Año: 25, Septiembre 1983 No. 542

N. D. Bajo el título de «ESTRATEGIA YTÁCTICA COMUNISTA PARA AMÉRICA LATINA», Eudocio Ravines publicó un folleto poco tiempo después del triunfo de la Revolución Castrista en Cuba. El presente artículo es reproducción de una parte de dicho folleto, que presenta la primera de tres etapas que el comunismo internacional propone para apoderarse de un país latinoamericano. El título es nuestro.

NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Estrategia Comunista

Eudocio Ravines

LA ESTRATEGIA fundamental establecida por Lenin en el II Congreso de la Internacional Comunista, en 1920, se ha mantenido, en su esencia, en la era presente. Las modificaciones introducidas con posterioridad han sido meramente adjetivas, circunstanciales y sin principios.

La revolución en los Países Atrasados será de carácter Nacional Revolucionaria y no Socialista. Pero, los comunistas, en lucha abierta contra toda política Demo-Liberal y Nacional-Reformista, deberán conquistar las posiciones claves que aseguren al comunismo la hegemonía en la dirección y en el comando efectivo de las masas. Un solo propósito deberá animar, a través de todo el proceso revolucionario: y será el de conducir la revolución al comunismo, colocando al país bajo la dominación del campo totalitario.

De acuerdo con tal línea política, la revolución comprende hasta tres etapas diferentes, que no deben ser confundidas ni suplantadas. A cada etapa revolucionaria debe corresponder una forma estratégica peculiar y distinta. La estrategia debe corresponder concretamente a la etapa en la cual se desenvuelven los acontecimientos y a la categoría del proceso político, económico y social que esté desarrollándose.

Cada fase es, por lo tanto, distinta de la otra. Cada una se diferencia, tanto por las finalidades que se persiguen, por la dirección de los golpes estratégicos, por la índole de las movilizaciones y de las alianzas, cuanto por las fuentes ideológicas que deben alimentar el pensamiento y la acción, y por la definición y ubicación de los enemigos fundamentales a quienes hay que abatir y de los enemigos potenciales, a quienes hay que tolerar temporal y precariamente, mientras se liquida la fase estratégica anterior. Inútil se vuelve acentuar que cada una de las etapas forma parte de un mismo y solo proceso, cuya finalidad única y total es arrastrar a cada país latinoamericano a la órbita comunista. Como caso ejemplar se está exhibiendo actualmente Cuba.

LENIN definió la Primera Fase de la revolución en América Latina, estableció las líneas esenciales de la estrategia de esta primera fase y denominó a esta etapa, Nacional-Revolucionaria, esclareciendo que ella no era comunista, ni debía ser confundida con el Socialismo. Estrictamente de acuerdo con la ortodoxia marxista, se estableció que el proceso Nacional Revolucionario no es aún comunista, que no debe aparecer como tal. No necesita presentar al marxismo como su fuente ideológica, ni tampoco levantar como suya la bandera de la Revolución Socialista. No tiene para qué lanzar ataques generales contra el régimen de la Propiedad Privada, ni plantear la socialización de los bienes y de los medios de producción. Estos son programas y funciones específicos del Partido Comunista y no del movimiento Nacional-Revolucionario. Las Tesis del II Congreso, redactadas por Lenin, establecen que:

«La revolución en las colonias y países atrasados, en su primera fase, no puede ser una revolución comunista... No cabe duda que todo movimiento de carácter nacional en los países atrasados, no podrá ser sino nacional-revolucionario...».

Es por esto que la fuente ideológica de esta etapa estratégica, no estará en el marxismo sino simple y directamente en el nacionalismo. Un nacionalismo que emplee todos los medios emocionales y racionales para promover una política agresiva y violenta que aparezca como empresaria de una revolucionaria Liberación Nacional.

En esta etapa, todos los contingentes nacionales deben ser convocados por los comunistas y sus aliados y simpatizantes, nada más que para liberar al país de la dominación extranjera y para conquistar su emancipación integral del coloniaje del imperialismo. Mediante tal Liberación Nacional, el país rescataría sus riquezas, sus centros de producción, y hasta sus instituciones, sus leyes y sus costumbres, de la dominación y de la influencia imperialistas. En el caso latinoamericano se trata obviamente del imperialismo yanqui.

