Año: 34, 1992 No. 758

N. D. Germán Arciniegas es escritor e historiador colombiano, nacido en Bogotá en 1900. Es presidente de la Academia Colombiana de Historia y profesor de historia en la Universidad de Los Andes. La empresa de Colón la celebramos en este 500 Aniversario de su aventura, en homenaje al espíritu empresarial. 10 de septiembre: Día de la Libre Empresa. Rara vez los empresarios son conscientes de las consecuencias trascendentales de sus pequeñas acciones y aventuras.

LA GRAN EMPRESA

Por Germán Arciniegas

El 12 de octubre de 1492 se comunican los dos hemisferios. Hasta esa fecha permanecieron ignorándose, como si la tierra no tuviera sino una cara. Con certeza no podría afirmarse en Europa que el planeta fuera esférico. El globo de Behaim de 1491 que conoció Colón era solo una hipótesis. La tierra que llevaba en la mente un profesor de la Sorbona o Salamanca era pequeña, y desde luego no estaba habitada por debajo. Un sujeto que anduviera por el revés del globo en una esfera imaginaria no se concebía. La Iglesia condenó por siglos semejante idea la idea de los antípodas y su autoridad y dogma eran la Universidad.

Con el viaje de Colón, en pocos años todo eso va a derrumbarse, y en el curso de una generación podrá Copérnico publicar su libro mostrando el sistema solar en que aparece el planeta girando alrededor del sol. En la tercera página del libro dice: «Esto que publico ahora puedo decirlo porque se ha descubierto un Nuevo Continente al que se ha puesto el nombre de América por el navegante florentino (Américo Vespucci) que lo ha anunciado».

Así, aparición de América se da como el punto de apoyo para iniciar la ciencia moderna. En otras palabras, el 12 de octubre hay que verlo como el corte más profundo en la historia después del cristianismo. Esto lo alcanzó a ver uno de los primeros cronistas españoles, y es lo que celebramos ahora, después de 500 años. La llegada de 90 hombres a la isla de Guanahaní es solo un episodio. Lo que cambió el mundo académico fue encontrar en la Patagonia una sociedad de hombres que caminaban sobre la tierra.

Colón el Genovés

El marino genovés que se presenta en 1491 a la reina Isabel de Castilla, con el proyecto de cruzar el Atlántico, ha tocado antes puertas mas indicadas. Primero, Génova. Pero en Génova era difícil que lo oyeran. Allá los Colones no eran gentes de pro. Los conocían. Cristóbal y Bartolomé su hermano, marinos del puerto, hijos de trabajadores laneros, carecían de títulos para ofrecer un proyecto tan arriesgado como el de aventurarse en el mar tenebroso. Génova, como Venecia, Pisa, Florencia, toda Italia, estaba arruinándose bajo el rigor con que los Turcos habían cortado las líneas del comercio con Oriente. Y más Génova. Todo lo que era esa república lo debía a su tráfico con Constantinopla. Allá, en la ciudad de los encuentros con mercaderes de Levante, estaban las casas de los grandes genoveses que compraban las especias pimienta, canela, clavos y sedas y alfombras y cuanto se llevaba a Europa para distribuirlo desde Génova. En los depósitos de Galata se almacenaba todo, como en una Génova chiquita, concentrado, anudando los dos mundos en una relación comercial. Era la vida de la banca genovesa en Oriente. Allá estaba el consulado más importante.

