Año: 23, 1981 No. 494 

¿Independencia en Polonia?

Hilary Arathoon

El mundo observa hoy un fenómeno curioso. Un país comunista, en el que las bases se alzan y se rebelan contra sus dirigentes y forman un sindicato libre: «Solidaridad», en contraposición a los sindicatos oficiales impuestos desde arriba.

Esto es en realidad un caso insólito en un país comunista, ya que el comunismo es el sistema totalitario por excelencia. Cualquier otro sistema, ya sea de un caudillo o dictador, por despótico que sea, admite desviaciones siempre que no estén en abierta contraposición con las disposiciones emitidas por el cabecilla. Como éstas no son por lo general, todo absorbentes, dejan margen para ciertas divergencias entre las creencias y opiniones de los subyugados y los del mandamás. En cambio el comunismo es un sistema monolítico, dominado y dirigido desde arriba, que no admite divergencias de opinión, ni desviaciones de ninguna clase. Las vidas y actividades de todos los ciudadanos están directamente planeadas y controladas, y ¡ay! de quienes pretendan apartarse un ápice del plan o regir sus vidas en cualquier otra forma que no sea bajo los lineamientos previamente señalados y prescritos por los jefes de estado.

Basado en el sistema socialista, el estado comunista no tolera ni la propiedad privada de los medios de producción, ni ninguna empresa libre por humilde que sea. Toda transacción económica debe ser regida y regulada directamente por el estado. Su finalidad debe ser la de fortalecer al estado y si al caso es posible, promover al mismo tiempo el debilitamiento del sistema capitalista. Esto, no obstante que los países bajo el régimen comunista recurren todo el tiempo a los países bajo el régimen capitalista en busca de créditos y préstamos masivos para apuntalar sus siempre tambaleantes economías.

Es un fenómeno también inexplicable, el que las naciones capitalistas o sea las naciones del bloque occidental, siempre han respondido a las solicitudes de préstamos o créditos por parte de las naciones comunistas, concediéndoles sumas cuantiosas y en tal forma ayudando a apuntalar a los regímenes comunistas que lejos de ser representativos de sus respectivos pueblos, son los que los tiranizan y subyugan. De modo que los regímenes capitalistas, al conceder dicha ayuda y préstamos, directamente están contribuyendo al sojuzgamiento de los pueblos oprimidos por el comunismo.

Desde 1970, los gobiernos e instituciones financieras de Occidente, han concedido al bloque de naciones soviéticas, préstamos por un valor total, no menor de ochenta y ocho mil millones de dólares. Según otras estimaciones que incluyen los créditos concedidos por los proveedores y prestamistas independientes, dichas sumas pueden ser en exceso de ciento trece mil millones de dólares. Es decir que el Occidente está contribuyendo masivamente para tratar de extraer a los países socialistas de su caos económico a través de cuantiosas transfusiones de capital. Están contribuyendo para comprar el pan para las masas a fin de mantenerlas sosegadas y tranquilas, y también están contribuyendo para proveer a las industrias socializadas de la tecnología capitalista.

¿Se preguntará el lector el porqué de este apuntalamiento por parte de Occidente de las economías socialistas y de sus regímenes dictatoriales? Tres factores pueden haber contribuido: 1o.) Un desconocimiento por parte de Occidente de las condiciones realmente prevalecientes para los sojuzgados en los países comunistas. 2o.) La excesiva inflación especialmente en los Estados Unidos de Norteamérica, que dió origen a que el dinero fluyera en cantidades masivas a las distintas partes del globo y 3o.) La euforia con la que Occidente aceptó la política de «detente», presumiendo que a través de ella se lograría la pacífica cooperación entre Oriente y Occidente.

Es un error el considerar a los gobiernos de los países comunistas como representantes de sus respectivos pueblos. Los dirigentes de los gobiernos comunistas no pueden ser considerados bajo ningún concepto como los legítimos representantes de sus gobernados. Por el contrario, deben ser considerados como agentes de un aparato monolítico de opresión que carece de todo derecho legítimo de representar al pueblo.

Hoy lo estamos viendo en la callada, pero valiente sublevación que está teniendo lugar en Polonia. El pueblo está rechazando y haciendo a un lado los sindicatos oficiales que decían representarlos, y que les servían de enlace con los altos dirigentes del partido. Han formado su propio sindicato libre «Solidaridad», a través del cual han promovido también un cambio de dirigentes en las altas esferas, removiendo a los antiguos jefes o dirigentes y poniendo en su lugar, a través de una votación libre, a los nuevos dirigentes de su propia elección. El pueblo está ya hastiado de sufrir en silencio las penalidades y privaciones que sus altos dirigentes les imponían, mientras que al mismo tiempo se dan cuenta de todas las granjerías que muchos de éstos disfrutaban, que contrastan con los sacrificios y privaciones a los que ellos mismos están sujetos.

La revolución de los trabajadores polacos revela los tremendos problemas, tensiones y debilidades del sistema comunista. Detrás de la fachada de arrogancia y presunción de los dirigentes soviéticos se destaca la triste realidad de su situación económica, las condiciones de miseria que prevalecen en dichos países y la desesperación de millones de seres condenados a hacer largas colas para comprar la poca comida disponible, o los zapatos o ropa que están racionados. Para llegar a sus plazas de trabajo tienen que caminar kilómetros a pie, ya que el transporte privado, a excepción de la bicicleta, es prácticamente inexistente. Los automóviles privados estan fuera del alcance de la mayoría de los polacos y están reservados únicamente para los miembros del partido y de la clase dirigente. Se carece de muchas de las amenidades a las que las gentes del mundo capitalista están acostumbradas, y que si se logran conseguir en el mercado negro, es a precios exorbitantes, fuera del alcance de la mayoría. Las frustraciones que experimentan las gentes son las que han dado lugar a las huelgas que se vienen sucediendo.

Como la existencia de los sindicatos independientes: «Solidaridad» y el de «los trabajadores del campo», violan la naturaleza misma del comunismo que exige una formación monolítica dominada y dirigida desde arriba, el Kremlin ve con temor este movimiento que debilita la estructura misma del comunismo. Por eso Brezhnev no sólo ha manifestado su profunda preocupación, sino que ha tratado de intimidar a los polacos a través de maniobras de las fuerzas terrestres del bloque soviético cerca de sus fronteras, y también a través de maniobras navales en las aguas del Báltico. Por su parte Estados Unidos de Norteamérica ha manifestado que no vería de buen agrado una invasión militar de Polonia por parte de las naciones del bloque Soviético.

Mientras tanto, las huelgas se siguen sucediendo y los polacos siguen pidiendo a gritos un cambio que suavice y modifique su lamentable situación económica. Lo que no está claro es si se habrán dado cuenta que dicho cambio sólo puede ocurrir con el abandono del sistema socialista y la adopción del sistema capitalista con el funcionamiento del mercado libre. Sólo a través de dicho cambio podrán los polacos alcanzar la prosperidad que tanto anhelan y gozar de las amenidades de que se disfrutan afuera del bloque Soviético.

«Una Polonia libre e independiente es necesaria para la paz mundial. Los seis millones de vidas perdidas durante la Segunda Guerra Mundial, son un signo de nuestro derecho a la Independencia y a la existencia soberana del estado. Debemos recordar siempre que el respeto por este derecho de nuestra nación, así como de las otras, es una condición de la armonía internacional y de la paz mundial».

Juan Pablo II, 7 de Septiembre de 1981.