Año: 39, Junio 1997 No. 830

ND.Michael Prowse es columnista del periódico Financial Times de Londres, uno de los principales en Inglaterra.

HACIA LA LIBERTAD VIA AMERICA

Por Michael Prowse

Con sus sencillos pero profundos discernimientos sobre la empresarialidad y la competencia en el mercado, la economía austriaca tiene mucho que enseñar a los economistas americanos de toda estirpe.

Al igual que la mayoría de los de mi generación en Gran Bretaña, yo emergí de la educación superior con un fuerte afecto por el sector público. Como muchos otros, pensaba que uno no podía ser una persona compasiva y empática al menos que creyera en el gobierno interventor. Aceptaba que las fuerzas de mercado tenían alguna utilidad en la promoción de la eficiencia económica. Pero pensaba que el gobierno debía intervenir en múltiples formas para prevenir el "fracaso del mercado" y que tenía la obligación moral de redistribuir recursos, en cantidades masivas, para garantizar la "justicia social".

No siento necesidad de disculparme por haber tenido estas ideas. Eran enteramente naturales para alguien que creció dentro de un Estado Benefactor. Ninguno de mis maestros en la escuela o la universidad parecían tener algún interés o conocimiento de primera mano de la industria o del comercio. La empresarialidad se igualaba a la avaricia. Dado este pasado educativo, no es sorprendente que, como un joven periodista a principios de los ochenta, yo fuese instintivamente hostil hacia la agenda de mercado libre del gobierno de Thatcher. En cuanto a economía austriaca, no es sorprendente que nunca escuchara algo sobre ella en mis universidades. Cuando era estudiante de post-grado en el London School of Economics, esa distinguida institución atravesaba una fase keynesiana: era como si Friedrich von Hayek jamás hubiera cruzado el umbral del London School of Economics.

¿Cómo evolucionaron mis opiniones hacia el liberalismo clásico y la economía austriaca de Hayek, Ludwig von Mises y Carl Menger? Tres conjuntos de factores ayudaron a cambiar mi postura. El primero fue el fin del comunismo en Europa del Este y la Unión Soviética. Me pareció que era intelectualmente deshonesto argumentar que el colapso de la planificación económica en gran escala no tenía ningún efecto sobre la planificación en pequeña escala. Mi confianza en la intervención gubernamental en todos los ámbitos disminuyó como resultado de estos eventos históricos.

La segunda influencia fue sencillamente mudarme de Inglaterra a los Estados Unidos hace siete años. Existen, por supuesto, muchos promotores del gobierno interventor en Washington, D.C. Pero la defensa de las ideas libertarias o de libre mercado se presenta con mucho más vigor que en el Reino Unido. Mi fe en los mercados como una escalera de oportunidad personal se fortaleció, porque en los Estados Unidos el vínculo entre la riqueza y la clase social parece ser menos pronunciada que en Europa. La frecuencia con la que los defensores de la libertad y de los mercados libres provienen de ambientes relativamente humildes es impactante.

Sin embargo, quizás la influencia más importante fue mi lectura y estudio personal. Hace como seis años tomé el consejo que da John Stuart Mill en Sobre Libertad un poco muy en serio. Mill escribió que "Aquel que conoce sólo su lado del argumento sabe muy poco del mismo". Decidí hacer un mejor esfuerzo por comprender los argumentos de los críticos. Concluí, algo avergonzado, que sus argumentos eran mejores que los míos.

El primer libro austriaco que leí fue El Orden de la Libertad de Hayek. Seguí con La Fatal Arrogancia y su obra magna de tres volúmenes: Ley, Legislación y Libertad. Noté que Hayek se refería frecuentemente a un tal Ludwig von Mises, un nombre que jamás escuché en el Reino Unido. Así que leí Acción Humana de

pasta a pasta. Algunas personas sientenque este libro es difícil o aburrido. Yo lo encontré inspirador de principio a fin. De hecho, al describir mi reacción no puedo más que citar una reseña que apareció en The Economist endiciembre de 1949. Acción Humana, decía, es un

Los austriacos analizan el mercado

como es, no como debería ser

"libro magnífico; el poder intelectual ruge a través de él como un gran viento; tiene el ímpetu de una polémica de primera clase y la coherencia impecable de Euclides.

