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Año: 30, Enero 1988 No. 645
N.D. El Reverendo Padre Carlos Caballero, de la Sociedad de Jesús ejerce su ministerio en Managua, Nicaragua. Este ensayo es un fragmento de su invocación inaugural en la Asamblea General del Instituto Nicaragüense para el Desarrollo. INDE. inaugurada en abril de 1987. Tomado de un boletín del COSEP.
LA FABULA DE LOS CONEJOS
Por. R. P. Carlos Caballero, S. J.
La PAZ ya no es Paz en Nicaragua: La Paz es un cementerio. La LIBERTAD ya no es libertad entre nosotros; la SOLIDARIDAD es un camuflaje retórico; la CONVIVENCIA se nos escapa por todas las fronteras de Nicaragua; la PROPIEDAD PRIVADA es ya fugacidad; el DERECHO es arbitraria ley del embudo; la JUSTICIA necesita de adjetivos para no serlo; el PLURALISMO es un señuelo que espanta y aleja; el EJERCITO Y EL GOBIERNO SON UN PARTIDO UNICO; y la AUTODETERMINACION ES UNA MALA COPIA DE IDELOGÍAS MARXISTAS Y CRIOLLAS DICTADAS DESDE AFUERA.
Ante este panorama sin horizontes, volvemos nuestros ojos hacia los que son o parecen ser nuestros amigos; y nos encontramos que nuestros amigos nuestros queridos y difíciles amigos están empeñados en revivir una «vieja fábula» de un autor del siglo XVIII que se apellidaba Iriarte. Conocimos esa literatura y esa fábula; y la leímos hasta tenerla que aprenderla de memoria en nuestros ya lejanos años escolares.
Eran dos conejos que corrían perseguidos, acosados y angustiados; les iban pisando los talones unos perros feroces y cazadores que les iban ganando terreno a nuestro par de conejos. Los perros de caza cada vez más amenazantes y más cercanos; los conejos corrían pero para todos los que leímos aquella fábula de Iriarte, veíamos angustiados cómo los dos conejos se detenían a discutir y deliberar entre ellos: Si los perros de caza que les perseguían eran galgos o eran podencos. Uno de los conejos decía y sostenía: «son podencos» y el conejo argüía: «No; que son galgos».
Discutían; y traían razones y sin-razones; llegaron a tocar todos los perfiles y estilos de todas las razas caninas. No se ponían de acuerdo nuestros conejos desventurados que seguían parados y quietos discutiendo sin solución.
El resultado nos lo cuenta el fabulista Iriarte: Llegaron los perros feroces que jamás discutieron, que jamás se detuvieron, que jamás dudaron y que jamás renunciaron en aquella carrera de vida o muerte. . de «ser o no ser»; y llegaron y se comieron a nuestros dos insensatos, escrupulosos y legalistas conejos.
Han tenido que pasar muchos años y muchas cosas entre nosotros para ver a nuestros amigos metidos en plena carrera, perseguidos y acosados por perros cazadores, embarazados en discusiones de si «son o no son». de si «Centroamérica es Vietnam, o no lo es»; de si el «Iran-gate es o no es licito»; de si es o no es «Iran-contragate»; si fueron o no fueron cien millones los que pasaron, o no pasaron; por las cuentas de los bancos suizos; o si fueron, o no se fueron, a las manos de la «contra-Nicaragüense».
Sabemos todos que aquellos perros cazadores no se reían de los conejos. Pero los perros de hoy no sólo corren y se arman sino que se ríen a carcajadas de los que discuten; de los conejos que se defienden diciendo o que no sabían nada»; de los que confiesan a última hora diciendo «que aquello fue un gran error».De los conejos que dicen que no se acuerdan de lo que un día dijeron y ordenaron.
Ellos los perros se carcajean de tanto embrollo, de tanta comisión investigadora, de tanto informe. Porque ellos van a devorar sistemáticamente a todo conejo dudoso, escrupuloso o legalista que se les presente por el camino de Centroamérica a México, y de México para más allá, hasta allá arriba.
Aquellos conejos y estos nuestros difíciles amigos de hoy, configuran una democracia secuestrada, incapaz de articular una respuesta adecuada y rotunda frente a sus enemigos; una democracia que balbucea excusas cuando se defiende. Configuran nuestros amigos una democracia blanda, una democracia masoquista que parece gozarse en su propia debilidad y cuya regla de oro es el apaciguamiento de los perros cazadores.
