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Año: 31, Enero 1989 No. 670
N. D. El Sr. José Francisco Aguirre Ossa es Gerente de la Confederación de la Producción y del Comercio, de Santiago de Chile. Obtuvo su Doctorado en Derecho en la Universidad de Navarra.
Los enemigos de la libertad se han apropiado del concepto ético-cristiano del «Bien Común». dándole un nuevo significado. Precisamente para promover la estatización de la economía y el dirigismo colectivista. En este breve ensayo el autor aclara el punto.
LOS EMPRESARIOS Y EL BIEN COMUN
Por: José Francisco Aguirre Ossa
EL BIEN COMUN – así con mayúscula- constituye el fin de la sociedad, y como tal, es aquello que moviliza y unifica a cualquier sociedad; el BIEN COMUN constituye lo que podríamos llamar el «proyecto histórico concreto» de cada sociedad.
Aunque el Estado es el procurador activo del BIEN COMUN, pues el deber esencial de la autoridad política es guiamos hacia él, el BIEN COMUN compromete a la sociedad entera, o sea, no sólo al Estado, sino también a las asociaciones intermedias como las asociaciones y cámaras empresariales y a las personas individualmente consideradas. Por ello, cada uno de nosotros tiene el deber de colaborar a alcanzar este fin de la sociedad, el cual no es la suma de los bienes individualizados, al igual que la sociedad no es tampoco la mera agregación de los individuos, sino, como lo define S.S. Juan XXIII en «Mater et Magistra», el BIEN COMUN es un «conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfección.
Respecto a cuates son estas condiciones nos han ilustrado diversas Encíclicas. Así, «Rerum Novarum» la primera de las encíclicas sociales específica que éstas son «la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constitución de las familias, la observancia de la religión y de la justicia, las moderadas cargas públicas y su equitativa distribución, los progresos de la Industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esta índole».
Por su parte, «Pacen in Terris» también nos informa acerca de los elementos o condiciones que componen el BIEN COMUN, y allí se habla de servidos esenciales, caminos, comercio, agua potable, electricidad, vivienda, así como de moralidad pública, facilidades para el culto y la práctica religiosa, etc.
Es decir, el BIEN COMUN comprende tantos elementos espirituales como materiales y, evidentemente, tiene una dimensión teologal que no se debe olvidar y que ha sido puesta de relieve por S.S. Juan Pablo II, al decir que «la persona se ordena al bien común, porque la sociedad, a su vez, está ordenada a la persona y e su bien, estando ambas subordinadas al Bien Supremo que es Dios».
De modo que no podemos confundir el BIEN COMUN con un simple «bienestar social», desprovisto de sustancia ética, porque comprendemos al hombre como un ser dotado de espiritualidad, pero tampoco debemos desentendernos del aspecto material que este entraña.
Nadie, ya sea trabajador o empresario, tiene derecho a olvidar este importante aspecto que los Papas, desde León XIII en adelante, han puesto de manifiesto, de manera que el Imperativo moral que constituye el BIEN COMUN nos obligó a todos a buscar, dentro del ámbito de acción de cada uno, la mejor forma de lograr las condiciones en que consiste.
A los empresarios, desde luego, no les compete, como tarea específica propia el velar por la moralidad pública, ni el dar las facilidades para el desarrollo de la religión, no; su papel social es el crear riqueza, ya sea en bienes o ser vicios, que sirvan a todos. Esto es lo que les es propio dentro del Bien Común, y por ello, también será tarea que les atañe, y les corresponde, el señalar a la autoridad política cuál es el sistema económico que hace posible crear esa riqueza; o lo que es lo mismo, indicar las condiciones necesarias y adecuadas a su misión empresarial.
Por otra parte, tal como señala George Gider, el acontecimiento más importante de la reciente historia de las ideas es la muerte del sueño socialista. Los sueños mueren siempre cuando se hacen realidad. Y cincuenta años de realidad socialista en el mundo, en experiencias de todo tipo, han demostrado la incapacidad de los sistemas económicos centralizados y estatistas, no ya para terminar con la pobreza, sino que ni siquiera para disminuirla en parte.
De modo que si moralmente todos estamos obligados a cooperar con el BIEN COMUN, como personas y como miembros de la sociedad dentro del papel de cada uno, a los empresarios, junto con producir la mayor cantidad de bienes y servicios al menor precio, les corresponde defender y promocionar el sistema más adecuado para lograr, de la mayor manera y lo antes posible, el BIEN COMUN y, según se ha demostrado empíricamente, este no es otro que la economía de mercado, economía libre, o sistema de libre empresa.
Creo además, que sí como el promocionar la libre empresa constituye, especialmente para los empresarios un deber moral impuesto por el BIEN COMUN, el desenmascarar a aquellos sistemas que han probado una y otra vez su fracaso es, sin lugar a dudas, contribuir de manera eficaz o conseguirlo.
Hay que decir asimismo, que no es una mera casualidad el que los socialismo, hayan tenido tan mal resultado, desencaminando a las sociedades a las cuales Se les impuso del BIEN COMUN, sino que es más bien una consecuencia lógica de los errores que contiene, los cuales no son sólo el desconocer las leyes por las que se rige y desarrolla la economía, sino también el olvidar sistemáticamente a la misma naturaleza humana.
En efecto, todos los socialismos en diversos grados inhiben, con su excesiva planificación y centralismo, la capacidad creativa del hombre; inhiben y terminan destruyendo aquella capacidad que es la que nos hace ser más personas, aquella que al ser usada nos descubre a nosotros mismos y a los otros como reyes de la creación, y por tanto en la cual se asienta nuestra dignidad
Ahora, si el Bien Común es un conjunto de condiciones que permite al ser humano lograr la perfección a la cual está llamado y la perfección del hombre se encuentra en estricta relación con el uso pleno de sus capacidades, entre las cuales destaca la creatividad, y el socialismo inhibe y termina por destruir esta capacidad, resulta que con el socialismo jamás puede alcanzar el BIEN COMUN.
He aquí la razón última de porqué los socialismos fracasan y son incapaces de la auténtica promoción humana.
Por ello, si el alcanzar el Bien Común constituye un imperativo moral, este deber ha de incluir siempre el elegir y promocionar el sistema más adecuado para ello; no podemos desde una perspectiva ética copiar por un sistema que sabemos no sólo teóricamente, sino también en forma empírica, que no es ni será capaz nunca de llevarnos al BIEN COMUN.
Creo que aquí se encuentra el fundamento del sistema de libre empresa y tengo asimismo la certeza que es de la maduración de la conciencia de este deber de contribuir al BIEN COMUN, de donde ha surgido el actuar de las organizaciones gremiales empresariales.
«El florecimiento económico, ético y moral supone también una acertada filosofía social, tanto de parte de gobiernos como de los individuos. La única filosofía social con la cual puede un pueblo superarse económica, ética y espiritualmente es la filosofía de la sociedad libre o abierta, como también se le llama»Rev. P. Dr. Angel Roncero M. «Marxismo y Cristianismo», 1988