"Después de Acción Humana, busqué libros más recientes sobre la teoría austriaca y leí obras por dos de los alumnos más destacados de von Mises: Murray Rothbard e Israel Kirzner. En ese momento empecé a comprender que la economía austriaca es una tradición muy viva, por lo menos en los Estados Unidos. La claridad de los escritos de Rothbard en economía me impelió a leer sus obras políticas, especialmente Por una Nueva Libertad, su intransigente defensa del "capitalismo-anárquico". En este momento me familiaricé con el trabajo de Henry Hazlitt, James Buchanan, Anthony de Jasay, y otros escritores en la tradición clásica-liberal. Había caminado un largo trecho desde mis ideas en pro del Estado Benefactor británico.

A través de los años he logrado publicar bastantes artículos y columnas sobre temas austriacos y el liberalismo clásico en el Financial Times, aunque no ha sido fácil. En

La segunda virtud de la economía austriaca es su énfasis sobre el conocimiento disperso

las mentes de los editores basados en Londres, la economía austriaca es algo que debe ser analizado, si acaso, por periodistas en Europa. Yo tengo que escribir sobre América, no sobre los puntos más finos de la cultura vienesa del

siglo pasado. Les duele admitir en las palabras de Karen Vaughn que ha habido una "transferencia de tradición".

Así que he tenido que ser creativo al idear justificaciones para artículos. En 1994, por ejemplo, escribí un artículo presentando la teoría austriaca como un "antídoto" a la "economía correcta" del Consejo de Consultores Económicos del Presidente Clinton, entonces encabezado por Laura Tyson. El otoño pasado, logré colar una pieza sobre la teoría austriaca del ciclo económico por medio de una conversación imaginaria entre Keynes y Mises. Keynes terminaba describiendo a Mises como un "genio" y declarando: "Uno nunca sabe quizás me convertiré en austriaco". De hecho, esto no es tan improbable como suena: el Camino de Servidumbre tuvo un profundo impacto sobre Keynes y él probablemente hubiera rechazado gran parte de la economía keynesiana de la postguerra.

¿Qué es lo que me atrae a la economía austriaca, partiendo de la perspectiva de un reportero, y por ende, siendo en cierto sentido un representante de la mente pública? Debo decir que inicialmente mi apetito fue abierto por la mera inverosimilitud del argumento austriaco. El mensaje es que la gran mayoría de los economistasincluyendo a grandes economistas como Paul Samuelson y Milton Friedman- fundamentalmente mal interpretan la naturaleza del proceso económico. El verdadero entendimiento se circunscribe a una pequeña banda de pensadores, originarios de Viena, Austria. Y al público se le oculta la verdad debido a la ignorancia y mendicidad de la profesión en general. Esto constituye un relato muy atractivo.

Habiéndome familiarizado con la teoría austriaca, encuentro que tiene seis grandes virtudes. La primera es el realismo del enfoque austriaco. Los austriacos analizan el mercado como es, no como debería ser. A diferencia de los neoclásicos, hacen espacio en sus planteamientos para fenómenos reales, como Rupert Murdoch.

La visión austriaca de la competencia en el mercado es de un proceso dinámico e interminable, en el cual poderosas compañías luchan por la supremacía comercial. Esto refleja acertadamente la experiencia diaria de dueños y empleados de negocios. Basta con ver a las industrias de telecomunicaciones o de computación para entender el realismo del modelo austriaco, el "proceso" de la competencia. Casi no debo subrayar el contraste entre esta caracterización de carne y hueso del capitalismo y el insípido modelo de equilibrio general tan amado por los teóricos de mayor arraigo. Para el hombre en la calle, la armonía perfecta del equilibrio general es una total fantasía. Nunca creería que la competencia perfecta ocurre únicamente en un estado de equilibrio en el cual todas las compañías son pasivas tomadoras del precio, y en el cual nada cambia.

