Año: 13, Mayo 1971 No. 245

N.D. El siguiente artículo está tomado de la revista INDUSTRIA No. 36, abril de 1965.

LA LIBRE EMPRESA Y LA LIBERTAD INDIVIDUAL EN RELACIÓN CON EL DESARROLLO ECONÓMICO

Por ULYSSES R. DENT

Revista «Industria», en sus deseos de ofrecer a sus lectores el pensamiento orientador emanado de los distintos sectores de la iniciativa privada del país, abre esta nueva sección de COLABORACIONES con el interesante artículo del señor ULYSSES R. DENT, quien, por sus inquietudes y recia personalidad, sobresale en el campo de sus actividades: el comercio.

A través de una sutil y constante propaganda llevada con persistencia por más de un siglo, y disfrazada bajo seductivos nombres que apelan a la bondad, la caridad humana, los nobles sentimientos de ayuda al prójimo desamparado; se legisla progresivamente hacia el establecimiento de la más cruel tiranía, la más acentuada y cruel sujeción del individuo hacia grupos, organizaciones y colectivismo que a la vez quedan atadas bajo la tutela de un superestado.

Llámese seguridad social, nuevo trato, sindicalismo, gran sociedad, justicia social o protección del Estado; todo tiende a seducir a las masas en el sentido que se pueden obtener cosas, beneficios, algo por nada. Es decir, no hay que hacer esfuerzo alguno para obtener «lo que le pertenece a las clases desposeídas». Se parte del sofisma de que la pobreza de unos se debe a la riqueza de pocos. No se reconoce que el que mejor sirve a mayor número obtiene más que los que sirven mal a pocos, o no sirven del todo a nadie.

El ser humano ha luchado desde su origen para obtener su libertad individual. Trabaja siempre más de lo que necesita para su mínima subsistencia diaria, y prevé por sus enfermedades, su incapacidad, su vejez. Gracias a este natural impulso, el hombre descubrió sus manos, sus dedos, la flexibilidad de sus brazos. Descubrió cómo podía mejorar la eficiencia con utensilios rudimentarios. Herramienta que a través de los siglos ha ido perfeccionando, hasta llegar a producir herramienta que produce herramienta más eficiente aún. Herramienta que ayuda al cerebro a desarrollar ideas mejores para producir mejores equipos que facilitan su tarea, y que, en concreto, elevan su productividad, con lo que mejora su comodidad, su condición, su nivel de vida y su libertad.

El hombre sólo requiere un incentivo: que pueda disfrutar del fruto de su labor. Sólo requiere una seguridad: que lo que obtiene por propio esfuerzo le pertenezca sin más limitaciones que el derecho ajeno. Por esto es que el hombre ansía ser libre. Por lo mismo, se asocia libremente. Asociado, le interesa la protección a lo que posee, por lo que forma gobierno, para que unos no invadan los derechos de los otros. Para que todos tengan garantía de que lo que les pertenece no puede ser arrebatado por los que no han laborado para producir lo que otros poseen.

Los próceres de la independencia de Estados Unidos de América procedieron de acuerdo con tal sentimiento de respeto a la propiedad individual, haciendo imposible que violaran la libertad individual. Discutieron la conveniencia o inconveniencia de enmarcar los derechos dentro de un documento constitucional. Estaban temerosos, todos los ciudadanos de la incipiente nación, de que una constitución solamente podría llegar a ser restrictiva de los derechos individuales. Gracias a una discusión de más de 20 años, triunfó la teoría de los llamados federalistas: Hamilton, Jay y Madison, particularmente. La constitución americana, con el pliego de derechos adjunto, cabe en dos páginas, y se limita a garantizar los derechos ciudadanos y de los habitantes, nacidos o no en el territorio americano. No contempla los «derechos de Estado», como es la tendencia en muchos lugares, sino que es simplemente tácito que el Estado no puede intervenir en el terreno de los derechos individuales. Lógicamente, tampoco hace mención alguna de las limitaciones, ya que los límites naturales del derecho individual son los derechos ajenos.

