![]() |
Año: 31, 1989 No. 686
Los Dragones y San Jorge
Por Juan F. Bendfeldt
La retórica política de moda nos hace creer que los enemigos de la democracia son las «extremas». Hasta pareciera que tales extremasque por cierto nunca se definen con la precisión suficiente para saber quiénes son están en una conspiración para destruir el sistema democrático.
Nadie niega que existen rivalidades políticas profundas, ni que haya verdaderos enemigos de la democracia. También es bueno reconocer que las rivalidades políticas se dan dentro de la democracia entre quienes gobiernan y quienes quieren gobernar pero ello no significa que estén conspirando contra el sistema por el simple hecho de estar en contra de lo que hace el gobierno de turno.
En la social-democracia, en el centro y en sus alrededores, lo que impera es la incoherencia. Eso resulta invariablemente en la crisis, en las promesas rotas, en los abusos, en la pérdida de popularidad y de poder. Cuando eso sucede, la maquinaria política de turno pretende ser la víctima de las fuerzas antidemocráticas, no de los mecanismos tradicionales para buscar el apoyo y el favor perdido ante la crisis es la mitología de las «extremas». Pero esa historia cansa; sobre todo cuando ahora ya todos quieren ser del «centro» más allá, o más acá. Cuando ya nadie cree en las historias de la «Llorona», «Blanca Nieves», o «Las horrorosas extremas», invariablemente las fantasías mitológicas crecen.
En la etapa siguiente las «pobres víctimas de las fuerzas antidemocráticas del mal» se visten de corazas y salen, como San Jorge, a luchar contra el dragón.
Cuando se agota el «modelo» de «las extremas» como explicación del fracaso de los demócratas a medias, invariablemente los políticos involucrados abandonan el papel de víctimas de fuerzas no identificables y trasladan la discusión al plano medieval de la «lucha contra los dragones».
La Edad Media también se conoce como la «época oscura», en que las verdades ya descubiertas fueron olvidadas, en que la civilización pasó por un período de retroceso y degradación. Lo que aglutinaba la sociedad fragmentada era la fuerza de la fe, apoyada en un aparato represivo militar.
De esa época vienen las leyendas de grandes héroes y de grandes proezas, de monstruos mitológicos que todavía a la gente joven de hace algunas generaciones hacían temblar. Las generaciones de hoy, educadas en un ambiente «democratizado» y pseudocientífico, ni siquiera saben de qué les habla uno cuando se evoca a Tristán, Orlando, El Cid, Arturo, Percibal, Rogero, o a San Jorge.
San Jorge fue el «cazador de Dragones», monstruos alados que esculpían fuego, comían doncellas, aterrorizaban a los pobres aldeanos, y en general impedían la «paz social», y el progreso. San Jorge fue un campeón que salió a luchar contra el mal, lo venció, y a su regreso fue recibido con los honores y vítores que corresponden a los salvadores y campeones. Todos los aldeanos le quedaron muy agradecidos y si ya hubiera existido el proceso electoral, posiblemente le habrían electo Presidente.
El fracaso de las economías de las democracias a medias, en lugar de ser enfrentado por lo que es, se pinta con todo el folklore medieval de la época de caballería. En lugar de denunciar la responsabilidad de los funcionarios de la banca central, de los políticos que formulan la política económica en el gabinete, y en última instancia de quien fue electo por el pueblo como responsable de las acciones del gobierno y de sus consecuencias, se nos hace creer que son víctimas de monstruos medievales.
Ante el pueblo se denuncia la amenaza la conspiración que representan esos monstruos que asolan al pueblo, y se pide el apoyo y la valentía de la población para enfrentarlos en batalla. Salen con corazas imaginarias, montados en sus corceles blindados a pelear con los monstruos que «amenazan la democracia».
¿Cuales son esos nuevos enemigos de la democracia?
Basta tomar cualquier diario para damos cuenta, no solamente de quiénes recurren a esta estratagema digna de las «épocas oscuras,» sino de qué tipo de democracias provienen. Lo más alarmante es que tales esfuerzos parecen funcionar, anunciando el arribo de una nueva edad media en la que la barbarie está predominando.
«SALINAS LE DECLARA LA GUERRA A LA CORRUPCION».
«BRASILEÑOS COMBATEN LA INFLACION CON TARJETAS DE CREDITO »
«PRESIDENTE MENEM PIDE VALOR A LA POBLACION Y UN NUEVO SACRIFICIO PARA EL COMBATE DE LA INFLACION».
«DEUDA EXTERNA AMENAZA PROCESOS DEMOCRATICOS DEL TERCER MUNDO».
