Año: 30, Abril 1988 No. 651

N. D. Thelmo Vargas Madrigal es Licenciado en Economía Por la Universidad de Costa Rica. Estudió además en la Universidad de Berkeley. California. y en la de Ginebra, Suiza. Desde hace más de una década es Profesor en la Universidad de Costa Rica. Cofundador y Presidente de la Fundación Universidad Autónoma de Centro América y del Tribunal de Economía de esa Universidad. Ha sido miembro de la Junta Directiva del Banco Central. Es asesor económico del grupo Counsel y Gerente Financiero de Xerox de Costa Rica. Autor de numerosos ensayos económicos y periodísticos. Es el actual Presidente de ANFE, la Asociación Nacional de Fomento Económico, de Costa Rica.

LIBERALISMO Y SOCIAL DEMOCRACIA

Por Thelmo Vargas Madrigal

En un interesante artículo (La Nación de Costa Rica, (27-VI-86) el señor SaúI Weisleder Se refiere a la diferencia entre la social democracia y el liberalismo. Destaca, para la social democracia, las características siguientes: (I) el componente económico de la social democracia es el intervencionismo estatal, (II) es principio social demócrata que no son las fuerzas del mercado actuando por sí solas las que garantizan alcanzar un óptimo de la asignación y uso de los recursos económicos y especialmente el mayor bienestar social, (III) el bienestar social es principalmente aunque no de modo exclusivo el resultado de la acción política por medio del Estado, (IV) el intervencionismo ofrece una amplia gama para buscar soluciones a los problemas económicas y (V) no está predeterminada la forma, dirección y magnitud que adopta la intervención.

Lo anterior implica lo siguiente: el social demócrata no sólo cree en la bondad del intervencionismo sino que considera que el bienestar social es producto de la acción del Estado. Esto supone funcionarios públicos y políticos conocedores de los recursos de que dispone el país y de las formas en que éstos se pueden mezclar para procurar un óptimo social. El señor Weisleder no indica si esos funcionarios públicos conocen, además, cuáles son los gustos y deseos de la ciudadanía y si saben cómo resumirlos en «funciones de bienestar social» o si, por el contrario, la definición del bienestar social se le deja al administrador público de turno. Si lo cierto es lo último, estamos ante una situación de dictadura benévola o no, pero dictadura al fin. Si lo cierto es lo primero, queda por demostrar cómo hace el omnisciente funcionario público para amalgamar, en una función única, deseos de la gente que, en general, son variados y contradictorios. El funcionario público capaz de realizar lo anterior, en todo caso, tiene que ser un ser celestial: desprovisto de interés propio, pues sólo es guiado por el mejor interés público.

Como «no está predeterminada» la forma, dirección y magnitud que adopta la intervención, estamos ante un caso en que la sociedadpara vivir bajo un régimen puro de social democracia debe firmar un cheque en blanco, que entrega a los funcionarios públicos de turno . Es la sabia discrecionalidad de éstos la que responde «principalmente» por nuestro bienestar social.

En la práctica la discrecionalidad del servidor público ha aparejado corrupción. Cuando elfuncionario público tiene poder discrecional es tentado e Influido por los grupos de presión más poderosos. Esos grupos son en general, los menos necesitados. Las grandes masas desposeídas, para cuyo servicio se le concedió discrecionalidad al funcionario, no tienen mayor influencia. Por otro lado, la ignorancia del funcionario pues, a fin de cuentas, se trata de un ser humano sólo ha llevado a errores sociales de penosas consecuencias. La intervención estatal mas que crear bienestar social, ha creado despilfarro.

El liberalismo, por su lado, reconoce que el anónimo mercado es mejor sistema para amalgamar información social (por la vía de los precios) para procurar uso eficaz de los recursos sociales y aceptar y satisfacer las necesidades de los involucrados (en términos de empleos, variedad y calidad de los productos, etc.) como ningún método discrecional puede siquiera soñar alcanzar.

