Año: 29, 1987 No. 637

N.D. Alfred Sherman realizó sus estudios en la Escuela de Economía de Londres. Sus trabajos profesionales han sido de analista económico, periodista en el área económica y consultor en asuntos sobre política pública. Fue director del Centro de Estudios en Política (CPS) en Londres, Inglaterra. Visitó Guatemala como Profesor Visitante de la Universidad Francisco Marroquín. Este artículo es un fragmento de su ensayo publicado con el mismo nombre, en «Profetas de la Libertad Económica».

La Restauración de Adam Smith

Alfred Sherman

Un ensayo sobre Adam Smith empieza por un dilema. Smith ha pagado el precio de la grandeza llegando a millones de lectores de segunda, tercera y cuarta mano, más deteriorado en cada transacción. El ensayista que trate de restaurar a Smith se sentirá fuertemente tentado a ofrecer un resumen alternativo de lo que realmente quiso decir. Si Smith quien era un maestro del lenguaje hubiese considerado sus ideas reducibles a un par de centenares de oraciones, la extensión de este tributo, lo hubiese hecho. Lo cierto es que no lo hizo, como tampoco lo haré yo.

La clave del trabajo de Smith, los malos entendidos y las malas interpretaciones, y su influencia se encuentra en su «mano invisible». Primero, sus discípulos la entendieron mal; luego, esto allanó el camino para las interpretaciones erradas de quienes nos intentan controlar en una u otra forma:

La «mano invisible» de Smith no era fatalista ni optimista; no afirmaba que todo estaría bien en el mejor de los mundos posibles si dejábamos que la mano oculta operara libremente. Tampoco consideraba Smith el interés propio como una garantía suficiente de lo bueno. Era Smith demasiado sutil, ilustrado, escéptico, y consciente de que la historia nos depara muchas sorpresas. Su tesis era que la gran perspectiva de la historia, siglos de progreso económico y político no habían derivado del designio premeditado de los gobernantes sino de una especie de mano invisible, a resultas de grandes fuerzas político-económicas generadas por la interacción de millones de personas que se ocupaban de sus propios asuntos guiados por una combinación de egoísmo, comprensión y simpatía natural por otros seres humanos, lealtad, preocupación por la justicia (motivada en buena parte por un egoísmo ilustrado), y el deseo de ser bien considerado. Nos dio Smith una idea del poder de millones de personas que se ocupan de sus propios asuntos y de la miopía de quienes tratan de manipular las economías nacionales.

La riqueza de las naciones describió la forma en que habían interactuado y seguían interactuando el cambio económico y el cambio político. Smith no imputó ninguna virtud moral especial al egoísmo o el deseo de acumular riqueza material, como lo hizo con algunas emociones más elevadas. Describió la forma en que los hombres tal como realmente son, con todo su egoísmo y sus imperfecciones, pueden crear sociedades justas y progresistas. Sostuvo que la mejor sociedad es aquella que puede conectar el egoísmo del hombre con fines sociales más amplios. Descubrió que las sociedades orientadas hacia el mercado logran este resultado, bajo ciertas condiciones.

Invariablemente se compara a Smith con Marx. Aquí podríamos contrastar sus enfoques diferentes de la naturaleza humana.

Smith dio por sentado que si quería escribir acerca de la sociedad necesitarla alguna teoría de la naturaleza humana, en la que había trabajado como filósofo. No sostuvo que la naturaleza humana fuese estática, ni especuló demasiado acerca de las limitaciones de sus posibles cambios. Elaboró un modelo funcional de la naturaleza humana y se preguntó cuál clase de sociedad lo encuadraba mejor, sin olvidar que la sociedad misma modifica el comportamiento humano.

En cambio, Marx no quiso aducir ninguna teoría explícita o consistente de la naturaleza humana. Sacó de su sombrero hegeliano la idea de que la conciencia del hombre está condicionada o determinada, dicen otros sabios por su ambiente. Pero no hay duda de que este concepto metafísico resulta inútil como una herramienta de análisis para la explicación del comportamiento particular, por lo menos porque la clase obrera nunca se comporta como quisie­ran los marxistas que lo hicieran.

Dado que la naturaleza humana es visiblemente una espina en el flanco socialista, convendrá regresar a Smith, cuyas teorías desempeñaron un papel tan formativo en la historia británica durante el siglo siguiente, como base de una economía libre en una sociedad libre, donde los hombres pensaran por si mismos. La diferencia existente entre la concepción de la naturaleza humana de los dos pensadores revela una distinción más amplia entre ellos. Marx combinó su papel como analista con el de profeta y «legislador para la humanidad». Nunca quiso distinguir entre los pronósticos y las prescripciones, entre lo que consideraba inevitable y lo que creía deseable. Peor aún: violó Marx su propia dialéctica cuando postuló un nirvana socialista más allá de la última antítesis, cuando las contradicciones llegaran a su fin. ¡Nunca lo harán!

