Año: 28, 1986 No. 619

N. D. La lectura del libro-testimonio Contra toda esperanza, del poeta cubano Armando Valladares, suscita el comentario admirado del autor. Thomas es un prestigioso historiador inglés, autor de La Guerra Civil Española Cuba: La Búsqueda de La Libertad, entre otros. Cortesía de Firmas.

LA TORTURA EN CUBA

Por HUGH THOMAS

(Londres) Por favor, vuelva la página. Lo más probable es que este artículo y el libro del que trata no sean de su interés. Y esto por tres razones. La primera, porque un relato sobre crueldades y ensañamiento que tienen lugar de manera persistente en nuestros tiempos, resulta prácticamente imposible de asumir para la mayoría de nuestros compatriotas, acostumbrados como estamos al normal desarrollo constitucional, como lo demuestran nuestra despreocupación hacia las políticas de Stalin antes de la II Guerra Mundial, y hacia las de Hitler durante la misma. La segunda, porque el libro trata de la América Latina y, por consiguiente, es probable que parezca de escaso interés a la mayoría de los ingleses, que desconocen los datos fundamentales de la geografía y la historia de esa región. La tercera, porque el libro se desarrolla en Cuba, cuyo odioso régimen actual, que hace ahora casi 30 años que ejerce el poder, ha disfrutado de un favorable tratamiento en los medios informativos europeos, debido a la evidente razón de que Castro ha hecho algo que todos los europeos se han sentido perversamente tentados a hacer: «enfrentarse» a los Estados Unidos... y ha sobrevivido.

Para la exigua minoría que no responde a las razones apuntadas en el párrafo anterior, el Libro de Valladares es una verdadera bomba. El sufrimiento descrito por el autor, las injusticias de que fue víctima u observó en otros, el valor. la fe (en Dios y en sí mismo) y la capacidad de resistencia que demostró él mismo y que vio en otros (y que a menudo pero retribuida con el asesinato), hacen de este relato uno de los libros más extraordinarios que yo haya leído. La composición hay que establecerla con los relatos sobre los campos de concentración nazis. Aunque todavía no hay cámaras de gas en Cuba, si han tenido lugar criminales experimentos biológicos con el propósito de establecer los límites de la supervivencia humana en condiciones de ayuno total, de golpeaduras continuadas, de confinamiento solitario y de muchas otras clases de malos tratos. El relato de Valladares de su trabajo en las canteras no difiere mucho en cuanto a inhumanidad de los muchos que se han escrito exponiendo las condiciones de «vida» en Mauthausen. Y no se debe olvidar que las bestialidades de la Alemania Nazi duraron a lo sumo 12 años, y que las mayores crueldades en el campo de exterminio de Auschwitz se prolongaron durante 4 años, mientras que el período de heroico encarcelamiento de Valladares se extendió a lo largo de 22 años, de 1960 a 1982.

Desdichadamente, el relato de Valladares no es único. Pero lo importante en relación con su libro es que constituye la primera información sobre las condiciones imperantes en las cárceles cubanas que aparece en nuestro país. Uno o dos testimonios de menor envergadura han sido publicados en otros países, en especial el relato sobre los tres años de prisión que sufrió en Cuba el ex-comunista francés Pierre Golendorf. La mayoría de las personas que han padecido el gulag cubano y que han sobrevivido, se han mostrado comprensiblemente aprensivas ante amenazas similares a la hecha por un general de la policía a Valladares, cuando éste pudo finalmente abandonar el país: «La revolución tiene brazos largos, Valladares, no lo olvide». Otros, como Huber Malos, han estado demasiado ocupados en tareas de organización política del exilio cubano, para comprometerse en la tarea de recuperar para la historia, en forma literaria, sus experiencias de la prisión. En consecuencia, Valladares es un pionero, y su libro, que ya ha sido acogido generosamente en los Estados Unidos, España y Francia, le proporcionaron una grande y bien merecida reputación internacional.