Pero con la llegada del Imperio Otomano en el Mediterráneo ese negocio se derrumbó, como el de los venecianos, como el de los florentinos. Colón es el producto de ese malestar. Pero demasiado poca persona para que lo creyeran y la solución que ofrecía de una audacia que solo podía considerarse con un respaldo de gran autoridad. Tomar el Atlántico para ir a Oriente, como manera de escapar a los turcos, parecía contra la razón y el sentido común. Se sabía, desde siglos antes de Cristo, que ese mar oscuro y tenebroso se convertía en mar de lodo en el punto donde se hundió la Atlántida. El más sabio de los sabios, padre de la filosofía, Platón, lo había registrado en el Siglo IV antes de Cristo. y ahora mismo sus libros perdidos acababan de encontrarse, siendo materia de estudio en la Academia de Florencia. Pero no había hombre de mar que ignorara la tradición. Nadie se atrevía a desafiar el anuncio de las Columnas de Hércules: non plus ultra. Se podía pasar el Estrecho de Gibraltar para doblar por la Península lbérica, y costeando llegar al mar del Norte, al Báltico. O, como lo acababan de hacer los portugueses navegar alrededor de Africa hasta el Cabo de Buena Esperanza. Pero cruzar el Atlántico, jamás! y ¿Quién era Colón para proponerlo en su tierra? No insistió. Quizás en Portugal, donde no lo conocían.

El Problema era de Italia

En todas las ciudades italianas, quienes tenían que ver con el comercio y los bancos y quienes estudiaban geografía, buscaban soluciones para escapar el cerco de los turcos o para hacerles guerra. Si algún reino estaba lejos de estos problemas, era el de Castilla. Y si alguien podía interesarse en la cuestión era el Papa Inocencio VIII, genovés, cuyo hijo estaba casado con la hija de Lorenzo el Magnifico. Inocencio era de la familia Cybo, grandes banqueros de Génova, y Lorenzo el mayor banquero de Florencia. La oficina del Papa era la de un representante de los intereses comerciales de las dos repúblicas. Había encargado a un geógrafo alemán, Martellus, la confección de un planisferio, basado en los mapas chinos de que se tenía ya noticia y que resultaron reconociendo los avances que esos viajeros habían hecho sobre el Océano Asiático. En el planisferio de Martellus de 1489 estaba representada Sur América con sus costas sobre el Pacifico y el Atlántico y el Orinoco, el Amazonas, el Paraná, el Plata. En él se pueden reconocer todos estos ríos y las costas del Perú, Chile, Argentina y Brasil.

Los navegantes que visitaban la oficina del Papa podrán enterarse de ese extraño Lejano Oriente que les revelaba lo que podría ser unas Indias que no figuraban en Marco Polo ni en las crónicas de los viajeros que habían llegado al Oriente.

El mapa de Martellus, que hoy se encuentra en el Museo Británico, lo conocieron Vicente Yañez Pinzón y Bartolomé Colón. Del conocimiento que tuvo Yañez Pinzón, existe el testimonio de las declaraciones de su hijo transcrito en el libro de Juan Manzano Los Pinzón y el Descubrimientode América, publicado en Madrid en 1988. Esto está verificado en los documentos de la vida de Bartolomé Colón. Se ve pues que en la oficina del Papa Inocencio se gestó la idea del viaje del descubrimiento. Yañez Pinzón planeaba hacer la travesía del Atlántico y tenía dos carabelas listas para realizarlo, cuando Colón lo sorprendió con la noticia de que tenía el respaldo de los reyes para hacer el viaje. Yañez Pinzón abandonó su proyecto y entró en la empresa de Colón. La Santa María fue una carabela suya con la cual contribuyó al primer viaje de1492.

Inocencio VIII murió poco antes de la salida de Colón, pero alcanzó a darle a la reina el dinero que necesitaba para contribuir al viaje El cuento de las joyas no es sino una leyenda. La plata salió de una caja que manejaba el Papa Genovés y que administraba en Castilla Luis Santangel, tesorero de la reina.

Hay que precisar estas cosas para explicarse cómo cayeron los reyes de Castilla y Aragón en el encanto de las conversaciones con Cristóbal Colón. Pero no hay que equivocarse sobre los intereses marítimos que llevaron a lo fundamental: cruzar el Atlántico para buscarle una salida al cerco que encerraba a mercaderes y banqueros de las repúblicas italianas por la guerra de los turcos.

