros países subdesarrollados en un monto equivalente a la diferencia de precios, a fin de transferir esa renta a las naciones productoras.
El Mito de la Unidad Económica Latinoamericana
He aquí los mitos operantes; porque la CEPAL se refiere a un mundo mítico que no existe el sector latinoamericano- y a problemas que no existen en ningún país en la forma específica en que la CEPAL los describe para toda América Latina.
El primer mito es la misma América Latina. La CEPAL unifica en un todo a América Latina y receta para todo el conjunto. En las reuniones de la Comisión de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, en Ginebra, el procedimiento fue más lejos, aun unificando no sólo a América Latina, sino a todo el mundo subdesarrollado Se nos asegura que el 50% de la población latinoamericana cuenta con la miserable renta de 120 dólares anuales. ¿Acaso tiene esto alguna significación en Argentina, Chile, México, Uruguay o Venezuela, donde la renta per cápita excede de 500 dólares? ¿Tendría más sentido si, tratando de demostrar el bienestar de que goza el conjunto del hemisferio occidental, se incluyeran los ingresos per cápita de EE.UU. y Canadá?
No se puede generalizar respecto de América ni sobre el hemisferio occidental. La común cultura hispánica de las repúblicas meridionales produce una engañosa apariencia de similitudes. Ciertas diferencias de importancia tienen que ver con la procedencia étnica, el avance cultural, la etapa del desarrollo económico, la alimentación, el alfabetismo, etc. Y no olvidemos que cada uno de los países latinoamericanos se halla orientado hacia Estados Unidos y Europa. La conciencia y el conocimiento recíprocos, si bien ascendentes en la actualidad, aún acusan ciertas limitaciones. Si agregamos el nacionalismo a todas estas diferencias, ¿en qué puede fundarse una receta común para toda América Latina?
El Mito del Estancamiento
Luego vemos el mito del estancamiento económico. La CEPAL nos reitera de continuo que América Latina padece de un grave estancamiento económico. Debemos reconocer que la CEPAL ha tenido éxito al describir la imagen de América Latina como un continente estancado, corrompido y calado de inestabilidad social.
En realidad, repetimos aquí que el avance económico latinoamericano ha sido profundamente diferente de una nación a otra. En los últimos cinco años, Perú ha gozado de una de las mejores tasas de crecimiento del mundo. México, como los países de América Central, Venezuela, Colombia y Brasil, ha logrado resultados superiores al promedio. Por otra parte, Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay no han salido tan airosos. Exceptuando las cuatro naciones que acabamos de citar, todas las demás de América Latina se han desarrollado con más rapidez que Estados Unidos en los últimos veinte años.
¿Cómo es posible que la CEPAL llegue a una conclusión tan deplorable sobre Latinoamérica? Porque nuevamente unifica en un conjunto todos los países. Al sumar las cifras del Producto Nacional Bruto (PNB) de las naciones latinoamericanas, sostiene que el tipo de crecimiento de toda la región es del 4% al año. Este porcentaje se podría considerar adecuado en gran parte del mundo, pero no en América Latina. Se alega (lo digo así otra vez porque la propia oficina de Estadísticas de las Naciones Unidas advierte sobre la discutible seguridad de los datos demográficos del sector) que la población de América Latina «se multiplica a un tipo anual del 3.9% y presenta la tendencia a aumentar más todavía». De aquí, el 1% anual al que llega la CEPAL respecto al crecimiento de la renta latinoamericana per cápita y su conclusión de los 70 años que tomaría duplicar el estándar de vida de la mitad de la población latinoamericana.
