Año: 25, Mayo 1983 No. 534

LA FARSA DEL SOCIALISMO

Juan Carlos Simons

La utopía no es la única característica del socialismo ni tampoco el único elemento que compone dicho sistema. Es inconsistente, incongruente, irracional y antihumano. Sin embargo, tiene que tener algún atractivo para ser un sistema que tiene aceptación, consciente o inconsciente, de muchas personas.

El éxito de la penetración socialista se debe a varios factores, pero principalmente a la apelación sentimentalista de que hace uso. El hombre tiende a hacer el menor esfuerzo posible y si algún acto puede ser asimilado sin mayor esfuerzo mental, entrando a la conciencia por medio de los sentimientos, en vez de la razón, éste tiene grandes posibilidades de convertirse en motivador de nuestra conducta.

Es bastante común escuchar aseveraciones en el sentido de diferenciar el socialismo del comunismo. Hay quienes dicen «yo simpatizo con el socialismo, pero nunca con el comunismo». Sin embargo, como la mayoría de las veces, es necesario reflexionar algo sobre el tema antes de opinar en este sentido.

Cuando queremos diferenciar dos supuestas teorías en este caso socialismo y comunismo es conveniente analizar la substancia de las mismas y no dejar que solamente las comparaciones metodológicas sean la base de nuestro análisis y por ende lleguemos a conclusiones equivocadas.

Ambos, socialismo y comunismo, proponen el mismo sistema: El control estatal de los medios de producción. Que unos quieran lograr este objetivo por medios pacíficos y que estén mayormente dispuestos a discutir sus puntos, mientras que otros proponen el método de la fuerza para la implantación de dicho sistema totalitario, es solamente cuestión de diferencia de caracteres y de preferencias. Según Engels el socialismo era un movimiento burgués mientras el comunismo representaba un movimiento obrero pero en el fondo, en su esencia, son la misma cosa.

La historia muestra varias caras del socialismo desde el socialismo utópico con Owen, Rodbertus, La Salle, Fourier hasta el socialismo mal llamado «Científico» de Proudhon, Marx, Engels y Lenin. Todos ellas pueden ser llamados socialistas que, genéricamente es correcto.

Marx representa un socialismo que de original no tuvo nada, con excepción de su personal contribución de odio y violencia. Muchos años antes que él, la teoría socialista ya había sido expuesta. Si Lenin no hubiera utilizado el socialismo marxista como fundamento de la revolución, jamás hubiera el comunismo tenido la difusión alcanzada durante este siglo

El sistema socialista constituye únicamente un ataque al capitalismo. No propone un sistema económico como tal, plantea un problema político nada más. El hecho que los países con regímenes dictatoriales socialistas tengan que recurrir al mundo no socialista para tener una guía de precios con el fin de comerciar, nos demuestra el fracaso de su «sistema», económicamente hablando.

Precisamente la diferencia entre los dos sistemas es que solamente el capitalista tiene un sistema de precios, sin el cual la función empresarial no es posible.

El sistema de precios es lo que permite a cualquier persona calcular sus costos, estimar su demanda y hacer sus pronósticos. Esto es posible solamente si se tiene un ambiente de relativa libertad económica. En un país donde los medios de producción están en manos de un solo ente, hacer el cálculo económico resulta imposible.

Si yo quiero saber a qué precio tengo que vender algo, primero tengo que analizar los precios de la competencia, ver mis costos y luego decidir si puedo entrar al mercado a ofrecer algo que la gente necesita y que creo yo que estaría dispuesta a pagarme el precio que pido. En un sistema totalitario si quisiéramos analizar el mercado, nos encontraríamos con que no existe competencia, puesto que el Gobierno es el único oferente; si queremos investigar costos no tenemos término de comparación porque el Estado es el único abastecedor de insumos y además es el único patrón que determina lo que debe recibir cada trabajador a cambio de su trabajo. Es imposible establecer un cálculo realista en esas condiciones.

Es por estas razones que los países con regímenes socialistas pueden ofrecer gangas en el mercado internacional. Si ellos quie­ren vender algún producto, averiguan cuál es el precio de mercado y luego ofrecen un precio por debajo del mismo. Igual les da un precio que otro, ya que desconocen su costo monetario. En un país donde todos los trabajadores son esclavos, el costo mone­tario no existe, el verdadero costo es la pérdida de la libertad.