Los austriacos, creo yo, continúan siendo realistas porque nunca sufrieron de lo que se llama "envidia de la física". Los economistas de moda adoptaron los métodos de las ciencias naturales con la esperanza de ganar mayor prestigio. Desafortunadamente, como argumenta Murray Rothbard, el modelo que escogieron para emular fue el de la mecánica clásica de aproximadamente 1850. La ciencia avanzó, pero los economistas neoclásicos permanecen casados con conceptos anticuados. No logran captar que la materia de la economía es muy distinta de la de las ciencias naturales. La ciencia natural trata sobre el reino objetivo de objetos no animados; la economía sobre los pensamientos y sentimientos subjetivos del ser humano. Es seguramente ridículo imaginar que métodos matemáticos similares se pueden aplicar a ambos ámbitos.

La segunda virtud de la economía austriaca es su énfasis sobre el conocimiento disperso. Hayek desarrolló este concepto con gran claridad en unos famosos documentos a finales de los años treinta y los años cuarenta. El argumentó que la suma total del conocimiento disponible en una economía "nunca existe en forma concentrada o integrada, pero únicamente como pedazos dispersos de conocimiento incompleto y a veces contradictorio que poseen todos los individuos separadamente." Se entiende que nadie y eso evidentemente incluye al gobierno puede visualizar la vida económica o social como un dios. Los políticos deben ser humildes y precavidos cuando toman decisiones en nombre de la comunidad porque rara vez, si alguna, cuentan con suficiente información para tomar la decisión correcta. El hecho de que esta humildad raramente aflora únicamente demuestra que muchos aún no comprenden los argumentos de Hayek.

De hecho, aún no son comprendidos por economistas que son muy competentes en otras ramas. A veces me pregunto, ¿qué pensarán los economistas convencionales cuando escriben funciones de utilidad y producción para numerosos agentes en un modelo económico? ¿No se dan cuenta de que en una economía real nadie podría poseer todo ese conocimiento? Una vez se abraza el concepto de Hayek, no queda otra alternativa que adoptar una visión austriaca de los mercados: hay que ver a la competencia como un proceso por medio del cual se descubre y se distribuye eficientemente el conocimiento a través del mercado. El conocimiento es lo que se obtiene gracias al proceso competitivo, no algo que se asume de antemano.

Yoconsidero que el argumento de Hayek es poderoso, quizás el más poderoso de los argumentos en contra de casi todas las formas de intervención gubernamental. Y creo que tiene una resonancia especial para periodistas que observan de cerca al gobierno.

Ellos no pueden dejar de notar que los funcionarios públicos frecuentemente manejan muy poca información en relación con los temas sobre los cuales toman decisiones tan radicales. Ellos también se dan cuenta de que las diferentes partes del gobierno poseen "diferentes pedazos de información incompleta y frecuentemente contradictoria". Muchos periodistas son protohayekianos sin saberlo.

Para Mises, la empresarialidad era fundamental para toda

Actividad económica, de hecho,para toda acción humana...

La tercera virtud de la economía austriaca es la teoría Misesiana de la empresarialidad. Me parece curioso que los economistas de mayor arraigo tienen tan poco que decir sobre la fuerza motivadora del capitalismo. Escriben trabajos interminables sobre política monetaria, política fiscal y otras funciones del gobierno. Pero la empresarialidad en sí se ignora: lo que es más, no hay espacio para ella en los modelos más prestigiosos de equilibrio general.