«LA MISERIA Y EL HAMBRE ASOLAN AL ESTE DE AFRICA»
En Bolivia recién se inauguró un nuevo régimen. El que llegó a la Presidencia fue el perdedor de las elecciones; fue el candidato de la «extrema izquierda» quien en el Congreso logró la mayoría en la elección de Segundo grado. El nuevo Presidente, Jaime Paz Zamora es de tendencia «social-demócrata»; el nuevo Vice Presidente Luis Ossio Sanjinés es «demócratacristiano». De acuerdo con un cable de la agencia AP, «Paz Zamora anunció que asumirá esa responsabilidad con HUMILDAD, VALENTIA Y SERENIDAD. . . para alcanzar la consolidación de la democracia, la estabilidad económica y el progreso para todos».
En nuestro país, en medio de la crisis institucional de las últimas semanas que ha provocado un descontento generalizado entre la población por el dispendio, la corrupción, la inflación, y nuevas amenazas de devaluación, ya salieron a relucir las conspiraciones de «las extremas». Y por si eso no fuera poco , a través de los medios se nos ha estado bombardeando con una campaña que sin duda proviene del gobierno de turno, aunque no lo dice en ninguna parte.
La personificación de entes abstractos como la inflación, la deuda externa, el hambre, la miseria, la devaluación, o la corrupción, es un error intencional. El error se conoce como «hipóstasis» en lógica formal y es un vicio del razonamiento. Es intencional porque se utiliza, a sabiendas de que es falso, para llevar al ciudadano común a acciones bajo engaño, y para eludir la responsabilidad del fracaso político. Y todo esto se hace para «defender la democracia».
Esa campaña es un ejemplo de la forma en que se utiliza la personificación de entes abstractos como una cortina de humo para eludir responsabilidades. Las frases siguientes son tomadas de la publicación «Paraíso Perdido» aparecida hace algunos días.
«INFLACION. ENEMIGO DE TODOS».
«LA INFLACION NOS ENGAÑA. . . REACCIONEMOS. . . NO CAIGAMOS EN LA TENTACION DE ASIGNAR A OTROS LA RESPONSABILIDAD DE LUCHAR CONTRA LA INFLACION. LUCHEMOS JUNTOS. SIN EGOISMOS. CON DECISION Y VALENTIA. . DE LA INFLACION TODOS SOMOS VICTIMAS. DERROTARLA ES RESPONSABILIDAD DE TODOS».
Esta campaña no es ni más ni menos que un esfuerzo por eludir las responsabilidades del fracaso de una incoherente política económica, y además busca apoyo para nuevas medidas de «combate a la inflación» como el control de precios tope que solamente agudizará el problema.
La personificación de entes abstractos como la inflación, la deuda externa, o la corrupción, es un error intencional. El error se conoce como «hipóstasis» en lógica formal y es un vicio del razonamiento. Es intencional porque se utiliza, a sabiendas de que es falso, para llevar al ciudadano común a acciones bajo el engaño, y para eludir la responsabilidad del fracaso político.
Y todo esto se hace para «defender la democracia».
Una democracia que opera bajo el supuesto de que los ciudadanos son estúpidos y que se les puede engañar y mentir siempre es si mucho- una democracia a medias. No más. La democracia para todos estos políticos medio democráticos no es sino un concepto elástico que adoptan a cualquier circunstancia con tal de que sirva para reforzar su imagen de democráticos en sus acciones, en su ineptitud o en sus excusas.
A deferencia del combate de San Jorge contra los terribles dragones en donde es posible pensar que se habría requerido de humildad, valentía y serenidad para ir al combate nuestros pintorescos y medievales caballeros del oscurantismo de la democracia a medias combaten a sus monstruos, no como San Jorge, sino como Don Quijote.
El Caballero de la Triste Figura, el último campeón, creyendo ver monstruos se fue estrellar contra los molinos de viento. Eran molinos, no monstruos, y aunque Don Quijote dio toda clase de explicaciones de su fracaso a nuestro amigo Sancho Pueblo, y él asintió a todo lo que su amo le dijo, dudo mucho que le hubiera dado su voto de nuevo.
Queda mucho por hacer. Pero para defender la democracia primero debe saberse quiénes son sus verdaderos enemigos y cuál es la democracia que queremos defender.
«La evidencia histórica apunta al unísono sobre la relación que existe entre la libertad política y el libre mercado. Yo no sé de ningún ejemplo. En tiempo o lugar, de una sociedad que haya gozado en gran medida de libertad política y que no haya recurrido a algo comparable al mercado libre para la organización del grueso de su actividad económica».Milton y Rose Friedman, CAPITALISMO Y LIBERTAD, (1962)