Nosotros ya no tenemos tiempo. Vivimos ya la hora veinticinco; pero parece que sólo tenemos «tiempo» para renunciar. Ha empezado la colitis de las renuncias porque a lo mejor brillará el «apaciguamiento» y las cosas nos irán mejor. Parece que sólo tenemos tiempo para convencernos que no somos políticos, que lo nuestro es producir. ; que lo nuestro es «apaciguar a los perros» para que nos dejen seguir viviendo como conejos. Y en esta «hora veinticinco», recuerdo a aquel inglés de apellido Churchill, cuando la delegación británica en 1938 volvía a aquel Munich, símbolo de todos los apaciguamientos. Fue entonces cuando Churchill expresó lapidariamente el destino de todos los «apaciguadores» ellos y nosotros y el destino de todos los apaciguamientos ante perros concretos y cazadores: «Entre el honor y la guerra, habéis escogido el deshonor, pero también tendréis la guerra». Qué difícil nos es ahora, a nosotros, en esta nuestra hora veinticinco, creer y confiar en los que vienen a Nicaragua encarnando la frágil democracia latinoamericana, todavía forrada en mucho oropel oratorio y demagógico, pero pasando por elecciones dentro de un sistema de libertades personales y públicas. Democracias frágiles, pero con esperanzas.
Al principio de este año oímos y vimos la apolínea figura de un Presidente latinoamericano que vino a respaldar una Constitución, que a las pocas horas de ser promulgada a tambor batiente y mirando a la galería exterior, fue engullida y devorada por el Decreto Permanente de Emergencia. El Presidente que vino del Sur de nuestra América nos trajo dos soldaditos de plomo sacados de un Palacio Presidencial situado en una de las más bellas plazas del mundo, en aquella Lima peruana, que todavía conserva el buen olor de la «Flor de la Canela»
En su discurso, el Presidente del Perú habló de libertad y libertades; habló de sindicalismo libre; de derecho a la huelga; habló de iniciativa privada; de pluralismo y oposición política. Y a medida que despechaba su bien entonado discurso, que nos parecía «música celestial», yo me preguntaba si el Señor Alan García sabía en qué país había aterrizado unas horas antes.
Me había propuesto no tocar a Contadora, la paradisíaca isla donde el tiempo no pasa, donde los problemas se remansan, donde los problemas se diluyen «libélulas vagas de una vaga ilusión» donde se intenta apaciguar, como en Munich, a los perros de presa ¡Qué importa que después de seis años de discusiones y apaciguamientos serán o no serán como en la fábula aquella...!!!
Resultado sabrosísimo de Contadora ha sido la más peculiar y regocijante novela Picaresca de nuestra literatura latinoamericana para sestear, engañar, dilatar y «apaciguar». Contadora, o Cuentadora se ha convertido en lugar de cita común para cualquier Delegado o Comisionado que venga del Norte o del Sur; es una sutilísima tela de araña con toda la picardía latina para cualquier abejorro del Este o del Oeste. Al drama se le ha sumado la telenovela del Grupo de Apoyo, con más cocktails.
Y ahora, para nosotros todavía aturdidos y angustiados, nos viene por el Sur otro Plan como una segunda parte, ipegue, apéndice o próstata de Contadora. ¿Será o no será el Plan de Arias? ¿Será o no será el Plan de Esquipulas? Y ya no nos queda, en esta nuestra negra hora veinticinco, más que preguntarnos con aquella inolvidable canción de Nat King Cole: «Siempre que te pregunto que cuándo, cómo y dónde», tú siempre me respondes: «Quizás, quizás, quizás». En el Parlamento Centroamericano se va a ir a hacer eso: parlar, parlar y parlar.
Este es un panorama de realidades que nos agobia y nos preocupa. Y leemos en tu Evangelio: «No estén agobiados pensando qué van a comer, con qué se van a vestir, con qué van a calzarse o cómo se van a curar o cómo van a viajar o qué van a sembrar». Todos esos agobios los tenemos, Señor, porque no somos pajaritos ni florecitas del campo. Nosotros y nuestros hijos comemos, trabajamos, nos curamos y nos vestimos porque Tú nos diste inteligencia, voluntad y un par de manos. . . ¿pero hasta cuándo. . . hasta cuándo tendremos que hacer fila? ¿Hasta cuándo nos dejarán trabajar y producir?
«El Derecho a la propiedad privada, al fruto del trabajo y del esfuerzo, o a la concesión y donación de otros, es un derecho natural indiscutible; y todos pueden disponer razonablemente de lo suyo como mejor les parezca»1903, Pío X, «Carta Apostólica a los Obispos de Italia sobre la Acción Social Católica»