Pero para Mises, la empresarialidad era fundamental para toda actividad económica, de hecho, para toda acción humana, la cual definía como todos los intentos deliberados por superar sentimientos de insatisfacción. Esto es porque toda acción humana ocurre en condiciones de incertidumbre radical. Tenemos que actuar, y sin embargo, no podemos anticipar las consecuencias de nuestros actos. Como Mises enfatizó, todos somos empresarios o especuladores.

Cuando compramos una casa o escogemos una carrera, debemos asumir ciertas cosas sobre el futuro de los precios en bienes raíces o las tendencias salariales. Si adivinamos correctamente, entonces prosperamos, pero siempre hay un riesgo de decepción.

La cuarta virtud importante de la escuela austriaca es su enfoque interdisciplinario y su sofisticación filosófica.

Tales acciones diarias son esencialmente iguales a las decisiones del magnate de los negocios que compra factores de producción hoy, con la esperanza de proveer un bien o servicio en el futuro, y derivar de su actividad una ganancia.

Cuando uno entiende el planteamiento de Mises, comprende que no se puede estar a favor o en contra de la empresarialidad. Entendida correctamente, la empresarialidad es parte de la condición humana; es ineludible si hemos de actuar deliberadamente en un mundo incierto.

La cuarta virtud importante de la escuela austriaca es su enfoque interdisciplinario y su sofisticación filosófica. Hoy en día, la mayoría de los economistas en la tradición convencional parecen ser técnicos. Son más felices cuando están rodeados de ecuaciones y trabajan en computadoras. Se enfrascan en refinar las propiedades matemáticas de los modelos existentes y rara vez se detienen a cuestionar el realismo de sus premisas subyacentes. Su teorización frecuentemente ocurre dentro de un vacío intelectual.

Los austriacos, por contraste, se resisten a la tendencia que se inició después de la Segunda Guerra Mundial hacia una creciente especialización. Ellos continúan siendo economistas políticos, en el sentido en que entendieron este término Adam Smith y David Hume. Tienden a tener amplios conocimientos de las disciplinas relacionadas, como la ciencia política, el derecho, la filosofía y la historia. Esta amplitud de visión es común a todos los grandes escritores en la tradición austriaca. No puede dejar de notarse en la obra de Menger, Mises y Hayek, o, más recientemente, en la de Rothbard y Kirzner.

Como periodista y generalista por naturaleza, me agrada la capacidad de los austriacos de relacionar los temas económicos con temas políticos o filosóficos más generales. También creo que la amplitud de visión es esencial si la economía ha de retener su reputación como una disciplina intelectual. Si los teoristas de la línea convencional no aprenden esta lección, se irán quedando paulatinamente al margen del debate académico.

La quinta virtud de la economía austriaca es la claridad de sus prescripciones de política económica. Los economistas en general se han ganado la reputación de ser vacilantes. Sus consejos casi siempre se condicionan: por un lado, tal-y-tal es deseable, pero por el otro... Frustrado por estas advertencias, un político famoso dijo que tenía la ambición de encontrar a un "economista con sólo un lado".

No se puede negar la existencia de diferencias en políticas económicas entre austriacos. Algunos creen que el monopolio de los bancos centrales sobre la creación del dinero es justificado, mientras que otros favorecen la banca libre. Algunos, especialmente los austriacos europeos, apoyan ciertos aspectos del Estado Benefactor, mientras que otros lo eliminarían del todo. Pero las diferencias entre los austriacos palidecen hasta la insignificancia cuando se les compara con las diferencias entre los profesionales en general.

Los economistas de mayor arraigo se involucran en debates altamente técnicos sobre la eficacia de numerosas y diversas formas de intervención gubernamental. Tienden a analizar separadamente cada intervención. Los austriacos ven el panorama completo. Reconocen que cada intervención separada, aunque parezca ser muy razonable en el momento, contribuye a un hábito de intervención que es dañino para la sociedad en el largo plazo. Ellos reconocen que las intervenciones usualmente sirven a los fines de grupos de interés especial en lugar de a la comunidad. Y reconocen que la legislación, una vez aprobada, es muy difícil de derogar. Los austriacos, por ende, tienden a oponerse a la intervención, punto. Entienden que el fin de la política pública debe ser mantener libre la entrada a todos los mercados; que esta es una precondición para que la competencia obre su magia. Estoy seguro que el público aprobaría esta clara postura, si entendiera su justificación subyacente.

