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Año: 41, Febrero 1999 No. 850
N.D. Russell Roberts es Director del Centro de Administración de la Escuela de Negocios Olin, en la Universidad Washington de San Luis, Missouri, Estados Unidos. Este artículo fue publicado en la Revista The Freeman de la Fundación para la Educación Económica en la edición de diciembre de 1998. Traducido por Dinora de Aparicio.
¿Culto al mercado? ¡De ninguna manera!
Por Russell Roberts
Mientras nos aproximamos al milenio, el ritmo del cambio económico se acelera. Los consumidores siempre han deseado mejores productos a precios más bajos. Pero en la economía de hoy, el mercado entrega "mejor y más barato" más rápido que en cualquier otra época en la historia de la humanidad. El tiempo entre cada mejora de un producto se vuelve cada vez más corto. La competencia baja los precios.
Es un tiempo maravilloso para ser consumidor. Para los emprendedores y los líderes empresariales es banquete y hambruna al mismo tiempo. Las oportunidades son sin precedentes, pero los riesgos son formidables. Aún Bill Gates no duerme bien. Los genios de hoy pueden quedar fuera del negocio mañana, debido a avances tecnológicos que no podemos siquiera imaginar. La cantidad de nuevos negocios está a niveles extraordinarios, pero de estas nuevas empresas, más son las que fracasan que las que tienen éxito. La competencia es más feroz e imperdonable que nunca antes.
Dos fuerzas fundamentales impulsan el ritmo del cambio económico. La primera es la innovación tecnológica, particularmente en manejo y diseminación de información. Las computadoras se vuelven más poderosas, pequeñas y baratas. El Internet expande el alcance de los consumidores en formas que tan solo acaban de empezar a ser exploradas. Y en mercados tradicionales, tales como el detallista, la aplicación de la tecnología de información empuja los precios hacia abajo y presiona a aquellos que no pueden mantener el paso.
La segunda fuerza fundamental que guía el cambio es la creciente accesibilidad de los mercados globales. El incremento en oportunidades internacionales significa nuevos mercados para productos y para trabajadores y economías de escala mayores.
Nos gusta la riqueza y la oportunidad que vienen del cambio tecnológico y la globalización. Sin embargo, no existe almuerzo gratis. Una fábrica abre en Malasia, y una cierra en los Estados Unidos. Los mercados financieros en Asia se convulsionan por los rumores y la especulación, y afectan también a nuestros mercados. Rusia titubea, al parecer, al borde del caos.
¿Quién está a cargo aquí? El deseo de tomar el control, de mejorar el sistema a través de una "tercera vía" siempre es tentador. El caos y la incertidumbre nunca son placenteros. La respuesta natural es tratar de reprimir las fuerzas de innovación o reducir la influencia de los mercados globales. Después de todo, ¿no son éstas las causas de la confusión?
"Culto al mercado"
En un artículo reciente en el Washington Post, el escritor de economía Robert Kuttner culpa del caos a un culto ingenuo a los mercados libres. El culpa a los especuladores de los problemas de Asia. Culpa a los Estados Unidos por alentar el capitalismo en Rusia y luego no darles una mano cuando el capitalismo fracasó. Kuttner no está solo. Numerosos comentaristas ven el estado actual de los mercados mundiales como una acusación al capitalismo y los mercados libres.
Sin embargo, mucho del caos viene de intentos gubernamentales de entremeterse conel sistema o controlarlo. En Asia, el juego del gobierno con los mercados de capital es endémico. Los grupos de intereses especiales obtienen favores, y los mercados reaccionan. La especulación no es la causa de los problemas económicos de Asia; es el resultado. Las políticas del gobierno no se pueden sostener en un vacío; la especulación es el juicio del mercado sobre la sabiduría de los que hacen las políticas públicas.
...mucho del caos viene de intentos gubernamentales de entremeterse con el sistema o controlarlo.
En Rusia, los que hacen las políticas han desmantelado parcialmente el socialismo sin poner en vigencia los derechos de propiedad para permitirle a los mercados funcionar. Usted no puede comprar ni vender tierras libremente. Los bancos no pueden imponer hipotecas, así que los activos familiares no pueden convertirse en capital para nuevos negocios. El código tributario es caprichoso. Mucha gente todavía trabaja en firmas controladas por el gobierno donde los salarios son determinados políticamente en lugar de por las fuerzas de mercado.
Muchos de los problemas actuales en Asia y el resto del mundo provienen de la urgencia inexorable del gobierno de amortiguar la miseria causada por malas decisiones económicas. Vemos los mismos problemas en los Estados Unidos. Nosotros implícitamente sacamos de apuros a bancos que hicieron malas inversiones en México. Y, tuvimos a la Reserva Federal presionando a bancos privados de inversión para sacar de apuros al fondo Long-Term Capital para que no fracasara. Estas maniobras sólo estimulan a futuros inversionistas a tomar más riesgos sin la garantía de ganancias potenciales.
¿Seguridad a través de proteccionismo?
Pero, ¿qué hay de los cambios en el mercado que no se deben a pobres políticas públicas sino a las fuerzas del mercado de la innovación y la competencia global? Conforme nos hacemos ricos, es natural que pensemos en formas de reducir riesgos e incertidumbre. Una forma es limitar el rol de la competencia global a través del proteccionismo en sus muchas formas. O, para suavizar los golpes de la competencia, podemos ayudar a las empresas que fracasan en el mercado. ¿Debería el gobierno intervenir para reducir el caos que viene con la competencia?
La respuesta simple es que la competencia y los mercados libres nos hacen ricos, lo que seguramente es mejor que la alternativa. Pero la creación de riqueza no es la única razón para dejar que los mercados libres realicen su magia. Los mercados libres maximizan el menú de oportunidades disponibles para nosotros como individuos. Cuando hablo con estudiantes de secundaria o universitarios de primer ingreso, me gusta preguntarles si quieren las mismas carreras que sus padres. Inevitablemente, sólo unos pocos quieren seguir las carreras de sus padres. La siguiente generación tiene sus propias destrezas y sueños. El mercado increíblemente vibrante en que vivimos hoy permite llevar a cabo esos sueños.
Pero hacerle frente al reto de la oportunidad es lo que nos permite sentirnos completamente vivos
Tratar con el menú de oportunidades presentado por los mercados libres es un reto. Significa prepararse para esas oportunidades, invirtiendo en conocimiento y destrezas. Significa tomar algunas oportunidades y dejar otras. Significa vivir con las consecuencias de nuestras decisiones. El mercado no es amable con toda la gente todo el tiempo. Pero hacerle frente al reto de la oportunidad es lo que nos permite sentirnos completamente vivos.
Existen dos formas de enfrentar la incertidumbre que viene con la oportunidad económica. Una es cabildear al gobierno para recibir un trato especial que aisle su industria, su trabajo, su estilo de vida de las fuerzas del mercado. Cuando quiera que ésta es una opción, los hombres y mujeres desvían energía y recursos del mundo de los negocios y en su lugar ocupan sus esfuerzos en influenciar al gobierno. Esto disminuye la iniciativa humana. Usar al gobierno para proteger una industria siempre significa castigar a otra.
Es mucho mejor prepararnos para la aventura económica que está frente a nosotros, invirtiendo en destrezas y conocimientos que pueden ser usados en el mercado crecientemente competitivo. Hacerle frente a los retos del mercado realza las vidas que llevamos y, a través de nuestros esfuerzos, las vidas de otros.