La historia de Estados Unidos de América es una fantástica de desarrollo económico. De simples colonias subdesarrolladas y primitivismo en la producción, han creado la nación más próspera, más fuerte, más productiva del mundo, bajo un régimen de libertad. Ahora, y desde época reciente, el avance de medidas sociales ha provocado un aumento considerabilísimo de burocracia y gran gobierno, restringiendo la productividad, limitando los incentivos naturales del hombre. Y lamentablemente, se le observa perder sus reservas económicas. A pesar de las limitaciones al Estado por la constitución, aquél resulta interviniendo cada vez más en los negocios, causando mayores problemas económicos. Sin embargo, la socialización en Estados Unidos de América es una tarea más ardua, porque TODOS LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN ESTÁN EN MANOS PRIVADAS. Los servicios telefónicos, telegráficos, radio y televisión, producción de energía, de gas natural, de petróleo, de alimentos, urbanización y servicios de agua y drenajes: todo está en manos privadas, con la única excepción del correo, el cual se maneja con gran ineficiencia, ocasionando pérdidas continuamente.

El ejemplo ilustra cómo, bajo un régimen de respeto a la propiedad individual, a la libre empresa, solamente se produce beneficios a todos. Elevar la producción es lo único que mejora la condición del ser humano, y para producir no hay limite conocido. A mayor producción, mejor nivel de vida, simplemente.

Al hablar de la libre empresa, los socialistas se refieren únicamente a «los ricos». Miran tan fijamente al árbol, que no pueden ver el bosque. El libre empresario puede ser el carpintero o cualquier otro artesano, que, celoso de su libertad, prefiere desarrollar libremente su labor. Es el albañil y su ayudante que contratan «a destajo». Es el labrador que siembra su manzana de maíz, verduras o frutales. Es el campesino que cría sus gallinas o sus cerdos o sus vacas. Es la verdulera en el mercado que compra con sus propios medios y vende con sus propios esfuerzos. Es el pequeño comerciante que compra por docena y vende pieza por pieza en lugares apartados. Es el buhonero que compra peines por gruesa y los vende pieza por pieza. El granjero que emplea uno o dos ayudantes y mejora sus métodos de producción. En pocas palabras, los «libres empresarios» son realmente la enorme mayoría de la población. También aquí en Centroamérica.

¿Cuáles son los beneficios que reciben los pequeños «libres empresarios» que se les atrae bajo las ingenuas promesas de mejor vida en la ciudad? Pronto encuentran que los jugosos empleos industriales están limitados por la poca demanda, que a su vez no se incrementa porque no es natural. Bajo falsa protección, se les permite armar chozas infrahumanas en sectores subhumanos que carecen de los mínimos servicios. Pero están las promesas de «justicia social». Para impedirles el retorno a su libertad y a su vida sana del campo, se les quitará a unos pocos y se les dará a los muchísimos.

Cuanto más les quiten a los pocos, menor inversión habrá y, por lo tanto, menos empleos. Entonces habrá más en el grupo de los muchísimos desposeídos. Y cuando terminen de quitarle todo a los pocos que tienen algo, producto del esfuerzo, del trabajo, de la mayor productividad; entonces todos serán desposeídos. La «justicia social» cumplirá con hacer a todos pobres. Ya sólo quedará el poder coercitivo del Estado, que tendrá que ejercer la más brutal tiranía.

Parecerá una exageración, pero los ejemplos de solamente este siglo XX deberían bastarnos. La justicia social en la Unión Soviética ha producido muertes y violencia en masa, por millones. Ha recibido fuertes inyecciones de ayuda extranjera, especialmente durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Ha creado un todopoderoso Estado que ha avanzado tecnológicamente con los despojos de guerra, con ayuda extranjera, con imperialismo ilimitado. Pero el pueblo soviético, ignorante de lo que ocurre más allá de sus fronteras, vive en constante subdesarrollo. No goza de las innúmeras comodidades accesibles a pueblos inclusive vecinos, como Alemania Occidental. No produce ni siquiera suficiente alimento para sí mismo. En contraste, el americano produce para sí y cinco más fuera de su territorio. Los hechos son demasiado conocidos como para extenderse aquí.

