Año: 20, Mayo 1978 No. 414

LA PROTECCION ARANCELARIA ¿A QUIEN BENEFICIA?

Juan Carlos Simons

Se puede ejemplificar la acción del Estado para proteger a los productores nacionales, con la siguiente situación: Existen dos países separados uno del otro por una gran montaña, tan grande que hace impasible pasar de un lado a otro por encima de ella o bordearla. Están conscientes además de que los dos necesitan ciertas cosas que uno no produce y el otro sí, y algunas otras que, a pesar de que los dos las producen, uno lo hace mejor que el otro. Es decir, están convencidos del beneficio que se lograría con un intercambio.

Ponen manos a la obra y deciden unir sus fronteras por medio de un túnel. Durante años dedican, los dos, todos sus esfuerzos para lograr el acceso fácil y la comunicación rápida entre ellos.

Al fin, llega el día de la inauguración y la primera acción que toman los gobiernos es trazar una línea fronteriza y aplicar un impuesto a los productos que produce el otro país. Seguramente los productores de cada uno ya hablan «convencido», a su gobierno acerca de los «perjuicios», que traería una posición librecambista.

Este ejemplo lo utiliza Adam Smith al hablar de las ventajas de un intercambio libre y de las consecuencias empobrecedoras de una protección arancelaria.

Parece ser que la mentalidad de muchos empresarios «modernos», no ha variado mucho con respecto a la de los de hace 200 años.

Aunque, es lógico pensar que si a una persona el Estado le presenta la oportunidad de obtener un beneficio adicional a costas de cualquier otra, lo más probable es que aproveche esa oportunidad. No podemos esperar que todos los empresarios tengan conciencia de los males o bondades de cualquier medida económica implantada por el Estado. Además, sería ingenuo pensar que aunque muchos se dieran cuenta del costo social que representa una medida proteccionista, rechazaran una oportunidad que les beneficiaría en lo particular.

Ahora bien, si justificamos hasta cierto punto la actuación del empresario de pedir protección para su producto a nivel nacional, ¿a quién le corresponde tomar la decisión de favorecer a unos pocos o proteger los intereses de toda la población?

Definitivamente el Estado tiene la responsabilidad de proteger los intereses de la comunidad en general. ¿Cómo? Al no intervenir en las actividades naturales del comercio y la producción favoreciendo a unos y discriminando a otros. Es decir, al garantizar una libre competencia.

¿Quién paga la protección que por medio de aranceles se le da a la Industria? La paga aquel del que siempre nos olvidamos, del que nunca o raras veces nos preocupamos y que en última instancia todos formamos parte de él: EL CONSUMIDOR.

Esta persona parece ser que no tiene los medios para hacer valer sus intereses ante las autoridades económicas del país y no puede ejercer ninguna «presión» que le beneficie a él. No sucede lo mismo con aquel sector industrial que amenaza al gobierno con un problema de desempleo muy serio y una «debacle económica» para el país si se permitiera la competencia de productos extranjeros en su actividad industrial. Estas «amenazas son realmente fantasmas económicos ya que si aceptáramos que habría desempleo por eliminar una barrera arancelaria, tendríamos que asumir que estamos en un país en el cual ya no hay nada más que hacer, que estamos en un máximo-maximorum de capacidad productiva y que el hecho de que desaparezca una empresa significa que los empleados antes en ella, no encontrarán otro trabajo. Como se puede ver (y comprobar históricamente) son supuestos imposibles de darse en una comunidad o país cualquiera. Estos temores son comprensibles cuando el industrial nacional conoce su incapacidad competitiva con respecto a los productos del exterior ya sea en calidad, precio y/o abastecimiento adecuados.

