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Año: 38, 1996 No. 823
N. D. El señor Carlos Ball es periodista venezolano, ha escrito en varios periódicos como ‘La Esfera, La Verdad, El Universal, Resumen y El Diario de Caracas. Posee un Master en Administración de Empresas de la Universidad de Boston. En la actualidad es Director de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE).
LA ENCRUCIJADA LATINOAMERICANA
Por Carlos Bali
La caída del muro de Berlín en 1989. seguida por el colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría ha tenido inmensas repercusiones en América Latina. En poco tiempo se desplomaron uno tras otro todos los sofismas sobre los que los intelectuales y políticos socialdemócratas y socialcristianos habían construido sus castillos de naipes para usufructar de múltiples privilegios amasados al frente de todas aquellas instituciones gubernamentales, académicas, editoriales, artísticas y del Estado de Bienestar que por dos o más generaciones habían logrado monopolizar.
Desde la Revolución Rusa de 1917, con diferentes apelaciones y bajo múltiples banderas, e! socialismo, el nacionalismo y el estatismo jugaron un papel predominante desde el río Bravo hasta la Patagonia. Tanto bajo regímenes militares que llegaron al poder tras golpes de estado, como en el caso de sus opositores democráticos más o menos populistas, paulatinamente se borraron las demarcaciones entre el poder político y el poder económico, terminando por concentrarse todo ese poder en unas pocas manos, a la vez que se centralizaban, se personalizaban y se politizaban la mayoría de las decisiones importantes.
Tanto los dictadores militares de los años 50 y 60, como los gobiernos democráticos que los sucedieron se dedicaron a nacionalizar empresas mineras, petroleras, pesqueras, de transporte y energía, más todas aquellas industrias designadas como «básicas y estratégicas» por los políticos y planificadores, aupados por sus colegas de la Cepal y de los demás incipientes organismos multilaterales que usualmente dan empleo a los burócratas dados de baja al perder sus partidos las elecciones o al ser desplazados por algún golpe de estado.
En Venezuela, por ejemplo, la carrera estatizante la comenzó el general Marcos Pérez Jiménez en los años 50, nacionalizando las compañías inglesas de ferrocarriles y teléfonos, a la vez que declaraba a la industria petroquímica y del acero como reservadas al estado, con lo cual durante medio siglo el país derrochó inmensas oportunidades en dos campos en los que goza de extraordinarias ventajas comparativas. Fue luego el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez quien dio el tiro de gracia a la economía venezolana, estatizando la industria petrolera en1976.
Los historiadores afirman que el tercermundismo nació en la conferencia de Bandung, en 1955, y sus parteros fueron los iluminados de la izquierda internacional: Nehru, Nasser, Makarios, Sukarmo, etc. Pero ese mismo año ya terminaba el primer mandato de Juan Domingo Perón en la Argentina, uno de nuestros propios iluminados que implantaron el tercermundismo en América Latina. Argentina, a principios de siglo era uno de los diez países más ricos del mundo, gracias al respeto guardado a la Constitución liberal de 1853, por lo que el nivel de vida de los argentinos sobrepasó al de los italianos y franceses. Pero el general Perón, a partir de 1946, nacionalizó al banco Central, el sistema ferroviario, las comunicaciones, el gas, electricidad y líneas aéreas. Perón, quien fuera attaché militar de la embajada argentina en Italia en los años 30, instrumentó una autarquía fascista, a manera de mantener los precios internos a niveles que beneficiaran a los empresarios que lo apoyaban, lo cual condujo a la inflación y al deterioro de todos los indicadores económicos. Otros tercermundistas latinoamericanos igualmente famosos fueron Raúl Haya de la Torre, Lázaro Cárdenas, Víctor Paz Estenssoro y Rómulo Betancourt.
Haya de la Torre, el peruano fundador del APRA, fue el padre intelectual de toda una generación de políticos latinoamericanos, que bajo la bandera de la reforma agraria (el ejido o propiedad comunitaria de las tierras) y la progresiva estatización de las industrias buscaba reemplazar las tradicionales oligarquías terratenientes por una idealista y progresiva élite socialista. No llegó a ejercer el poder en su país, pero bajo el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado se instrumentaron sus políticas, logrando destruirse hasta la pesca de anchovetas, con la cual el Perú abastecía una cuarta parte del consumo mundial de harina de pescado. Poco después, el aprista Alan García terminó arrasando con lo poco que todavía seguía en pie en su país, provocando una inflación de 7,500%. Haya de la Torre fundó su Alianza Popular Revolucionaria Americana en Ciudad de México en 1927, fecha desde la cual ejerció inmensa influencia sobre los emergentes partidos socialdemócratas de todo el hemisferio, muy especialmente en el PRI mexicano, culpando a los yanquis y al capitalismo de todos nuestros males.