De la Segunda Guerra Mundial a nuestros tiempos, vemos los contrastes de la veloz recuperación de los países bajo régimen de libertad, de libertad de empresa. Se llaman «milagros». «El milagro alemán», el francés, el italiano. El milagro holandés que perdió un imperio muchas veces su tamaño y es más próspero que antes. El milagro japonés. El desarrollo económico de todos estos países ha sido, en verdad, fantástico. Todos bajo la política de la libertad de empresa. Todos iniciados con timidez, han comprobado que cuanto más sueltan los controles del Estado, mayor es el desarrollo económico de la nación.

Es porque la libertad de empresa es, en realidad y en síntesis, la libertad individual, la clase de libertad que siempre ha anhelado el ser humano. La única forma HUMANA de vivir. Y es lo que produce bienestar para todos, porque lo único que mejora la condición de vida es la existencia de productos. Recordemos que el hombre siempre acumulará más que lo que necesita, y lo que le sobra está DISPONIBLE para los demás. En primer lugar, debe haber DISPONIBILIDAD. Deben existir los productos.

¿Puede haber nada más «subdesarrollado» que un país totalmente devastado por la guerra? Alemania Occidental fue despojada de sus técnicos conocidos, de sus máquinas, de sus hombres. Ludwig Erhard luchó en la mejor tradición quijotesca para establecer un régimen de libre empresa. Es el único que niega que haya tal «milagro alemán». En su libro «Bienestar para todos», dice: «Lo que se ha llevado a cabo en Alemania estos últimos años, es TODO LO CONTRARIO DE UN MILAGRO. Es tan sólo la consecuencia del esfuerzo honrado de todo un pueblo que, siguiendo principios liberales, ha conquistado la posibilidad de volver a emplear iniciativas humanas, humanas energías. Por tanto, si este ejemplo alemán ha de tener algún sentido más allá de las propias fronteras, el único sentido será hacer presente al mundo enteroel triunfo de la libertad humana y de la libre movilidad de la economía».

Un contraste elocuente lo tenemos en India. Por décadas hemos oído de la explotación británica. India, país riquísimo, enorme, despojada por el imperialismo. Bien. Desde hace 20 años solamente ha recibido ayuda exterior. Nadie la ha explotado de afuera. Solamente está explotando por su socialismo, «su justicia social». Cada vez es más pobre y fracasa más estruendosamente. El Estado benevolente no puede resolver el menor de sus problemas económicos. Y la gente sufre hambre. Y recibe gigantescos embarques de alimentos, constantemente. Ayuda monetaria. Complejos industriales que fracasan. Los ejemplos se multiplican. ¿Dónde está el país que bajo controles estatales, vale decir socialistas, demuestre un progreso efectivo para su pueblo?

Hay despertares. En España se siguió una reglamentación denominada «derechista». Tan derechista como el dedo pulgar de la mano izquierda. Socializada, nacionalista, estatal, fracasada. Pero en años recientes, España adoptó el retorno a la libre economía, a la economía de mercado. Lo ha hecho gradualmente, y ha progresado de acuerdo con la liberalización de los controles. A menores controles, mayor prosperidad. Ahora, está en franca recuperación, cada vez más libre, cada vez, consecuentemente, más próspera. Y es el pueblo español el que se hace más próspero. Es el «triunfo de la libertad», como ha expresado tan bien Erhard. Pero bajo el peso de la «justicia social» no tenía remedio.