Abierto el camino del Atlántico, lo que sigue en los descubrimientos del mar es todo italiano. Primero Américo Vespucci, florentino, bordeando las Costas de Sur América, llega hasta la Patagonia. Luego Juan Caboto descubre a Terranova, Juan Verrazzano las costas de América del Norte y la isla de Manhattan y por último, Juan Sebastián Caboto la entrada a los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay para los españoles.

El descubrimiento de América ocurrió 10 años después de la llegada de Colón a la isla de Guanahaní. Colón estaba convencido de que había llegado al Mar del Japón y hasta el día de su muerte firmaba como Almirante del Mar Océano y Virrey de la Tierra Firme del Asia. Pidió que lo enterraran en La Española, es decir: Una isla del mar del Japón. Reposar finalmente en el Asia de su sueño inmortal, creyendo que la tierra era más pequeña de lo que pensaban los sabios. Que Cuba era la China, el Orinoco el Ganges y La Española, Ofir.

Ya para ese momento comenzaba a circular por media Europa la carta de Vespucci diciendo que la Tierra Firme descubierta era un continente distinto al Asia y Colón, que había conversado con Vespucci, no lo creía. Empezaban a desenvolverse dos nuevas historias en Europauna que veía cambiar sus horizontes y la otra la del Nuevo Mundo donde los europeos comenzaban a llegar en busca de lo que no tenían en el Viejo. Pero no todos veían esto surgir de los dos procesos de la humanidad.

América de Américo

El viaje de Vespucci de 1502 marca el comienzo de la gran historia de Europa en América. Habían pasado 1O años de la salida de Colón, cuando el Rey Manuel de Portugal llama de Américo Vespucci para un empleo pasajero en Lisboa y lo hace con insistencia. En ese momento Vespucci no tiene ningún compromiso con los Reyes de Castilla. Es simplemente un agente del Banco de los Medici en Sevilla. Era amigo de Colón desde el día en que Colón acudió a Juan Berardi para aprovisionar las carabelas del primer viaje. Berardi fue el mas eficaz entre los que ayudaron al genovés en la preparación de su viaje y Vespucci su auxiliar inmediato.

Que el rey portugués aprovechara este empleado de los Medici era una iniciativa muy natural al preparar cualquier expedición. La corona de Portugal no había dado desarrollo especial a los acuerdos del Tratado de Tordesillas. Era normal. Los mismos reyes católicos habían hecho algo semejante, aprovechando a Colón 10 años antes, al iniciar ellos expediciones paralelas a las Lusitanas que se estrenaban o iban a estrenarse después de la guerra con los Moros. Llegando Vespucci a Lisboa, lo incorporó el rey en un viaje al Atlántico en que Vespucci tomó la misma ruta de Colón. Al llegar al Caribe, en vez de seguir la ruta de los viajes de Colón, tomó rumbo hacia el Sur. Se fue costeando por el Brasil hasta la Patagonia. Tan novedoso fue el viaje de Vespucci que, al imprimir en Ausburgo la carta de Vespucci, se hizo con este título en la cubierta, que marca la novedad: «De Via Antártica per Regem Portugallie Pridem Invente».

Se trataba, para los impresores, de un cambio total en el descubrimiento. Colón había hecho todos sus viajes en el hemisferio Norte. Jamás había cruzado la línea ecuatorial. Ahora Vespucci lo hacía todo por la región de los Antípodas. Descubría una sociedad humana similar a la que soñó Platón. Pero lo sensacional era que recorrió una Tierra Firme de extensión mayor que las Costas de Europa. Encontró pues, un Continente que no era el Asia y sorprendió al mun­do con la noticia que superó la misma dada por Colón, que confirmaba la redondez de la tierra. La nueva de Vespucci era la aparición de un Nuevo Continente y pedía se llamara el Nuevo Mundo.