Merced a esta «Liberación Nacional», el país se verá liberado de tres enemigos considerados fundamentales, por el comunismo:

* el imperialismo yanqui como fuerza financiera y política, y las empresas norteamericanas establecidas en el país.

* las oligarquías entreguistas al servicio del imperialismo y la cauda de sirvientes de la oligarquía y lacayos del imperialismo.

* el reformismo democrático, sus promotores y partidarios.

Bajo esta línea estratégica, los movimientos de liberación nacional no tenderán a movilizar a los obreros y campesinos exclusivamente, ni se limitarán a convocar a las fuerzas de izquierda, como los frentes populares lo hicieran en la década del 30. Sus llamamientos se dirigirán y sus esfuerzos organizativos tenderán hacia todos los sectores sociales susceptibles de asumir una posición nacionalista anti-norte-americana. La gran tarea estratégica será promover una vasta acción adversa a los Estados Unidos, cualquiera que sea la forma que adopte.

En esta etapa, todos los elementos existentes deberán ser puestos al servicio de la exasperación del nacionalismo antiyanqui. Los factores económicos adversos o perturbadores de las economías nativas. Los resentimientos raciales. Los malos recuerdos históricos. Los elementos culturales disímiles. Las diferencias religiosas, idiomáticas o costumbristas. En resumen, todo lo que pueda separar, poner en entredicho, divorciar o promover situaciones conflictivas.

En esta etapa, el Nacionalismo Revolucionario, y la Liberación Nacional que es su expresión política en este momento utilizan las incidencias críticas creadas por las oscilaciones de los precios de las materias primas latinoamericanas. Toda baja del café se convertirá en proceso acusatorio contra el imperialismo yanqui, en Colombia, en El Salvador, en Guatemala o en Brasil. Las bajas del plomo, de cinc o del cobre, serán el tema de un airado clamor antiyanqui en México, en Perú, en Chile.

Estas protestas que, en ciertos aspectos, sirven el interés inmediato de sectores agrarios o mineros, el movimiento Nacional-Revolucionario, manipulado por los comunistas, influirá sobre la mentalidad hecha permeable por los sucesos, de agrarios y de mineros. Bajo la acción del descontento consiguiente al perjuicio determinado por estas bajas de precios, se hace factible infiltrar un nacionalismo fuertemente cargado de anti-norte-americanismo. Así se realiza la finalidad estratégica que corresponde a esta Primera Fase, o primer momento estratégico del comunismo.

En esta etapa, los comunistas están haciendo desempeñar una función ideológica trascendente al indigenismo. La idealización del pasado aborigen, acompañada de la anatematización de la Conquista española y de todo lo que de ella se derivara, son formas mentales que han sido ancladas en el pensamiento político de izquierda. Se reitera el esfuerzo por reemplazar, en el campo de las ideas, los manantiales del pensamiento occidental, por las fuentes míticas y de ficción del primitivismo.

Estas corrientes mentales sirven luego para alimentar el racismo. La reivindicación agresiva del indígena y del mestizo, se pervierte hasta convertirse en repudio y odio al hombre blanco. Tal clase de mentalidad sirve como combustible irracional de primera clase del antiimperialismo yanqui. Como quiera que esta corriente indigenista no reivindica ni defiende al marxismo, ni al comunismo, ella sirve de modo eficiente e insospechable a la estrategia comunista de esta primera etapa de la revolución en países atrasados.

SIGNO DISTINTIVO, inequívoco, de la estrategia comunista en esta Primera Fase que dijera Lenin, es que todo el contenido y todas las formas de la ideología del Nacionalismo Revolucionario, desembocarán siempre en todos los casos, cualesquiera que puedan ser las circunstancias, en posiciones y actitudes siempre adversas a los Estados Unidos. La crítica acerba recaerá siempre sobre la política de los Estados Unidos. Las resistencias más tenaces serán levantadas contra toda especie de influencia norteamericana. Los ataques más enconados serán siempre lanzados contra las posiciones, las iniciativas o la política de Washington.