Valladares no era un contrarrevolucionaria ni un agente de la CIA en el momento de su encarcelamiento. Tampoco era, a pesar de los fraudulentos esfuerzos del gobierno cubano por probarlo, miembro de la policía de Batista. Por el contrario, a la edad de 23 años era un estudiante que trabajaba en la Caja de Ahorro Postal. Valladares se pronunciaba abiertamente contra el creciente control comunista de la revolución liderada por Castro. En los tensos días que antecedieron al desembarco por Bahía de Cochinos, que antecedieron al desembarco por Bahía de fue arrestado una madrugada en el apartamento de su madre en La Habana, sometido a juicio sumario y condenado a 30 años de prisión, con lo que dio inicio su largo calvario a través de algunas de las peores prisiones de la Isla y del mundo: Isla de Pinos (de la que se piensa ¡ay! que inspiró a Stevenson la Isla del Tesoro), Boniato, en Oriente, (a cuyos brutales guardianes bien se puede comparar con los nazis), el Combinado del Este, flamante prisión construida en los años ‘60 para atender las necesidades de la creciente población penitenciaria, y, sobre todo, La Cabaña, vieja fortaleza colonial erigida a uno de los costados del puerto de La Habana, que puede resultar conocida a aquellos que posean grabados de la expedición de Lord Albermarle en 1762. y por cuyos patios ha corrido, desde 1961, la sanare de muchos miles de opositores al régimen de Castro.

Las experiencias de Valladares en el universo concentracionario cubano, narradas en forma directa, incluyen una fuga que tuvo éxito durante algunos días, y que, seguida por los horrores de la celda de castigo, echa por el suelo las insistentes declaraciones del régimen acerca de que no practica la tortura. El libro relata igualmente el episodio de su negativo, junto a otros compañeros de prisión, a aceptar la libertad condicional a cambio de que se sometieran a la «rehabilitación» y acataran el continuismo (el miembro más prominente de ese grupo era Pedro Luis Boitel, Uder estudiantil que cometió la imprudencia de derrotar ol candidato gubernamental en las elecciones universitarias de 1960, por lo que fue encarcelado. Murió ó fue asesinado en 1972, tras una huelga de hambre. La madre de Bostel fue apaleada por la policía cuando intentaba encontrar la tumba de su hijo). Relata igualmente Valladares la forma en que conoció a Martha y cómo le fue permitido casarse con ella. Martha solía visitar a su padre, compañero de prisión de Valladares, quien empezó a enviarle a la muchacha cartas que milagrosamente lograba sacar de contrabando de la cárcel, creando con ello las bases de una actividad literaria clandestina, a la cual, en última instancia, debe su liberación, luego de varios meses de intensa rehabilitación física, como resultado de una solicitud personal del Presidente Mitterrand. A este respecto es merecedora de reconocimiento la compañía llevada a cabo por diarios franceses y españoles.

Debería darse una amplia publicidad a la lista de los torturadores mencionados en este libro (Amnistía Internacional podría considerar la posibilidad de crear un nuevo departamento, con funciones similares a las de Simón WiessenthaI con respecto a los nazis, que se ocupara de que esa clase de hambres no dejen de recibir el merecido castigo judicial en la improbable eventualidad de que el régimen caiga).

Sin embarqo, el principal recuerdo que atesorará el lector de espléndido libro no será el horror de la injusticia, sino más bien la inspiración de que tanta gente de una nación de rumberos, tabaqueros y comerciantes de azúcar, de la que nadie hubiera pensado antes de 1959 que podía producir grandes hombres, haya demostrado durante tan largo tiempo tan asombrosa capacidad para la resistencia y el valor.

Actualmente Valladares vive en Madrid, en compañía de su esposa Martha. Es un hombre educado, cortés, que con algo más de 40 años no muestra una sola cana en el cabello. Habla de sus años de encierro sin esfuerzo y sin alardes da la impresión de que se refiere a una desagradable estancia de una o dos semanas en el hospital, y no a cerca de un cuarto de siglo de encarcelamiento. Me parece que su conducta se sitúa más alía de cualquier comparación.

¡LA PROMESA ROTA!

«El socialismo es la etapa de desarrollo social de la sociedad conducida por la dictadura del proletariado hacia la sociedad en la que el Estado habrá dejado de existir».

1925, José Stalin, discurso a los estudiantes de la Universidad de los Pueblos del Este.