Año: 34, Febrero 1992 No. 743

La dimensión Desconocida del Capital

Por Juan F. Bendfeldt

El capital en sí es un concepto elusivo, sobre todo si nos atenemos a las mitologías de las pseudo-ciencias sociales que están en boga. Sí nos referimos a éste simplemente como todo aquello que no es de la naturaleza y que ya está listo para que lo utilicemos, encontraremos el ahorro. Si el ahorro se convierte en un bien de consumo, simplemente se extingue, se consume. El mismo bien, orientado por la inventiva del hombre a la producción de otros bienes, o al aumento de la producción futura, se convierte en un bien de capital.

Los economistas se han dedicado a tratar de entender el capital, y algunos de ellos se han acercado al notar el importante papel que al respecto tienen las decisiones que toman sus dueños Este carácter «subjetivo» lo pone más cerca de un concepto de la psicología que de la economía convencional. Lo importante es reconocer su carácter de «ahorro de tiempo» futuro.

Todas las cosas se pueden producir empezando con cero recursos de capital. Es decir, aplicando la fuerza bruta del trabajo a los bienes de la naturaleza podríamos llegar a hacer una camisa. Sin duda nos llevaría muchos años hacerla sin herramientas, teniendo qué descubrir a cada paso cuáles son las mejores técnicas para hacerla y manufacturar las primeras herramientas adecuadas. La segunda camisa nos resultaría más fácil porque ya tendríamos las herramientas, así como también el conocimiento sobre cómo usarlas.

Es esta segunda dimensión del proceso la que deseo destacar, pues es la menos comprendida. Todavía hoy hay muchos economistas que no la admiten como parte del capital, y por lo tanto no pueden explicar muchas cosas que ocurren en la realidad.

Fue Blas Pascal el primero en darse cuenta de algo que debiera resultar obvio, pero no lo es. La cultura y los conocimientos se acumulan, se filtran, se procesan, se seleccionan, y cada generación inicia su camina por la civilización en donde la ha dejado la generación anterior. El «paquete» transmitido de una generación a la siguiente es el «capital humana».

Una persona que tan sólo recibiera las herramientas para hacer la camisa del ejemplo que estábamos desarrollando, sin las instrucciones para usarlas, tendría una degradación en su eficiencia casi hasta quedar igual que el primero que hizo las herramientas.

Si cada generación tuviera que descubrir, comenzando en cero, todos los conocimientos que le son útiles, nunca llegarla a ser más que un pequeño grupo de simios lampiños. Los animales aprenden por el limitado conocimiento que pueden empíricamente obtener durante su corta vida, y lo poco que es factible que obtengan de la emulación de la conducta observada en Otros miembros de su especie.

Mucho de o que antes se conocía como «instinto» tiene un nivel de «aprendizaje» que permite un mejor funcionamiento de los individuos para la satisfacción de sus necesidades primigenias: la caza, la defensa propia, el cortejo, la competencia biológica, la reproducción... Solamente el hombre tiene la habilidad para pasar esa limitación natural. El lenguaje, como medio para hacer la interacción social más eficiente, también tiene un valor económico. La pictografía, la escritura, la imprenta, los libros, las bibliotecas, los medios de archivo y procesamiento electrónico de datos, los medios magnéticos, fotográficos, las telecomunicaciones... son todos parte de la estructura del capital humano.

Una biblioteca llena de libros, buenos y malos, puede servir para alimentar el juego en que se calientan las tortillas, o para quemar a las brujas en la hoguera, o para alimentar las calderas de vapor. Los mismos libros pueden permanecer sin más uso que el de servir para impedir que las ventanas o las puertas se cierren de golpe. Pueden servir también para transmitir conocimientos útiles a quienes estén capacitados para poder obtenerlos, discernirlos, y ponerlos en práctica. Su valor e importancia no depende de los libros en sí, sino de lo que hagamos con ellos o con el capital humano que en ellos se encuentra depositado.

Un incunable, al lado de una letrina, puede servir para varias cosas.