La realización de la profecía de la CEPAL significaría que, en los 70 años venideros, esto es, hacia el año 2035, el PNB total latinoamericano alcanzaría la suma de 1,350 miles de millones de dólares (más del doble del actual PNB estadounidense y muy cercana al objetivo propuesto); pero, entretanto, la población se multiplicaría de 220 millones a 1,800 millones (más o menos la población contemporánea de Asia, descontando Rusia). ¿No resulta esto reminiscente de las tristes profecías de los economistas al comienzo de la revolución industrial, cuando la economía política se motejaba de «ciencia sombría»? La conclusión sobre el ascenso indefinido de la densidad demográfica latinoamericana en los futuros 70 años a una tasa compuesta del 3%, olvida por completo la enseñanza histórica relativa a la relación entre aquélla y las mejoras en las condiciones de vida, así como los nuevos descubrimientos científicos respecto a la limitación de la población y las cambiantes actitudes acerca de ella.
El Mito de la Planificación
El tercer mito es aquel, según el cual, en el mundo moderno no hay desarrollo económico posible sin planificación económica. Y la CEPAL no se limita a aconsejar alguna inocente lista de prioridades para las inversiones públicas. El desarrollo económico es de carácter urgente y necesita la formación inmediata de capitales. El método de la CEPAL para lograrlo se expresa claramente, sin dejar margen para dudas:
«Lo que esto significaría para los grupos con ingresos elevados queda ilustrado grosso modo con las siguientes cifras. El consumo medio anual por familia de cinco personas en dichos grupos es de 8,500 dólares por año. Esta cantidad quedaría reducida a 5,200 dólares si la diferencia entre este consumo y el de los grupos sociales más bajos disminuyera hasta ser once veces mayor; o a 4,600 dólares si bajase hasta ser sólo nueve veces más alta...». Con el grueso de los ahorros del país en manos del Estado, éste asumiría el control de las inversiones sustanciales. A esto es a lo que se refiere la CEPAL cuando habla de planeamiento económico. Y ciertamente que no se anda con rodeos cuando trata de precisar lo que desea: «esta tarea planificadora, esta decisión de actuar deliberadamente sobre las fuerzas del desarrollo, significa otorgar al Estado importantes atribuciones».
Y la CEPAL se anticipa a responder a las objeciones que pudieran plantear los impugnadores. ¿Acaso estas facultades no permitirían al Estado interferir en el ejercicio de la libertad personal, obligando al ciudadano a ejecutar lo que no desea? Aun más, ¿por qué ha de intervenir el Estado? ¿No basta la libre acción de las fuerzas del mercado para guiar las decisiones individuales?
La respuesta no se hace esperar:
«a) el Estado tiene que intervenir porque el mercado no siempre da las indicaciones que promuevan el empleo más económico de los recursos disponibles, y b) también tiene que hacerlo porque las indicaciones que surgen de las fuerzas del mercado sólo conciernen a una parte de las decisiones de los individuos, pero no a todas, y especialmente a algunas que tienen considerable importancia en el desarrollo. La intervención del Estado es esencial para guiar la actividad privada para llevarla... al cumplimiento de ciertos objetivos del desarrollo».
Afortunadamente los países latinoamericanos entienden poco o están mal equipados para llevar a cabo el planeamiento económico propiciado por la CEPAL. Pero la organización institucional de la ayuda internacional requiere que cada nación presente un plan económico como condición previa para merecer ayuda. Para los políticos, mantener a unos cuantos amigos preparando proyecciones estadísticas constituye una alternativa más atrayente que la tarea de balancear el presupuesto y adoptar otras medidas que se necesitan para crear un ambiente favorable a la inversión privada. La experiencia ha sido esperar durante varios años el advenimiento del milagroso plan económico, y descubrir luego que dicho plan no pasa de ser un conjunto de datos estadísticos que proporciona una ínfima guía práctica para el desarrollo. Después, todos quedan muy sorprendidos al enterarse de que demás del plan, deben adoptar decisiones desagradables en los órdenes fiscal, monetario y cambiario, para merecer la asistencia extranjera.