Tal consecuencia, comprueba, en cualquier momento, el vasallaje de esta acción Nacional-Revolucionaria a la política de Moscú. Para Rusia, el enemigo fundamental es Estados Unidos. Para todos los frentes de Liberación Nacional, para todas las empresas Nacional-Revolucionarias, toda posición será igualmente anti-norteamericana, lo que demuestra no solamente el hecho de un evidente coloniaje mental, de tipo ideológico y político, sino un fenómeno de obediencia teórica y práctica a los mandatos, francos o subrepticios, de una potencia extranjera.

Las posiciones y actitudes de la Liberación Nacional, no se limitan al plano general, ni permanecen en el campo internacional. La actividad penetra dentro de cada nación, se centraliza en cada región, en cada localidad, en cada centro de trabajo. Se muestra en cada incidente y explota cada episodio. De esta manera, la acción estratégica comunista se vincula a la política doméstica, se incorpora a la actividad cotidiana.

Las empresas norteamericanas, establecidas en América Latina, constituyen los centros de ataque, en esta primera fase estratégica del comunismo. Ellas son convertidas en representativas del mal que irroga la actividad de un Capitalismo de historial macabro. La actividad primordial de la empresa nacional-revolucionaria en América Latina, consistirá en desacreditar a las empresas norteamericanas de cualquier tipo, en desprestigiarlas, en cargar sobre ellas las peores acusaciones. El ataque se desenvolverá graduado en términos que irán desde la crítica, algunas veces justa, hasta la exigencia de nacionalizaciones totales, de confiscaciones sin indemnización, so pretexto de irregularidades jurídicas o de nulidad de los contratos mediante los cuales se otorgaron concesiones a empresas norteamericanas.

APARECE con claridad que, en esta primera fase estratégica, el ideario comunista, el programa marxista, la bandera roja, son innecesarios. Más todavía: resultan sectarios. Perjudican la captación de masas que están dispuestas a marchar tras ardientes banderas nacionalistas, pero que sienten repugnancia por el comunismo. Basta un sistema de ideas nacional-revolucionario. Es suficiente un ideario en el que puedan mezclarse hábilmente las invectivas contra el imperialismo con los anhelos de industrialización y las letras de los himnos nacionales.

No se necesita para tener éxito sino combinar los clamores de liberación nacional con el trabajo de penetración comunista en campos cerrados para la infiltración del marxismo-leninismo.

La posición NacionalRevolucionaria, parte de la estrategia comunista en esta Primera Fase que dijera Lenin, no será la de pedir la socialización de la propiedad. Sólo pedirá el rescate de las riquezas nacionales de la explotación imperialista. No se insinuará siquiera la idea de ninguna especie de colectivización, ni de abolición de la propiedad, especialmente entre los campesinos. Se apostrofará, en forma general, al Capitalismo y, a su etapa superior, el Imperialismo Yanqui.

En América Latina, el Capitalismo es incipiente, raquítico, desprovisto de la consolidación que exhibe en los países desarrollados. Los distintos países latinoamericanos padecen, a esta hora, no a causa del Capitalismo, sino como consecuencia de la falta de Capitalismo. En la vida económica y social imperan rezagos de la era precapitalista, del tiempo de la Encomienda Colonial, de las formas de vida y de trabajo del primitivismo. Esto es celosamente ocultado por los comunistas y, por coincidencia, por los más exaltados Nacional-Revolucionarios. Y ambos utilizan el ánimo adverso al Capitalismo de todos los sectores que tratan de defender aún el Pre-capitalismo, la Encomienda, el Primitivismo.

La obediencia comunista de la empresa Nacional-Revolucionaria es constatable en una constante sólida. Toda expresión, todo gesto, todo clamoreo patrióticos vendrán siempre acompañados de anticapitalismo y de antiyanquismo. En nombre de la nación retrasada se acusará al Capitalismo de ser el causante de la miseria, de la ignorancia, de la injusticia. El ataque contra el Capitalismo, en esta primera fase estratégica, no revestirá, en todo caso, un carácter comunista, ni estará animado por un contenido marxista.