Esta dimensión desconocida del capital está apenas siendo integrada a la teoría económica. Muchos intuyen que en la educación se encuentra una «inversión» parecida a invertir en un buen negocio. Con demasiado Iirismo tal vez, hay quienes creen que a mayor educación, mayor progreso y bienestar. Exagerar la nota con respecto a la educación nos produce países como Argentina, en el que Doctores en Ciencias de La Conducta, o en Ciencia Política, son ascensoristas o pilotos de taxi.

La educación como un proceso de transmisión de conocimientos útiles debe enmarcar,, dentro de una Teoría del Capital Humano. A este respecto, Tos trabajos seminales del Profesor de Sociología Gary Becker, de la Universidad de Chicago, abrieron una brecha desde 1957. Pocos economistas se han aventurado al análisis del mercado de servicios relacionado con el capital humano.

Otros rechazan totalmente el concepto. En su mente no cabe un capital abstracto, y menos que los bienes y servicios que lo conforman sean considerados como «mercancía», y que su «comercio» pueda darse en un «mercado». Todavía creen que el capital es la suma de dinero que el empresario le ha robado a sus empleados.

El Dr. José Sarukhan, Rector salido del Jurásico en el que se encuentra la UNAM, de México, es uno de esos opositores. Hace poco participó en un coloquio sobre el tema «Educación y Libertad» patrocinado por el VIII Foro Internacional Ludwig von Mises, en el Distrito Federal. Ante las diversas propuestas que se impulsaron para reducir el papel del Estado en el sistema educativo, a todo nivel, el Rector las rechazó como «poco serias»; y definió la educación bajo el control del Estado como un proceso para «conformar» a los ciudadanos en hombres útiles a la sociedad.

El campesino del altiplano de Guatemala, al sacar a sus hijos varones de la escuela al completar el tercer grado, está tomando una decisión económica. Al impedir que sus hijas siquiera aprendan «Castilla», menos aún a leer y escribir también está tomando una decisión racional. Hasta que no se descubra por qué esas decisiones son las que él considera que son las que más le convienen a él y a su familia, seguir gastando en programas educativos tendientes a ir contra esas decisiones es destruir recursos escasos. Y esto vale para la AID, para las organizaciones privadas que se han metido de lleno en esto con fondos de AID, y para el MINEDUC, que no solamente no contribuye en nada, sino todo lo obstaculiza. ¿Quién tiene razón, el humilde indígena o el lustrado rector?

La aplicación de la teoría económica a la estructura del CAPITAL HUMANO puede iluminar la discusión que en materia educativa debe hacerse. El insigne Alfred Marshall, en sus Principios de Economía, enunció: «El capital más valioso de todos es el que se ha invertido en seres humanos».

Fue en 1960 cuando T. W. Schultz, Profesor de Economía Agrícola de la Universidad de Chicago, trató el tema del CAPITAL HUMANO abiertamente. En un discurso que fue posteriormente publicado en la American Econornic Review de 1961, planteó el problema así:

«Aunque el hecho de que los hombres adquieren habilidad y conocimientos útiles es alga evidente, no es evidente Sin embargo que habilidad y conocimientos sean una forma de capital, que ese capital sea en gran parte un producto de la inversión deliberada, que en las sociedades occidentales ha crecido a un ritmo mucho más rápido que el capital convencional (no humano), y que su crecimiento bien puede ser el rasgo más característico del sistema economice. Se ha observado ampliamente que los incrementos de la producción nacional han sido relacionados en gran manera con los incrementos de la tierra, horas de trabajo y capital físico reproducible. Pero, la inversión en CAPITAL HUMANO es probablemente la principal explicación de esa diferencia».

Sí la institución económica del dinero es lo que permite la mayor eficiencia de la información de los precios, así como la «fluidez» o «liquidez» del capital (no humano), en relación al CAPITAL HUMANO, su equivalente como un medio de comunicación es el lenguaje. Sus instrumentos, con funciones parecidas a las monedas, billetes, cheques, títulos, y tarjetas de crédito, son los conceptos, los símbolos, las palabras, la gramática, los idiomas, los medios de comunicación, y los medios de archivo.