Donde quiera que se leyó la carta de Vespucci se produjo una pequeña revolución. En Florencia se decretó gran fiesta con iluminación de la casa de los Vespucci. En Paris, el poeta Fingmann voló a llevar la noticia a Colonia, donde se tradujo al Alemán y se publicó con un poema suyo. De Colonia pasó a Saint Dié donde se dio el nombre de América al Nuevo Mundo y se publicó el primer planisferio con el nombre de América sobre Brasil. Desde Saint Dié pasó a Amberes, donde Tomás Moro leyó delirante la carta a Erasmo y Luis Vives. Así se montó la primera gran disputa sobre el futuro de América como tierra de la fraternidad humana. Moro le consagró su libro La Utopía, que pasó a ser el ideal del comunismo cristiano y el manifiesto para la emigración de Europa al Nuevo Mundo. Por ahí salió la carta a todos los países de lengua alemana, traduciéndose y publicándose en todas partes hasta llegar a Pilsen donde se traduce al checo. De Pilsen vuelve a Varsovia donde la lee Copérnico y exclama: «Ahora sí, con estos datos del florentino, yo puedo publicar mi sistema que queda confirmado». La carta de Vespucci fue el toque de gracia que decidió a Copérnico.

La Escuela de Atenas

Es así como la noticia de la aparición del Nuevo Mundo sacude al mundo europeo, y esto lo registra Rafael de Urbino, en el Vaticano, en una obra que es la más importante de la pintura europea en esos años y que siguen siendo, antes del Juicio Final de Miguel Angel, la más grandiosa del renacimiento La Escuela de Atenas. Es la única pintura en que aparecen Leonardo Da Vinci, Miguel Angel, Giovanni Antonio Bazzi, (el Sodoma) y Donato dAngelo Lazari (el Bramante), discutiendo la aparición del Nuevo Mundo, como se le apareció a Platón. Aristóteles está ahí todas las grandes figuras de la filosofía antigua, convocados por Florencia, para hablar sobre América en el momento en que se anunciaba su nacimiento.

La pintura fue hecha en 1515, en un momento en que se reunían en el Vaticano los pintores, arquitectos, escultores que forman hoy la plana mayor en la historia del arte. El solo hecho de que se juntaran a discutir sobre América, como tema que cambiaba en ese momento la astronomía, geografía y la historia del mundo, y que eso fuera materia de debate del Vaticano, demuestra la importancia del momento en que ocurre la aparición del Nuevo Mundo. No hay otra obra de arte comparable a esta que pueda presentarse como telón de fondo para registrar los 500 años del nacimiento de América. Lo increíble es que una cosa tan poco representativa como la figuración del desembarco de Colón en la Isla de Guanahaní fuese visto como el encuentro de dos mundos. Y más sorprendente aún es que, en la historia de arte, nunca se dé interpretación histórica a la pintura de la Escuela de Atenas. Se ha interpretado más como un debate teológico, al igual que la Disputa de Rafael, la otra pintura en la misma sala del Vaticano.

La interpretación de que se trata de la disputa del Nuevo Mundo es casi obvia. En el centro del cuadro aparece Leonardo Da Vinci, figurando a Platón que lleva bajo el brazo el libro de los diálogos con la clara inscripción Timeo, en el lomo. Es decir, el diálogo referente a la Atlántida, el tema que se está debatiendo. En vano Aristóteles trata de cortar la discusión contraponiendo la Etica que lleva en sus manos.

En el grupo de científicos en el extremo de la derecha del cuadro donde Rafael pinta su autorretrato al lado del pintor Sódoma se encuentran dialogando Zoroastro, con la esfera armiliar en la mano y haciéndole frente, a Ptolomeo, quien lleva en las manos el globo de la tierra ya con el Nuevo Mundo. En el extremo opuesto Miguel Angel, sentado en un peldaño con el libro abierto de Heráclito, discute la naturaleza del planeta. Sobre este triángulo de Heráclito, Ptolomeo y Platón la ciencia antigua, la vieja concepción del mundo y la aparición de América está montada la disputa de artistas y filósofos en ese momento, en que la noticia se difunde en las estancias del Vaticano. Europa, hace 500 años, mirando el nacimiento de América.