El liberalismo reconoce también que si bien el Sistema de libre mercado (y no el Estado) es el que principalmente procura el bienestar de la sociedad, éste no resuelve todo. Para lo que el mercado no logra, acepta la intervención pero sujeta a reglas entre las que destacan la automaticidad y predecibilidad de las medidas y, sobre todo, que en lo posible la intervención se haga conforme a las reglas del mercado y no en oposición a ellas. Un ejemplo aclarará esto último: supongamos que es el deseo de la sociedad que todos los niños dispongan de una ración diaria de leche. La «solución» típica de la social democracia es decretar un precio arbitrariamente bajo para la leche. Eso lo que hace es que la producción de leche se reducey los niños pobres no son servidos. La solución liberal es dar mayor ingreso a los padres de los niños pobres pero dejar que la leche tenga el precio que el mercado fije. Esta última sí es solución porque hay leche para todos, sin excluir a los niños pobres.

Los social demócratas suelen autodefinirse como los únicos defensores de intereses de los grupos sociales de menores ingresos, pero sus desacertadas intervenciones en el mundo económico sólo han servido para hacer más difícil aún la vida de estas personas.

¿EXTREMOS?»

Algunas personas todavía insisten en llamar «extremos» lo que implicó el nazismo y el fascismo por una parte, y lo que implica el Socialismo por otra.

Nada más erróneo que eso.

Lejos de ser extremos, el nazismo, el fascismo y el socialismo son posiciones muy semejantes. Tan semejantes que el nombre completo del nazismo fue «nacional socialismo» Sólo hay una diferencia formal.

El socialismo de Hitler era desde el punto de vista del sistema económico que promulgaba un socialismo enmascarado, pero socialismo al fin. Esto es, la economía regida por medio de un sistema de planificación centralizada en el Estado. Solamente que con apariencia de empresa privada.

El Estado nazista no pretendió la propiedad legal de los medios de producción pero en cambio si su disposición total.

Y en cuanto a lo político, todo es idéntico. Ninguna diferencia hay entre un absolutismo y el otro.

De ahí que no hay por qué extrañarse cuando se encuentran similitudes entre los discursos y escritos de Hitler por una parte y los de, por ejemplo. Fidel Castro por otra.

En este caso no cabe aplicar aquello de que los «extremos se juntan», como lo dicen de vez en cuando algunos comentaristas costarricenses. Simplemente porque no son extremos.

«Todo en el Estado y nada fuera del Estado», decía Mussolini, para citar algo esencial del fascismo puro.

Probablemente la base de esa extrañeza es la trampa que ha creado el lenguaje ex profeso con ese fin. Frases como «extrema izquierda» aplicada a los socialistas y «extrema derecha» aplicada a los nazistas y fascistas, son tomadas como ciertas, aún por personas cultas que deberían reflexionar un poco antes de repetirlas tomándolas previamente como artículos de fe.

En lugar de repetir y de extrañarse sin causa, deberían analizar comparativamente lo uno y lo otro de lo que consideran extremos. Y sólo después de deducidas las diferencias llegar a conclusiones sobre si esas diferencias auténticamente permiten afirmar racionalmente que los sistemas de Hitler y Mussolini forman un extremo opuesto del sistema soviético, incluyendo en él al de Fidel Castro.

Cecilia Valverde, 1986.

¿DEMOCRACIA SOCIALISTA?

¿SOCIALISMO DEMOCRATICO?

«En las democracias la mayoría de la gente cree todavía que es posible combinar el socialismo con la libertad. No se dan cuenta de que el socialismo democrático, la gran utopía de las últimas generaciones, no solamente es imposible de alcanzar, sino que los esfuerzos que se hagan por lograrlo llevan a algo completamente distinto: a la destrucción de la libertad misma».

«La planificación económica lleva a la dictadura por ser ésta el más eficaz instrumento de coerción y, como tal, indispensable para el establecimiento de una planificación central en gran escalas».

«Para que un sistema económico funcione eficientemente, no basta que a todos se les obligue por la fuerza a trabajar por el logro de las finalidades escogidas por los que mandan; es esencial también que el pueblo llegue a aceptar esos fines como ideales propios; para esto son menester la propaganda y el dominio completo de todas las fuentes de información».

F. A Hayek, Camino a la Servidumbre, 1944

N. D. Camino a la Servidumbre es un mensaje de alerta a quienes, como tantos jóvenes e intelectuales bien intencionados, creen en la promesa socialista sin analizar hasta las últimas consecuencias el resultado de intentar hacer el bien a través de la intervención del Estado en la Economía.

«Otorgando al Estado poderes ilimitados las disposiciones más arbitrarias pueden convertirse en legales, y de esta suerte una democracia puede perfectamente erigir el más completo de los despotismos»

F. A. Hayek, Camino a la servidumbre.