Al analizar el manifiesto comunista nos damos cuenta de su mensaje netamente materialista, disfrazado de filosofía, que en última instancia lo que se propone es alcanzar el poder político para con ello lograr, mediata o inmediatamente, el control de los medios de producción.

Dentro de la verborrea socialista se dice que todo el «cambio de estructuras» es para pasar de un sistema económico «opresor y explotador» a otro más «justo y humano». Sin embargo, ese trato mas justo y humano ha resultado siempre en esclavitud y miseria, sea en donde sea que se haya establecido el socialismo como sistema.

El socialismo dice que quiere un nivel de vida mejor para el trabajador, algunos proponemos lo mismo. La diferencia está en el sistema que usaremos como medio para lograr el mismo propósito. Es por eso que la discusión debe estar plasmada en el campo económico-ideológico con mayor énfasis que en el político-militar.

Los socialistas están a favor de mejorar los salarios, pero quieren destruir las empresas. Dicen estar contra la pobreza, pero la fomentan con su sistema. Pretenden ser la solución a todos los males y fracasan históricamente ante sus objetivos.

La única solución práctica al problema de la pobreza es crear riqueza. ¿Y esto cómo se logra? ¿En dónde se forma capital más fácilmente, en un país libre o en uno esclavizado con el yugo estatal?

El socialista dice estar promoviendo un sistema socio-económico mas justo, en donde el sentimiento egalitario es el eje principal alrededor del cual debe girar la legislación. Se pretende una «igualdad» para todo, menos una igualdad ante la ley.

Precisamente el concepto de justicia debemos estudiarlo bajo estos términos. ¿Qué será justo, aplicar normas que para obtener determinados resultados se aplican discriminadamente en favor de unos y en perjuicio de otros, o las leyes y normas que son de aplicación general y que juzgan a todos bajo las mismas condiciones?

Un sistema socialista es un sistema lleno de arbitrariedades, porque para que funcione como tal tiene que basarse en la mayor dosis de decisión discrecional posible. El hombre gubernamental se convierte en el gran juez. El criterio burocrático es lo que determina cualquier decisión que atañe a la vida de los gobernados. El gobierno es el amo y señor de la sociedad.

La enorme dosis de intervencionismo burocrático no solo conlleva a corrupción, sino que crea un sistema de privilegios que caracteriza e identifica a cualquier régimen socialista o comunista. Los únicos que viven bien en estos sistemas son los que tienen que ver con el Estado. Los privilegiados son los allegados al «partido» y son los únicos que obtienen los beneficios de ese «justo» sistema, el pueblo poco les importa, solamente es utilizado como excusa para proponer el «cambio de estructuras» que tanto pregonan.

Claro que cambian las estructuras, pero para beneficio de unos pocos con el agravante que no se permite, en dicho sistema, que el individuo común y corriente puede llegar a superarse y gozar algún día del fruto de su trabajo.

El término de «socialista» realmente no debiera ser aplicado a un sistema que destruye la base de cualquier sociedad: el individualismo. No existe sociedad sin individuos, la sociedad como tal no tiene derechos ni obligaciones, es el individuo el único ente susceptible de aplicarle dichos términos. El socialismo pretende que solo la sociedad tenga derechos y que las obligaciones sean exclusivamente para el individuo.

Si nuestras leyes se encaminaran más hacia la búsqueda de la justicia a secas, en donde lo que determinara sí algo es justo o no fuera lo que saliera a luz bajo la aplicación general de normas universales en vez de resultados a posteriori provocados por la legislación casuística, entonces y sólo entonces, podríamos decir que se está haciendo justicia.

El ideal de libertad individual y el afán de superación constituyen para el hombre su mayor anhelo. En la medida en que se restringen es apreciada la existencia de un verdadero sistema de libertad. El socialismo con todas sus injusticias constituye la peor opción que se le pueda presentar a la sociedad. El éxito de lograr el sistema justo que la humanidad busca depende de cuánto se aleje de la farsa socialista.

«La estatización de todos los medios de producción de la economía nacional acarrea el socialismo integral. La estatización de algunos de los medios de producción es un paso hacia la socialización completa. El hecho de que se detenga uno en ese punto o que vaya más lejos, en nada cambia el carácter de estas primeras estatizaciones. Si se quiere que todas las empresas pasen a formar parte de la propiedad de la sociedad organizada, se podrá conseguir sólo mediante la estatización de cada una de ellas, ya sea una después de la otra, o bien todas de una sola vez».

LUDWIG von MISES, «El Socialismo»