La sexta y última virtud de la escuela austriaca es su "credibilidad histórica". Los periodistas no se dejan impresionar por argumentos abstractos. Pero tienden a respetar a las personas que identifican correctamente los eventos y las tendencias. Los austriacos vieron los defectos en el socialismo antes que cualquiera. Los tecnócratas neo-keynesianos aún defendían la planificación socialista a mediados de los años ochenta, sesenta años después de la publicación del libro de Mises: Socialismo. Hoy, sospecho que muchos lectores encontrarían tan obvia la crítica que hace Mises del comunismo que casi ni merecería mención: Por supuesto que será imposible tomar decisiones eficientes en ausencia de precios de mercado para los factores de producción; por supuesto que una economía socialista no tendría los medios para adaptarse al cambio dinámico inherente a toda la vida económica.

Mas siempre debemos recordar que esto no era obvio a la vasta mayoría de los más brillantes intelectuales en este siglo. Todavía en 1938, en una reseña de la versión en inglés de Socialismo, Frank H. Knight, padre de la Escuela de Chicago, apoyó la crítica que hiciera Oskar Lange de Mises. Knight escribió que la vida económica bajo

el socialismo "será en forma general parecida a lo que ha sido bajo el capitalismo". El socialismo, argumentó, presenta un problema político pero no económico. Y acusó a Mises de escribir "un asombroso tejido de afirmaciones que rogaban recibir respuestas y una sofistería".Si esta era la postura de Frank Knight, podrán imaginarse lo que pensaban mentes menos capaces.

...las intervenciones usualmente

sirven a los fines de grupos de interés especialen lugar de a la comunidad.

Suficiente sobre las principales virtudes del enfoque austriaco. ¿Cuáles son los retos que enfrentan los austriacos en los años noventa?

Permítanme empezar haciendo una sugerencia herética: El reto no es principalmente intelectual. Yo sé que hay muchos debates y desacuerdos intelectuales. ¿Deberían los austriacos abandonar del todo el concepto neoclásico del equilibrio, como sugiere Ludwig Lachmann? ¿O deberían. siguiendo a Israel Kirzner, ver la teoría del proceso de mercado como un mecanismo para fortalecer las doctrinas neoclásicas; como un mecanismo que explica porqué una economía capitalista, en ausencia de crisis, tendería hacia el equilibrio?

Yocreo que estos y otros desacuerdos anticuados son generados por una premisa que no ha sido cuestionada: que el conocimiento debe siempre avanzar en todas las disciplinas académicas. Esta es una premisa del siglo diecinueve y quizás sea cierta para las ciencias naturales: quizás siempre hay más que aprender sobre la realidad física. Pero en las ciencias sociales y las humanidades el concepto de progreso es más debatible. No hay razón alguna, en principio, por la cual Mises y Hayek, construyendo sobre el pensamiento del siglo diecinueve, no hayan ya dicho casi todo lo que es importante sobre el funcionamiento de las economías de mercado.

Puede ser que nos encontramos en una era de retornos seriamente decrecientes. Puede ser que la economía como una disciplina no tenga ya mucho trabajo que realizar, salvo educar a nuestra juventud. Puede ser que lo estéril de mucha de la investigación económica refleje la madurez de la disciplina. Lo que es más, sospecho que si no fuera por masivos subsidios públicos, habrían muchísimos menos economistas académicos y se otorgarían muchísimos menos doctorados.