Hay quienes argumentan que la protección arancelaria favorece a la «industrialización del país», la cual ha sido característica de progreso económico, y que esta protección debe de ser sólo temporal para proteger a la «industria infante». Este argumento carece de sentido, ya que debemos de estar de acuerdo de que si queremos lograr el máximo de bienestar a la comunidad en general, no podemos aceptar que se «industrialicen» ficticiamente el país, a costas del poder adquisitivo de esa misma comunidad. ¿Por qué no podemos exportar casi ningún producto manufacturado fuera del área centroamericana? (con excepción de algunos pocos que sí se producen eficientemente) ¿no será que solamente podemos «competir, en un «mercado cautivo», porque cuando salimos al comercio exterior nuestros productos no son competitivos en calidad y/o precio?

La mejor forma de fomentar las exportaciones es eliminando al máximo los impuestos a las importaciones, porque de esa manera se presionan los precios internos de los productos para abajo, lo cual sí permite que a la hora de exportar, nuestros productos que han competido internamente con los extranjeros, puedan competir en el mercado mundial.

Tenemos que aceptar que no a todos los sectores perjudica la protección arancelaria, beneficia a algunas industrias, pero si las comparamos con el resto de los sectores que conforman la economía de un país, constituyen una minoría. Aunque este «beneficio» para la industria es relativo. La protección es un arma de «dos filos». ¿Qué sucedería el día de mañana cuando llegara un gobierno con ánimos de confiscar o expropiar la industria? (incluyendo a la nacional), ¿podría la industria combatir la intromisión del Estado en sus empresas cuando de hecho ellas han solicitado la «intervención» de él a su favor? ¿con qué argumentos espera convencer al Gobierno de que Intervenga solamente cuando a ella le conviene?

Y como si no fuera poco, además de rogar al Estado por su protección lo hacen en nombre de «la libre empresa». No señores, si quieren navegar con bandera de «libre empresa», es incongruente solicitar favores que van en contra de lo que realmente se pretende con una política económica que beneficiaría a la generalidad de la población. Lo único que logran es confundir a las autoridades del país que no saben qué es lo que pretenden; un día piden libertad de empresa y otro día claman por la protección estatal. Libre Empresa no es sinónimo de bienestar para el empresario, Libre Empresa, Economía Libre o Economía de Mercado significa satisfacción para el consumidor al dejar actuar una libre competencia entre productores y vendedores, (nacionales y/o extranjeros) y que él (el consumidor) decidirá quién produce, cuánto produce, en dónde, y a qué precio. Sencillamente.

CARTA DE CHILE

N.D. Por considerar de Interés para el tenis de la protección arancelaria, a continuación damos a conocer el texto de una carta que un chileno enviaría a un amigo suyo guatemalteco, la cual contiene ciertos hechos (no teorías) acerca de lo que ha sucedido en Chile con fa eliminación de los aranceles proteccionistas. A continuación reproducimos textualmente la carta. Santiago de Chile, 10 de abril de 1978

Estimado Rodolfo:

Según me pides en tu carta del 1o. de abril pasado te contaré algunas impresiones sobre lo que está ocurriendo en mi país.

A partir de 1975, poco a poco después de la nueva política económica, se han notado varios cambios notablemente a mi modo de ver ejemplares para el mundo.

Mi padre era dueño de una empresa de textiles aquí en Santiago. Después de que el gobierno eliminó por completo el arancel de importación en este rubro (al Igual como en los demás rubros) mi familia tuvo serios inconvenientes económicos. Papá protestó cuanto pudo. Escribió, pidió audiencias, pero lo único que consiguió fue perder su tiempo en tonterías mientras podía haber estudiado la manera de superar la crisis. Lo que sucedió fue muy lógico. Al no haber ya más Impuestos para la ropa y textiles en general, la importación de estos bienes se hizo muy ventajosa. Los almacenes importaban por cuenta propia telas de todo el mundo, principalmente japonesas. A medida que los consumidores se fueron dando cuenta de lo que ocurría (la ropa era más barata) fueron cambiando sus gustos de compra. Mi padre no lograba vender su producción, quebrando días después y despidiendo a los 300 empleados que tenía.