Nadie mejor que el uruguayo Eduardo Galeano describía, a comienzos de los años 70, el diseminado pensamiento de que los males latinoamericanos no provenían de nuestras propias equivocaciones y peores políticas económicas sino del imperialismo yanqui: «La división del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder.. . La región sigue trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre y las carnes, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos, que ganan consumiéndolos mucho más- de lo que América Latina gana produciéndolos». Y los economistas Raúl Prebish de Argentina y Fernando Henrique Cardoso (actual presidente del Brasil) se ocupaban de traducir el lírico lenguaje de Galeano en un metódico sistema dirigista.
El problema fue que luego de que expulsamos a la United Fruit y a la Stanford Oil, reemplazando a sus ejecutivos profesionales, nacionales o extranjeros, por burócratas adictos al gobierno e integrando compadres políticos a las Juntas Directivas, el empobrecimiento fue vertiginoso y dramático.
Durante la Guerra Fría a Washington no le importaban mucho las violaciones a la propiedad privada ni al estado de derecho, siempre y cuando desde el Palacio Presidencial se hiciesen los ruidos adecuados en contra de Fidel Castro y se denunciaran las incursiones soviéticas a través de las guerrillas. Tan amigos de Washington e igualmente condecorados fueron los viejos caudillos como los modernos dictadores y los más recientes gobernantes democráticos. Lo importante es que todos ellos se identifican con el occidente, lo cual se premiaba generosamente con ayuda económica que nunca llegaba a manos de los pobres sino que se distribuía entre los miembros de la nomenclatura local.
Todo eso cambió radicalmente con la desaparición de la Unión Soviética y, paralelamente, el éxito económico de Chile que ya no podía ser tapado ni distorsionado por la peor prensa jamás sufrida por régimen alguno. Al mismo tiempo, la tradicional costumbre de callar al opositor invitándolo a que se subiese a la tarima y disfrutara de los privilegios del grupo cercano al poder hizo que una y otra tarima se derrumbaran, comenzando las presiones por reformas políticas y apertura económica.
En algunos países como México y Argentina se comienza a desarmar el inmenso aparato estatal, pero las privatizaciones han tendido a beneficiar básicamente a grupos económicos cercanos al poder y, para satisfacer las exigencias del Fondo Monetario Internacional, se le aumentan los impuestos al pueblo antes que reducirla inmensa burocracia. La sustitución de monopolios públicos por monopolios privados representa apenas una leve mejora, porque al tener dolientes los activos, estos se cuidan más, pero también los precios de los productos y las tarifas de los servicios tienden a subir, lo cual perjudica a la población y desprestigia al mal llamado «neoliberalismo».
Chile comenzó primero la apertura económica y avanzó más. Ha sufrido de menos corrupción y su principal éxito, la privatización del fondo de pensiones, es copiado por muchos de los sistemas de seguro social amenazados de quiebra a lo ancho y largo del continente. Pero el gobierno de la concertación de centroizguierda, lejos de seguir avanzando en las privatizaciones y en devolverle a la gente todo aquello que no es del César, amenaza la independencia del Banco Central y aumenta los impuestos para financiar ineficientes programas estatales de educación, salud y vivienda.
En el Perú, el éxito de las políticas económicas del Presidente Alberto Fujimori condujeron a su triunfo electoral de 1995 con 64% de los votos, obteniendo además una mayoría de 52% en el Congreso. Fujimori vendió empresas estatales por valor de más de $5,OOO millones y ofrece duplicar esa cantidad para 1999. Según un reciente estudio del Banco Mundial, los más beneficiados son los miembros de la mayoría indígena que hasta hace poco permanecía completamente marginada. Pero parece que el Presidente Fujimori se contagió del tradicional afán de los líderes latinoamericanos por aferrarse indefinidamente al poder, como si el país dejaría de funcionar sin ellos. En el Perú se observa un creciente ambiente de intimidación y autoritarismo, siendo el sistema judicial una de las instituciones más débiles.