El Mito del Intercambio Perjudicial
Luego, tenemos el mito que presenta a América Latina como víctima de los mercados internacionales, que de alguna manera se confabulan contra ella y el resultado es un deterioro en el intercambio. Se trata de una doctrina que goza de popularidad entre los políticos latinoamericanos: señalar al extranjero como responsable de las cuestiones internas. Desde antiguo, los economistas han atribuido muy escaso valor a este concepto de los términos del intercambio. Con la composición del comercio internacional cambiando continuamente, cualquier comparación en los precios carece de sentido. Es como referir el índice del costo de vida a un conjunto de mercancías siempre diferentes. Para agregar más complicaciones, los datos referentes a los precios no merecen confianza alguna. La comparación relativa a los precios tiene que ser inexacta y engañosa, ya que las materias primas están estandarizadas y, por lo general, permanecen sin cambios a lo largo del año; mientras que continuamente se lanzan al mercado productos industriales nuevos, en tanto que se mejoran otros. Pero aparte de estas consideraciones, las estadísticas empleadas exageran demasiado la relación del intercambio. Estas estadísticas se inician en 1953, época en que las materias primas se habían elevado a cifras anormales a causa de la guerra de Corea. Finalmente, aun cuando se elaborase un sistema para compensar a los países por sus pérdidas en el intercambio internacional, dicha compensación no aportaría recursos de importancia a efectos del crecimiento económico dentro del área. Frente a la necesaria tarea de doblar el volumen de las exportaciones en el plazo de 10 años, la compensación por pérdidas en el intercambio incrementaría a lo sumo en un 10 por ciento los ingresos por las exportaciones, y eso solamente en algunos países latinoamericanos, especialmente en los que dependen casi enteramente de la cosecha de café. Por el contrario, Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay resultarían perdiendo más que ganando con dicho sistema, a menos que el principio de compensación rigiese en un solo sentido.
La verdadera tragedia de estos mitos es que producen estragos en las naciones a las que pretenden servir. En vez de estimular el desarrollo y de ayudar a los ciudadanos a vivir mejor, sofocan el progreso y dejan a la población a merced de la explotación política y económica. Estas teorías nada realistas de la CEPAL son dañinas, nada progresistas.
Verdaderos Obstáculos para el Desarrollo
Ya hemos hablado bastante de los mitos; ahora, veamos las realidades. La inflación constituye el impedimento más serio contra el progreso económico de los diversos países latinoamericanos. En la década 1953-63 hubo sólo cinco naciones en el mundo que registraron un tipo anual de depreciación sobrepasando el 10%. Esas cinco naciones fueron todas latinoamericanas: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Uruguay. Colombia se libró a duras penas de ingresar a este conjunto. ¿Es acaso mera coincidencia que sean precisamente estas naciones las que acuden a Washington año tras año en pos de préstamos y prórrogas en el pago de su deuda externa?
El capital es la materia prima del progreso. Representa el elemento dinámico de cualquier sistema económico y marca la separación existente entre bajas y altas condiciones de vida. Su única fuente es el ahorro, ya sea nacional o extranjero, y nadie va a ahorrar en una moneda que pierde cada año más del 10% de su valor. De igual manera, el inversionista tampoco va a invertir los ahorros, que ha acumulado a costa de sacrificios, en un ambiente inflacionista, en el que, tarde o temprano, tanto el capital que aporte como las utilidades que devengue, sufrirían un bloqueo y confiscación a causa de la depreciación del tipo de cambio.