Adam Smith postuló menos. Se abstuvo de predicar, confiando en que sus lectores serían tan capaces como él para extraer implicaciones morales. No pronosticó una utopía del mercado libre más allá del arco iris. Por el contrario, fue un dialéctico más genuino que Marx o Hegel, precisamente a causa de su enfoque empirista y escéptico.

Contra lo que generalmente se cree, Smith no quería arrojar al gobierno a los márgenes de la sociedad. Percibía un gran papel para el gobierno, pero sobre todo en lo referente a la creación del marco en el que los individuos de todas clases pudieran ocuparse de sus asuntos, o sea más de lo que ha hecho hasta ahora. Propuso muchos ejemplos de la incapacidad de las economías para desarrollarse porque quienes tenían el poder consumían todo lo excedente que de otro modo se habría dedicado a la inversión.

«Las grandes naciones nunca se ven empobrecidas por la prodigalidad y la mala conducta privadas, pero no podemos decir lo mismo de la prodigalidad y la mala conducta públicas. En la mayoría de los países, se utiliza todo el ingreso público, o casi todo, en el mantenimiento de personas improductivas. . . Esas personas improductivas, que debieran ser mantenidas sólo por una parte del ingreso sobrante del pueblo, pueden consumir una parte tan grande de su ingreso total, y obligar así a muchos a echar mano de sus capitales, de los fondos destinados al mantenimiento de los trabajadores productivos, que toda la frugalidad y la buena conducta de los individuos puede resultar insuficiente pa­ra compensar el derroche y la degradación de la producción ocasionados por esta usurpación violenta y forzada».

Smith era un filósofo y lo que ahora llamaríamos un sociólogo. Llegó a la economía desde afuera, tras haberse hecho famoso en otro campo, y veía la teoría económica como parte de un todo más amplio. Jamás habría tratado de abstraer la actividad económica de su contexto sociopolítico, ni habría confundido la riqueza con el bienestar. No contempló el progreso sólo en términos de una riqueza creciente, sino también en términos de una libertad más amplia, el derecho incrementado de los hombres a escoger su ocupación y tomar su futuro en sus propias manos. La historia de más de mil años de progreso registrada por Smith presentaba el bienestar material, la libertad, la justicia y la seguridad como fenómenos inextricablemente ligados. Su desconfianza de los gobiernos lo llevó a la convicción de que la verdadera grandeza de la economía libre, tal como la veía surgir en su país, consistía en la disciplina automática de los esfuerzos de los individuos por su propio bienestar y el de sus familias, para llegar a ser útil a sus semejantes. Doscientos años de experiencia posterior, y en particular la de los últimos treinta años, han confirmado que tenía toda la razón.

PROFETAS DE LA LIBERTAD ECONOMICA

Ensayos sobre: ADAM SMITH, JOHN STUART MILL, ALFRED MARSHALL, JOHN MAYNARD KEYNES, MILTON FRIEDMAN, LUDWIG VON MISES, KARL POPPER, FRIEDRICH A. HAYEK.

«Una sociedad libre y una economía libre son inseparables. En esta obra, se presentan en diferentes ensayos, los pensamientos fundamentales de los forjadores del movimiento intelectual que no sólo visualizaron la necesidad de la existencia de una economía libre para la sociedad, sino la creación de un modelo completo de sociedad en donde las libertades individuales y colectivas gozaran de máxima protección. Las ideas de estos pensadores a quienes podríamos llamar, al igual que a la presente obra los profetas de la Libertad económica, hicieron posible la creación de un modelo de sociedad con una forma de Estado que aspira a autocontrolarse por el respeto e imperio de la ley. Un Estado que denomina­mos Estado de Derecho porque en él los ciudadanos no tienen, no desean tener una autoridad superior a la que emana de sus propias leyes: que está basado en la democracia como forma de gobierno y en la libertad económica como sistema para incentivar a los individuos a participar en la vida económica....».

Publicada originalmente en inglés por Aims of Industry, esta antología está disponible en español bajo el sello editorial del Centro de Estudios en Economía y Educación, de Monterrey. Pasta dura. 122 Páginas.

EL PODER DE LA RECUPERACIÓN ECONOMICA

«El esfuerzo uniforme, constante e ininterrumpido de cada hombre por mejorar su condición, el principio de donde derivó originalmente la opulencia pública y nacional, tanto como la privada, es con frecuencia suficiente poderoso para conservar el progreso natural de las cosas hacia el mejoramiento, a pesar de la extravagancia del gobierno y de los mayores errores de la administración. Como el principio desconocido de la vida animal, que con frecuencia restablece la salud y el vigor, a pesar no sólo de la enfermedad, sino de las prescripciones absurdas del médico».

Adam Smith, 1776