Colombia está bajo una nube esperemos que pasajera en donde un Presidente que el mundo entero sabe que llegó al poder parcialmente financiado con dinero del narcotráfico, ahora compra su permanencia en la primera magistratura repartiendo prebendas entre quienes lo apoyan, revirtiendo en varias áreas la apertura económica iniciada tímidamente por su antecesor. al mismo tiempo, los carteles colombianos de la droga se convirtieron en las multinacionales más poderosas del hemisferio, con crecientes operaciones e inversiones en todos los países de la región.
Venezuela es el único país en franco retroceso por las oscurantistas e intervencionistas medidas del Presidente Rafael Caldera. En su anterior administración (1969-1974) dio inicio a la ola nacionalista y con la prohibición de que bancos extranjeros fueran dueños de más de 20% de las acciones de bancos locales sembró la semilla de la crisis bancaria de 1994 que le costó $8,000 millones a su gobierno. En agosto, la Federación de Cámaras de Industria y Comercio de Venezuela publicó un informe destacando que la inflación en Venezuela durante 28 años, desde enero de 1946 hasta diciembre de 1973, fue inferior a la inflación sufrida en el país durante el primer semestre de 1996. La inflación es el método pseudo-legal bajo el cual las autoridades monetarias roban descaradamente a la población. Por ello, 84% de los venezolanos viven hoy por debajo del nivel de pobreza, aunque pisan inmesurables riqueza, minerales que pertenecen a un estado tan rico como corrupto.
Hay un viejo dicho de que cuando Estados Unidos estornuda a América Latina le da pulmonía. Washington hoy no parece ver en América Latina más que los problemas de la droga y la inmigración ilegal. En ambos casos Estados Unidos está lejos de ser la víctima que sus políticos quieren aparentar; incentivan el negocio del narcotráfico con la prohibición (como igual fomentaron la creación de mafias criminales durante la Ley Seca, de 1920 a 1933) e intentan traspasar el campo de batalla y los muertos, de las calles de las grandes ciudades del norte a México, el Caribe y Sudamérica. Más peligroso aún, tratan de militarizar en América Latina un problema básicamente policial, ignorando que nos ha costado a los latinoamericanos unos 1 50 años desde las guerras de la lndependencia..--- retornar los soldados a sus cuarteles.
En cuanto a inmigración, resalta la gran hipocresía de defender el libre flujo de capitales, bienes y servicios, pero no de la mano de obra, como si los tomates, el petróleo y los carros importaran más que la gente. También resulta políticamente cómodo culpar a ignorantes campesinos mexicanos de aprovecharse de los beneficios sociales concedidos por malas leyes promulgadas por estadounidenses graduados de universidades.
Las elecciones de noviembre en Estados Unidos son importantes para el futuro de todo el hemisferio. Están bien definidas las visiones opuestas de los contendientes. el gobierno grande y poderoso que intenta darnos todo y que termina despojándonos de nuestras libertades versus el gobierno limitado con que soñaron los Próceres de la Independencia. Cuatro años más en que Washington le dé la espalda a América Latina, conduciría a apresurados acercamientos de Mercosur con Europa y a crecientes conflictos respecto a inmigración y narcotráfico. muros divisorios y una lamentable militarización de las relaciones interamericanas.
Hoy, camino a la encrucijada del nuevo milenio, los latinoamericanos estamos mejor y nos sentimos más optimistas que durante «la década perdida», los años ochenta, que resultaron en la culminación y el fracaso de políticas socializantes y estatizantes. La globalización económica y la revolución cibernética de las comunicaciones y de la información tienden a independizarnos cada día más de gobiernos asfixiantes, y en la medida que la mente y la habilidad humana se conviertan en la principal riqueza de nuestros países, será progresivamente más difícil para los políticos nacionalizar y expropiar la riqueza nacional, teniendo más bien que ofrecer un entorno competitivo y atractivo, de bajos impuestos y pocas regulaciones, seguridad personal, respeto a la propiedad y al imperio de la ley, exactamente lo que por casi todo el siglo XX nos ha diferenciado del mundo industrializado. Ante ese probable renacimiento de la sociedad civil, los latinoamericanos tenemos razones de peso para ser optimistas.