No puede haber progreso social o económico en esos países, hasta tanto los líderes políticos empiecen a comprender que el desarrollo económico es el procedimiento de ahorrar una parte de la producción actual para estar en condiciones de producir más en el futuro. Ocurre, por ejemplo, que las empresas estatales, administradas en forma deficiente, malgastan recursos que, de otro modo, podrían invertirse en maquinaria y equipo, energía eléctrica, carreteras, escuelas, etc. La energía eléctrica barata, como el transporte, los teléfonos, etc., pueden dar popularidad a los gobiernos, pero significan el consumo del capital actual de la nación a expensas de las generaciones venideras. Los tipos de cambio sobrevaluados abaratan, tal vez, la importación de trigo y de otras mercancías y quizás sean por ello populares; pero a expensas de la exportación y generando una escasez de divisas extranjeras que impide la importación de los bienes de capital necesarios al desarrollo. Los déficit presupuestarios crónicos y los pretendidos «créditos productivos» financiados mediante la emisión de papel moneda, lejos de proporcionar recursos valiosos para la producción, solamente conducen a una desordenada lucha en pos de recursos, en la cual los hombres honestos y menos hábiles para defenderse a sí mismos son víctimas de los peores elementos de la sociedad. Por último, la inflación y los controles de cambio que son su consecuencia, así como la depreciación de la moneda, privan al país del capital nacional y extranjero necesario para el desarrollo.
Estos son los verdaderos problemas que tienen que afrontar las naciones de América Latina, si es que quieren desarrollar su inmenso potencial económico. Además de la estabilidad económica, es de gran importancia la estabilidad política y el respeto a la propiedad privada y a los contratos para atraer las inversiones privadas, nacionales o extranjeras. La inestabilidad política, la amenaza de expropiación y la abrogación de contratos sin un proceso legal, son los principales enemigos para un pujante sistema de libre empresa y de crecimiento económico.
Estos, y no los sueños de la CEPAL, son los principios que han acrecentado la productividad y elevado el nivel de vida de los pueblos allí donde han sido puestos en práctica. Es una lástima que algunos países latinoamericanos hayan hecho caso omiso de la experiencia de las demás naciones que salieron airosas en su empeño de mantener un elevado ritmo de desarrollo. Los experimentos e improvisaciones en el campo de la política fiscal, como si los problemas de América Latina fuesen únicos y no hubiesen sido nunca antes afrontados con éxito sobre la Tierra, han sido, en mi opinión, un grave obstáculo para el desarrollo económico. Los políticos de América Latina deberían tener presente la advertencia del gran filósofo Santayana, quien dijo, refiriéndose a la historia, que ésta nunca se repite, pero que están condenados a repetir sus errores aquellos que la ignoran.
Fe en el Futuro de América Latina
Para terminar, permítaseme expresar mi optimismo sobre el futuro de América Latina. Tengo gran confianza en la capacidad de la gente de las distintas naciones latinoamericanas, profundamente arraigada en la civilización occidental y aferrada a una fuerte tradición de cristianismo, libertad política e individualismo, para que sepa hallar una solución a sus problemas salvaguardando la libertad personal y política. En las circunstancias en que se encuentran dichas naciones, poseyendo tierras inmensas y otros recursos naturales aún inexplotados, junto a una creciente población, la adopción de una política gubernamental tendiente a favorecer el ahorro y la inversión, significaría la expansión de los mercados y oportunidades para los inversionistas. Una política gubernativa que favoreciera las energías creadoras de su creciente población podría significar la alborada de una nueva era de estabilidad política y de prosperidad económica. Por el contrario, las actitudes erradas, basadas en la demagogia y en emocionalismos nacionalistas, más que en un clarividente interés personal, desalientan el ahorro y la inversión privada y podrían convertir en pavorosa pesadilla el acelerado crecimiento demográfico.
TECNOLOGIA Y BIENESTAR
«El progreso científico y tecnológico es ciertamente una condición necesaria pero no suficiente para el aumento del bienestar de las masas. Los países «ricos» de hoy lo son porque, además de la técnica moderna y de su aplicación industrial, supieron adoptar un orden económico determinado, así como la actitud espiritual que a ese orden corresponde. Las máquinas y el capital que en ellas se invierte, son realidades burdamente perceptibles, pero insuficientes. Es más importante algo de índole espiritual: la decidida afirmación de un orden económico que impulse el desarrollo, y de los sutiles supuestos espirituales, morales y políticos de los cuales depende ese orden. Ahora bien, este orden no es otro que la economía de mercado».Wilhem Roepke
1 Distinguido economista, vicepresidente del First National City Bank