El clamor Nacional-Revolucionario, la empresa de la Liberación Nacional, preferirán el ataque de flanco. La finalidad estratégica de esta primera etapa no será destruir el Capitalismo como sistema, sino solamente desacreditarlo, desquiciarlo, demoler sus fundaciones, introducir en su estructura embrionaria todo género de hibridaciones socialistas.

En esta primera fase estratégica, el comunismo luchará más por el triunfo de una política de intervencionismo estatal que vaya desde meras fijaciones de precios, por decreto, para beneficio del pueblo, hasta las más rígidas formas de política económica dirigista, contraria a la libre empresa.

La inflación, las trabas estatales a la libre iniciativa, el control estatal de los cambios, las restricciones al funcionamiento de la ley de la oferta y la demanda, los monopolios estatales, la imposición de nacionalizaciones a las empresas norteamericanas, constituyen formas y expresiones de la estrategia comunista en esta etapa Nacional-Revolucionaria. Y toda esta política será promovida y exigida, no en nombre del Marxismo, ni en cumplimiento de las Tesis de Lenin en el II Congreso, sino exclusivamente para servir la causa de la Justicia Social.

AL PROPIO tiempo que la fraseología comunista es eliminada en lo posible, y reemplazada por ideas, actitudes y léxico Nacional-Revolucionario, la filosofía de la Lucha de Clases del Marxismo es, no solamente vestida con otro ropaje, sino en realidad desplazada hacia otro campo de gravitación social y política.

La Lucha de Clases, planteada en el Manifiesto Comunista, entre Burguesía y Proletariado, entre Capitalismo y Socialismo, no tiene vigencia en la etapa Nacional-Revolucionaria. La sociedad de los países atrasados no está dividida, en lo fundamental, entre Burgueses y Proletarios. Ambas clases sociales son las menos numerosas de la población. Lenin sostuvo en su discurso del II Congreso de la Internacional Comunista:

«La gran masa de la población de los países atrasados está formada por campesinos que representan relaciones sociales burguesas y capitalistas».

Por esto, los Nacional-Revolucionarios desposan la filosofía de la Lucha de Clases del Marxismo, trasladando a campos sociales diferentes el terreno del combate. En los países atrasados no se planteará, por tanto en la primera fase estratégica del comunismo, la Lucha de Clases entre Burgueses y Proletarios, sino que se creará la categoría social de la Oligarquía, a un lado, y el Pueblo, al otro. De esta manera, con tal eufemismo sofístico, se eliminan dificultades, se encubre espesamente la ideología comunista y se crea ante la masa un enemigo común que es la Oligarquía.

Así, toda política Nacional-Revolucionaria se distinguirá por ser y proclamarse anti-imperialista, anti-oligárquica y anti-capitalista.

A través de la experiencia, la Oligarquía viene resultando un término que corresponde a un contenido de elasticidad asombrosa. Oligarca puede ser un personaje poseedor de cuantiosa fortuna o un elemento de Clase Media, no afortunado pero adverso al comunismo. Para obviar toda dificultad lógica formal se ha fabricado una categoría de sirvientes de la oligarquía que deben ser forzosamente entreguistas y lacayos del imperialismo yanqui.

El Pueblo, gran protagonista de la Liberación Nacional, debe liquidar previamente a la Oligarquía y a los sirvientes de la misma. La Revolución Cubana ha iluminado, con luminosidad especial, el contenido, las fronteras y contornos de la oligarquía. Se comenzó por desposeer a las grandes empresas extranjeras, porque eran imperialistas. Se continuó con los nativos más ricos, porque eran oligarcas. Pero, inmediatamente se continuó hasta llegar al despojo total de la propiedad. Resultó en la práctica, con toda claridad, que oligarca es todo aquel que posee una propiedad, sea cual fuere su importancia, su función o su propietario.

La Revolución Cubana exhibió asimismo, con caracteres espectaculares, el vertiginoso paso de una revolución Democrático-Burguesa, hacia el coloniaje comunista; la transformación de un movimiento Nacional-Revolucionario en una entrega total al imperialismo comunista. El pueblo cubano pasó de una etapa a otra, sin siquiera darse cuenta, sin poder hacer nada para impedirlo. La estrategia comunista de la Primera Fase había funcionado en conformidad con los planes trazados por el comunismo internacional.