En un principio a todos nos pareció una inmensa tragedia. Muchos intereses personales se veían seriamente afectados. Pero el gobierno no cedió ni un pelo.

La cosa se puso más patética todavía. Muchos otros productores (hasta los de vino) quebraron. Hubo un tiempo en que el desempleo era enorme. La gente no sabía que hacer. Mientras tanto a medida que el gobierno fue quitando impuestos de importación y exportación los supermercados, abarroterías y tiendas en general fueron surtiéndose de una variedad de productos que ni en Estados Unidos. ¡Mira que hasta mi abarrotero don Goyo te vende caviar ruso!

Ayer que salimos de compras encontramos una buena oferta de champán francés. Ahora he notado que las ofertas especiales en todas partes son muy frecuentes. Con un poco de esfuerzo y leyendo el periódico todas las mañanas mi mujer puede conseguir cosas a buenos precios.

Aunque los precios han subido en comparación al periodo de Allende, como dice Maco el jardinero, ahora sus hilos toman verdadera leche y hasta con vitaminas y que sé yo que más (antes existía un precio atractivo fijado por el Gobierno, pero no se conseguía la mercadería en las tiendas, sólo en el mercado negro y no al precio oficial). Maco al igual que Goyo están muy contentos y especialmente Maco que siempre había querido una podadora eléctrica.

Por otra parte el gobierno ha ido vendiendo sus empresas a los mejores postores. Muchas las han cerrado. También devolvieron aquellas que había expropiado y sobre todo ha dado muchas garantías al capital extranjera

Como no hay aranceles, una firma japonesa por ejemplo, puede traer lo que desee en maquinaria y equipo para el perfeccionamiento de su planta y aumento de producción. ¡Hasta es más rápido el traslado del puerto al lugar de la fábrica! A finales del año pasado la Mitsubishi compró una mina de cobre. Ahora tienen las mejores técnicas en extracción de cobre y han empleado a mucha gente con buenos sueldos. Yo creo que esto se debe a que la Exxon también compró otra mina y hay sana competencia. Como esto no es un caso aislado el desempleo ha disminuido al igual que la inflación, la cual antes (con el 1000% anual) era imposible soportar.

La gente se ve mejor vestida, quien con Pierre Cardin, quien con alguna prenda alemana barata y digna. Hay más automóviles y de todas las marcas. El índice de criminalidad ha bajado considerablemente. Durante el gobierno de Allende mi casa la asaltaban en verano por lo menos dos veces por semana. Ahora, puedo dejar la puerta abierta y nada sucede. Mis hijos reciben buena educación. Las matrículas escolares han subido, pero no te cuento el laboratorio que está montando el colegio. Ya lo desearía un estudioso de la química.

Últimamente ha habido un incremento en el número de firmas extranjeras que quieren invertir. Papá se asoció a una de estas firmas y han rediseñado su antigua fábrica: ha importado nueva maquinaria y la asesoría técnica se la da la casa matriz. Ahora, ya en el mercado, sus precios son competitivos, da empleo a 200 mujeres y a 150 hombres y tienen buenas utilidades. Gracias a Dios todo está mejor.

Bueno Rodolfo, te ruego me disculpes no haberte conseguido los datos estadísticos queme pedís, pero creo haberte complacido.

Tu amigo, Daniel

«Los economistas clásicos propugnaban la abolición de todas aquellas barreras mercantiles que impedían a los hombres competir en el mercado. Tales medidas restrictivas aseguraban dichos precursores sólo servían para divertir la producción de los lugares más idóneos a otros de peor condición y para amparar al hombre ineficiente frente al de mayor capacidad, provocándose así una tendencia a la perviviencia de anticuados e ineficientes métodos de producción. Tales disposiciones, en definitiva, sólo servían para restringir la producción, lo que supone rebajar el nivel de vida».

LUDWING von MISES