Si esto se entendiera, de ahí podría surgir una explicación económica a varios fenómenos que están sucediendo en materia de las comunicaciones humanas. El alemán tiene fama de ser el lenguaje de los filósofos por su fácil construcción conceptual. El español por su claridad de reglas, sobre todo en fonética. Los símbolos de los lenguajes orientales tienden a desaparecer con mucha velocidad y se están trasladando al alfabeto occidental. Y el inglés, por su versatilidad en aceptar hasta las «enchiladas» y el «sushi», y por ser el punto de entrada de la mayoría de los avances de la tecnología, se ha convertido en una amenaza al folklore y a las pretensiones de los puristas académicos.

Tal vez exista tal cosa como un «mercado» de conceptos, símbolos e idiomas. Tal vez haya una dinámica sobre las estructuras del lenguaje que permita explicar por qué el lenguaje internacional «científicamente planificado» no llegó a ninguna parte. Hay más gente que habla jerigonza y caló de mercado negro que gente que habla semejante invención deliberada. Me refiero al «Esperanto».

La institución u orden del lenguaje, como parte del sistema social, tiene una dimensión de utilidad, y representa valor. Así como hay dinero sano, que hace más económica todas las transacciones del mercado, también hay dinero que pierde utilidad funcional, como cuando hay «moneda de curso legal». Lo mismo puede decirse del lenguaje. Puede llegar a darse tal degradación que las comunicaciones se rompen y se vuelven ineficientes.

El lenguaje, como el dinero, es un medio de capital.

Los conocimientos útiles acumulados son el equivalente al ahorro. Es la fuente que nutre la inversión en capital. Por si sola, la acumulación o atesoramiento de conocimientos no tiene consecuencias. Es como ahorrar bajo el colchón. Pero, si el ahorro se lleva al mercado de capitales, el valor que representa para quienes lo pueden usar, transforma el ahorro en inversión. Quienes adquieren, por medio de una transacción, conocimientos que otros poseen o han producido y guardado, están invirtiendo en el CAPITAL HUMANO.

La educación es la conversión sistemática de ahorro a inversión. Así como hay bancos, financieras, cajas de ahorro, sociedades accionadas, y bolsas de valores para el capital no-humano, así hay bibliotecas, iglesias, escuelas, colegios, maestros, universidades... No debe olvidarse tampoco que hay conocimientos valiosos que son mejor transmitidos por otro tipo de instituciones, como la familia, el circulo de los amigos, y las unidades mismas de producción.

La educación en la casa y la educación en el trabajo son, posiblemente, las más valiosas formas de conversión de ahorro de capital humano a inversión en capital humano; tanto para el individuo como para la sociedad. Ambas son menospreciadas por los «especialistas» en materia educativa, ambas han pretendido ser sustituidas por metodología o técnicas educativas deliberadas.

La educación familiar, empezando por la lengua «materna», da al ser humano el instrumental básico para «crecer» como persona y dejar de ser animal. La formación moral no puede darse en otro lugar. Todo lo útil que puede aprenderse al lado del padre que abra la tierra, o en un taller artesanal, es de primera mano, es de persona a persona. No hay «manualito» hecho por un experto «pedagogo» que pueda llevar a cabo esa misión.

Hay otra dimensión respecto a los «depósitos de ahorro en capital humano» que es distinta del otro capital. Una gran parte del ahorro de conocimientos útiles, y tal vez los más útiles para la mayoría de la gente, se encuentra en las mentesde la generación presente. Esa «interface» generacional es la que transmite a la siguiente generación lo que posee, entre ello el CAPITAL HUMANO. Es importante hacer notar que, conforme la división del trabajo se ha ido acentuando, como resultado de la inversión y diversificación de los bienes de capital no humano, la masa crítica de conocimientos «vivos» es enorme, diversa, y dispersa.

No solamente el «uso» del conocimiento en la sociedad es un fenómeno complejo, sino que su selección y transmisión merecen atención teórica desde el punto de vista del CAPITAL HUMANO.