Si esta tesis es correcta, se colige que la principal tarea de los austriacos no es agregar campanas y pitos a las teorías de Mises y Hayek, sino tratar de asegurarse de que sus ideas se diseminen más ampliamente. Hay dos formas de proceder: primero, tratar de convertir a los economistas de mayor arraigo al paradigma austriaco; segundo, ignorar a la profesión y hablar directamente al público en general.

La primera ruta es dura, pero importante: la profesión de la economía es un filtro a través del cual, los medios de comunicación y el público obtienen un entendimiento de los procesos de mercado. Si la mayoría de los académicos son neokeynesianos, es muy probable que el público comparta sus opiniones.

La revolución keynesiana ofrece dos discernimientos en cuanto a la forma más eficiente de obtener un desplazamiento en la aceptación de un paradigma. El primero es que si se desea reeducar a una profesión, hay que tener influencia sobre los alumnos y jóvenes académicos. La teoría keynesiana fue victoriosa no porque convirtió a académicos maduros (que conocían los contra-argumentos clásicos) sino porque alteró la forma en que se educaba a los jóvenes. Eventualmente, los profesores más viejos murieron, dejando el campo en manos de académicos más jóvenes que sencillamente ignoraban muchas de las doctrinas pre-keynesianas.

El segundo discernimiento es que el agente de cambio debe tener credibilidad para la mayoría: las herejías de Keynes se tomaron en serio porque él estableció sus credenciales previamente dentro de la teoría clásica. Esto sugiere que, a menos que alguien como Paul Krugman experimente una conversión repentina, la infiltración austriaca de la profesión será un proceso lento.

La otra ruta - hablar directamente con el público parece ser más prometedora. Puedo atestiguar, a partir de mi propia experiencia, que las personas son extremadamente receptivas a las ideas austriacas. Recibí más preguntas por una columna en el Financial Times sobre el Acompañante Elgar a la Economía Austriaca que por cualquier otro artículo que haya escrito, con la posible excepción de una pieza explorando la ética de Adam Smith.

Esto es estimulante, dado que la economía austriaca suele ser vista como un tema demasiado esotérico para un lector de negocios ordinario. El nivel de interés refleja, creo yo, una desilusión con las pretensiones científicas de los economistas de corte convencional; sus esfuerzos cómicos en el campo de la predicción económica en particular, han alimentado el repudio popular.

Tal vez no se publican muchos artículos por economistas austriacos en las revistas académicas "más prestigiosas", pero los editores en el mundo real parecen estar más interesados hoy día en la escuela. Recientemente, varias editoriales británicas publicaron textos austriacos. La pronta disponibilidad de textos y artículos austriacos está teniendo un impacto sobre la opinión pública. Es asombroso que en el año recién pasado, escritores en el Washington Post y otras publicaciones populares se han referido a von Mises y von Hayek sin sentir la necesidad de aportar mayores explicaciones.

Ya los austriacos hay que felicitarlos por su éxito en promover la causa más general del liberalismo clásico. En los Estados Unidos, las cuentas de egresos del gobierno abarcan más o menos un tercio del ingreso nacional y este nivel de gasto público es el más bajo de todas las naciones industrializadas. Es quizás tres veces mayor de lo que cualquier liberal clásico quisiera. Así que es innegable que el "liberalismo benefactor" es una doctrina política práctica que aún está en buena forma.

Sin embargo, para ilustrar el cambio en la corriente de las ideas, permítanme citar de la introducción de Socialismo, publicado por Mises en 1922 "Hoy día, el socialismo es la palabra de moda y a vigilar. La idea socialista domina el espíritu moderno. Las masas la aprueban. Expresa los pensamientos y sentimientos de todos; ha sellado nuestra época."

hecho de que ya no sea cierto demuestra cuánto progreso hubo realmente en los últimos setenta y cinco años. Lo que es más, considero que Mises, si viviera, sentiría una inmensa satisfacción al apreciar hasta qué grado el capitalismo de mercado es hoy día la palabra de moda y a vigilar. El que así sea, por supuesto, refleja en gran medida sus esfuerzos.