Naturalmente, lo que ocurre es que los términos han sido prostituidos. La verdadera justicia social sería impedir que el Estado tenga ingerencia en el desarrollo individual. Se le llama cobertura y beneficios a impuestos crueles sobre la totalidad de los salarios. La gente sólo puede rogar «no me ayudes, compadre».

La libre empresa es la garantía de las libertades ciudadanas, la forma cómo el hombre puede desenvolver su libertad individual, la manera de ser libre de coerción de arbitraria voluntad ajena, la generación de energías y la creación de NUEVAS riquezas. Eleva la productividad individual cuya multiplicación representa la producción de una nación. Cuanto mayor sea la producción individual, mayor es el bienestar general.

No solamente produce bienestar la abundancia, sino libertad. No solamente produce satisfacción la libertad, sino abundancia.

El sacrificio de consumo de los individuos produce el ahorro, el ahorro capital. el capital la libre empresa, ésta, producción de más bienes, de más disponibilidad. Consecuentemente, más empleos, mejores salarios, mejores utilidades para mayores inversiones creadoras de riquezas nuevas para todos; riquezas que no existirían sin utilidades, que, a su vez, son producto del sacrificio, del ahorro, del fruto del trabajo individual, el incentivo para producir más.

Si se crea el derecho de arrebatar los ahorros, o sea, el sacrificio de parte de sus frutos para asegurarse mejor vida en el futuro, el hombre ya no ahorrará, consumirá todo lo que produce, y cuando excede su producción, dejará de trabajar hasta consumirla.

La libre empresa es, en síntesis, la ausencia de coacción. Es el derecho de todo el pueblo de escoger su propio trabajo, su propio seguro, su propio medio de ahorro, su derecho de propiedad a la acumulación de sacrificios que resulta en acumulación de ahorros.

No es limitando la libre empresa como se sirve a la libertad. Es circunscribiendo y definiendo los límites del Estado como se favorece a la nación, lo que garantiza que el imperio de la ley protegerá la libertad mercantil. Las limitaciones a los derechos de libertad de empresa pervierten la ley. La mayor parte de los programas de «justicia social» son solamente pretextos para invalidar la ley y el régimen de derecho. Son las intervenciones estatales en la empresa privada las que, por principio, deben prohibirse, a menos que sean compatibles con un estado de derecho, sin el cual, la libre empresa no puede existir.

La libertad es una. No son muchas libertades, por ejemplo, privilegios y exenciones para algunos, mientras el resto es sujeto a restricciones. Es como decir «libertad de expresión» y luego se prohiban los medios de difusión. No elige el pueblo libremente a sus representantes, para que éstos induzcan a la gente a renunciar a su libertad. Aunque sea bajo título de «justicia social», bajo un Estado «benevolente».

Bajo el disfraz de «benevolente» se oculta la voraz burocracia que consume los esfuerzos de la gente de trabajo. Bajo cada programa de beneficios se oculta un feroz impuesto para sostener una burocracia privilegiada, hay una conjuración de poder y una libertad restringida. Porque la libertad es una e indivisible cuando no ha sido restringida. Cuando se restringe, se subdivide en libertad de expresión, de producción, de importación, de exportación, de temor, de movilidad, etc.

Para establecer el socialismo, hay que tener buenas excusas, dar «atol con el dedo». La imposición, expoliación y despojo de los frutos de la labor de todos los ciudadanos, se pretende justificar con que es para el beneficio de las «clases desposeídas». Realmente es para hacerlas más numerosas. Y el despojo no se puede justificar bajo base alguna de moral, de derecho, de respeto a la ley y a la libertad.

«No hay más libertad que la engendrada por la economía de mercado. No existe gobierno ni constitución que pueda garantizar la libertad si no ampara y defiende las instituciones fundamentales en las que se basa tal organización social. Reemplazarla por la planificación económica implica anular toda libertad. La gente, en tal supuesto, sólo goza de un derecho: el de obedecer». LUDWIG VON MISES: ACCION HUMANA .