La sola pretensión de una generación de «conformar» a la siguiente es discutible. En la medida en que el conocimiento útil es diverso y se encuentra disperso, el proceso de su selección y transmisión debe reflejar tales características. Solamente un orden desconcentrado y «policéntrico» es factible en la medida en que la población aumenta y sus conocimientos acumulados son más complejos.

La sola pretensión de concentrar las decisiones educacionales es contraria al mejor uso del conocimiento en la sociedad. Solamente en las sociedades pequeñas y primitivas es factible la centralización de las decisiones respecto al capital humano.

La tentación racionalista va en la dirección inversa, y fue así como se concibió la «planificación económica centralizada», característica del socialismo. La praxis ha demostrado que tal pretensión es errada, y la teoría social del mercado confirma que es precisamente el tipo de ordeno-deliberado, espontáneo, y policéntrico, en el que todos participan y se manifiestan, el que logra «misteriosamente» una mejor asignación de los recursos. Hoy todo. conceden al mercado su lugar como el mejor «modelo» disponible para el capital no humano. Por analogía, ¿no debería considerarse un sistema parecido para el capital humano?

La inversión en el individuo, mero animal del género humano, es la que lo hace persona. La diferencia de ingreso que percibe el dueño de un animal de tiro por su uso, y el salario de un trabajador que labora con las manos y simplemente aplica su «fuerza de trabajo» a abrir una zanja, o a mover sacos de azúcar en el puerto, no es muy grande. Lo que explica por qué un electricista con experiencia gana más que uno sin ella, y lo que explica por qué un neu­rocirujano gana mucho más que un bachiller industrial, o una secretaria, o un joven mal educado, no es simplemente «la productividad marginal del trabajo».

Lo que hace que la brecha de ingresos se haga más grande entre el que simplemente hace «Trabajo», y el que posee «capital humano» y lo combina con su trabajo, y por supuesto con el capital físico, es el «rendimiento del capital humana Invertido». Ahí es donde se encuentran las justificaciones a «invertir» en educación y en experiencia.

En una pared de ladrillo de barro, de un edificio educativo que ya fue abandonado, alguna vez leí el pensamiento con el que concluyo. La placa de bronce viejo y sin lustre en la que estaba inscrita se hallaba en un pasillo oscuro que conducía a los sanitarios Quienes ahí la pusieron ya habrán olvidado sin duda que lo hicieron, y en la placa misma olvidaron reconocer al pensador que nos legó esta idea:

«Un error en la práctica de la medicina puede poner en peligro una vida. Un error en la práctica de la política puede poner en peligro una generación. Más un error en la práctica de la enseñanza puede poner en peligro a miles de generaciones».

ECONOMIA Y MEDIO AMBIENTE

Por Juan F. Bendfeldt

(3a. Edición)

El libro es una explicación sobre las relaciones que existen entre las decisiones sobre los recursos, las instituciones de la propiedad (privada) y la protección del medio ambiente o sea, entre la economía, el derecho y la ecología.

El autor muestra que para la utilización de los bienes de la tierra existen tres marcos de las acciones humanas que permiten al hombre recurrir a los recursos naturales para su satisfacción: el colectivo, comunitario, comunal o comunista, que carece de reguladores de las acciones; el autoritario, estatal o gubernamental, que crea una fuerza pública artificial para regular el uso de los bienes con prohibiciones y sanciones; y el régimen compatible con la naturaleza moral del ser humano que tiene los estímulos para el aciertolos beneficios. y las sanciones para el fracaso los costos, que es el derecho de Propiedad.

Es a este último al que la experiencia y la teoría científica le dan mejores posibilidades de cumplir con os objetivos de protección efectiva del medio ambiente y del desarrollo económico

«La posesión de conocimientos útiles –la inversión de capital humano- rinde solamente si es retribuida como parte del proceso de producción, y más ampliamente, como parte del proceso de producción e intercambios de bienes y servicios en el mercado. La dimensión útil del conocimiento es lo que hace vales el capital humano».